viernes, 6 de enero de 2017

no hagáis dieta

Son estas fechas del año que en nos hacemos tan “buenos” propósitos, y a veces por desgracia, muy mal encaminados. Muchos buenos propósitos están condenados al fracaso, lo que siempre lleva a la frustración. El propósito estrella que más probabilidades tiene de resultar en frustración: hacer dieta. Y luego, no recuperar el peso perdido.

Vivimos en una cultura de la dieta. Pero a falta de una definición oficial consensuada por académicos de peso, traduzco la que dan en EverydayFeminism: «una sociedad tan bombardeada por la propaganda que invita a hacer dieta, en muchas ocasiones  propaganda imperceptible, que afecta la relación con nosotros mismos y los demás».

La cultura de la dieta es además un negocio: de productos light, bajos en grasas, de barritas dietéticas y energéticas, de efectos yoyó, de márketing surrealista, de comprimidos quemagrasas, de aplicaciones para contar calorías, y a lo sumo, de restricciones que se nos venden como la fórmula mágica de la felicidad.

Creedme que si de algo sé es de estar gorda. Porque he estado gorda toda mi vida. Y a dieta varias veces. La primera dieta de 1200 calorías me la preparó un endocrino que a los diez años me preguntó lo siguiente:

—¿Tú verdad que quieres hacer dieta?

Decir que sí me parecía la respuesta adecuada. A los diez años un facultativo me hizo responsable de mi alimentación, cuando ni yo era quien se encargaba de llenar la nevera, ni cocinaba. Y evidentemente cuando yo no era una persona ni adulta, ni lo suficientemente madura, ni racional. Cuando no tenía nada de información. Me hubiera podido decir que engordaba por ingesta de aire o por una enfermedad rarísima y hubiera sido perfectamente creíble. Qué iba a saber yo. Si me hubieran dicho que me tomara no-se-qué, me lo hubiera tomado.

Pero da igual que esto le pase a un adulto. Porque un adulto puede estar igual de desinformado respecto a su alimentación, y actuar por las falsas promesas de la cultura de la dieta. La primera y más reprochable: baja de peso y sé feliz.

No es activismo corporal hacer dieta. Y por eso os digo, aunque vaya un poco en contra de mis principios dar consejos a los demás sobre lo que tienen que hacer y no con sus cuerpos, por favor, no hagáis dieta.

Y de paso, no esperéis a ser una versión más reducida de vosotros mismos para llevar tirantes o minifalda.

No le deis más dinero a esta industria. No pongáis más esfuerzo en esa cortina de humo que os vende un cuerpo idealizado que puede ser vuestro. Y no.

Lo que sí es activismo corporal es informarse de lo que entra en nuestro cuerpo. De dónde viene. Hacernos responsables. Y está claro que no todos somos nutricionistas con título, pero al final es una cuestión de educarse y sentido común. No hemos llegado a esta conclusión antes por toda la desinformación que tenemos a mano y la espiral de comecomecomecome-pero-hay-que-estar-delgados que nos rodea.

Si sentís que no os estáis alimentado bien y que eso puede ser la causa de vuestro aumento de peso, colesterol, disminución de la energía, etc. os tenéis que preguntar lo siguiente: ¿os queréis lo suficiente como para cambiar de hábitos para siempre y vivir mejor? Porque si lo hacéis motivados porque no soportáis el reflejo en el espejo, no va a funcionar. Y menos si vuestra motivación es gustar más a los demás.

¿Estáis preparados para perder kilos y ver que la bajada causará estragos? Porque cuando una va llegando a los 30, el colágeno ya no es el de la adolescencia, y las estrías aparecen para quedarse en lugares inesperados, y vais a perder el pecho que no sabíais que teníais.

Esta vez os hablo de la experiencia. En 2016 he perdido aproximadamente unos 12 kg. (no sabía cuál era el punto de partida, así que el cálculo es aproximado). Toda mi ropa me ha quedado grande. No es ningún drama, cierto, pero tienes que acostumbrarte. He tardado 29 años en hacerme responsable de lo que entraba en mi cuerpo. En negarme en participar en una industria y en una cultura en la que te culpan y te señalan con el dedo por ser obesa pero en el súper te poner productos peligrosos y perjudiciales para la salud. Suerte que todavía existe la SS y no se ha firmado el TTIP.

El documental que me hizo ver la luz y que recomiendo a todo el mundo es Fed Up. Eso es lo que me pasó a mí: que al terminar su visionado me di cuenta de que estaba HARTA de tanta manipulación. De tanto comer mal por inercia.

Tengo suerte de que como soy muy práctica, el cambio de hábitos no fue doloroso. Creo que no tengo una relación demasiado emocional con la comida: si no hay una cosa, pues hay otra. Ya he comido suficiente junk food para esta vida y la próxima. Pero entiendo que haya personas que deban esforzarse más, menos flexibles. Si es tu caso, debes identificar qué es lo que está causando esta relación tan emocional con lo que comes.

Las activistas corporales que tantas veces son acusadas de hacer apología de la obesidad, no tienen en realidad ninguna intención de meterse en vuestra vida privada, ni en vuestra alimentación. Simplemente reclaman la visibilidad que les corresponde, porque los cuerpos no normativos existen, no se pueden negar. Y también es una terapia de choque para retomar nuestra autoestima y voluntad, esenciales para que una mente sana luche por su bienestar en conjunto (el corporal incluido). Sin amor propio no vais a mover ni un dedo por vuestros objetivos, por mejorar vuestra vida, signifique lo que signifique para vosotros “mejorar”.

Pero me juego un meñique a que nadie se ha propuesto llegar a la talla 50 (nadie con una talla inferior, me refiero). Todas las personas gordas han soñado alguna vez con adelgazar, lo han deseado con todas sus fuerzas hasta desearlo de forma enfermiza, y todas han acabado culpándose, martirizándose y ocultándose en un cascarón. ¿Les vais a reprochar que saquen pecho y se empoderen? Me vais a permitir que os diga que sólo una persona gorda sabe lo complicado que es ser gordo en esta sociedad, agravado si eres mujer. La opresión corporal es otro mecanismo capitalista de represión, con el único fin de controlar nuestras vidas. Si no entendéis que haya personas que se revelen, que se radicalicen, y lo combatan, peor para vosotros. Que haya personas que sufren por la gordofobia, por la falta de comprensión, por todas las relaciones abusivas que no se pueden evitar, porque igual las tienes en casa, pues bien, vuestra falta de empatía no es de mi incumbencia.

Como personas gordas, aspirar a ser delgadas es casi una obligación. En mi caso que siempre he sido bebé, niña, adolescente y mujer gorda, la delgadez es casi un concepto abstracto. Delgada es un término que no creo que me podáis aplicar. Ni ahora ni dentro de veinte años. Gorda es la definición más fiel. Pero lo que no me parece tan guay es que me digáis vaga, débil, glotona, perezosa, o sólo guapa de cara. En muchas ocasiones he visto esas miradas de «estás así por gusto. Eres gorda porque no paras de comer. Porque no te mueves». Ni tú estás en mi día a día, no sabes lo que entra en mi nevera, ni te importa lo más mínimo. Eso es por lo que pelean las activistas gordas, para reducir la intromisión en nuestras vidas. Porque fíjate, nuestras vidas gordas son tan nuestras como las vuestras son vuestras.

No hagáis dieta. Pero alimentaros con amor. No os reprimáis de comer algo que os apetezca. Pero volveros un poco sibaritas y mirad dónde va vuestro dinero cuando vayáis a hacer la compra. Mirad de dónde sale vuestra comida. No os conforméis con algo que todo el mundo está de acuerdo en que es basura. Por eso tenéis que aprender a quereros. Porque os merecéis lo mejor. Porque no podéis contribuir con la industria que os martiriza. Sois la cabeza de turco, el chivo expiatorio de la industria alimentaria.

Quizá otra persona pueda hincharse a bebidas carbonatadas y bollería industrial y que no haya consecuencias. Aunque ese porcentaje debe de ser muy pequeño, porque si no salen por kilos, las contraindicaciones salen por otro sitio. Igual tienen unos receptores de la hostia, y lo celebro. Yo he nacido con buen gusto literario y no todo el mundo puedo decir lo mismo ;)

Pero ese ya es otro tema…


p.D: Si alguien necesita info extra o alguna aclaración, o quiere rebatir alguna idea expuesta, adelante, el diálogo nos beneficia a todos y podéis dejarme un comentario más abajo. Much love!

1 comentario:

  1. AY POR FAVOR ESTA ENTRADA ME REPRESENTA.
    A ver que te digo, hace años que subi mucho de peso y la gente no deja de decirme que si estoy flaca sere mejor. Es como si estar gorda me hiciera peor persona. Admito que mucho delos mas de 10 kilo que tengo de mas es porque tengo ansiedad y pasé por una depresión en el 2009 que me dejó destruida mentalmente. Por ese aspecto gané unos kilos que no he podido perder.

    He ehcho deporte para bajar y porque me divertía muchisimo pero necesito buscar otro lugar porque donde hacia me siento sumamente incómoda (el entorno cambió) y tambien eso afecta, porque me di cuenta que mi contextura es muy suceptible a la comida... como dices no como otros que comen y eso pero no se les nota... tal vez se enferman de otra cosa.

    Sufro porque mis hermanas me dicen gorda y antisocial y eso duele mucho. Por eso me gusta esta entrada, porque es mi proposito de vida comer mejor no solo por si estoy gorda sino porque es mejor para mi vida.

    EN serio gracias, que estoy hasta los cojones que se vea que ser gorda es una desgracia.

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