martes, 13 de diciembre de 2016

Colectivo Detroit: carta + historia de mi hermana + pensamientos

Me apetece apetecía escribirte una carta otra vez. Esta historia es de mi hermana. Yo siempre he sido sociable. Quería contarte que te he echado de menos, aunque puede que te lo imagines. Mi hermana vive en una casa en un pasaje que delimita con un polígono industrial.
Pero nunca he sido popular. Es una necesidad puramente egoísta: necesito sacarlo todo de dentro, sacarte de dentro, y olvidarte. En un futuro, esperamos que cercano, la casa dará a un bonito canal. Sí, puede decirse que soy muy sociable. Qué curiosa esta manera de proceder: la que no se despidió al marcharse fui yo. Es algo que cuesta imaginar tras tantos años de hormigón, de la casa al final de naves textiles. Cerca de su casa puedes coger la línea de metro que llega al aeropuerto. Ojalá alguien me hubiera dicho a los dieciocho años que estudiara Sociología, que intentara entender todo lo que me rodea, que no preguntara por qué ese camino que me habría parecido disparatado.
Quizá jamás abras esta carta, y directamente la tires a la basura, o la guardarás en un cajón para dentro de treinta años. Sin embargo, la historia de mi hermana es esta: un día al llegar a casa se encontró el pasaje lleno de extraños. Entendernos. Acabé la carrera en plena crisis, una microtragedia en una drama de proporciones épicas: o somos seres de transición, o una especie en completo declive.
Ya es demasiado tarde para todo, ¿verdad? No eran arquitectos de urbanismo buscando pegas al proyecto, ni familiares de los vecinos, ni parientes perdidos aparecidos por sorpresa buscando los orígenes. La familia es numerosa pero no dada a ese tipo de arrebatos. Quiero ser positiva y pensar en la primera opción: vamos a un futuro mejor porque lograremos convertirnos en una especie mejor.
No íbamos a ninguna parte, y estarás de acuerdo en que por lo menos la compañía fue casi siempre agradable. Deberíamos haber metido las manos hasta el fondo, hubiera sido más fácil olvidarnos. Al parecer, eran artistas en fase de experimentación. Luego ves documentales como La teoría sueca del amor y se te parte un poco el alma.
Quizá somos unos narcisistas, por sentarnos el uno frente al otro y regodearnos en el gusto mutuo que nos profesábamos. Como en el Colectivo Detroit, donde el ejercicio literario se da bajo ciertos parámetros, aquellos intérpretes entrenaban su capacidad para ir siempre hacia delante. Pero no sólo porque la soledad representada sea triste, sino por lo hipócritas que llegamos a ser al darnos una palmadita en la espalda que está disfrazada de toque de atención: romantizar la vida en el Tercer Mundo es de déspotas, y deberíamos avergonzarnos.
Al final, se me hizo insoportable. Nada que agarrar, nada más allá de lo visual, nada fuera del plano onírico. Vacíos completamente.
El pasaje los había metido en un cul-de-sac. Y mi hermana los sorprendió en aquel momento de inflexión: cómo salir sin tener que retroceder, y así continuar con el ejercicio interpretativo que era del todo específico: siempre hacia delante.
A veces me pregunto si no deberíamos experimentar un merecido retroceso como especie, tipo caída de Bizancio pero más a lo bestia. Sé que suena terrible, que es una elucubración algo estúpida.
Supongo que todo tiene un final.
Uno propuso saltar el muro que tenían delante.
Que se apagaran todos los satélites de golpe.
El nuestro es un final muy malo, por cierto.
Otro propuso saltar desde el balcón de mi hermana hacia el destino.
Que se acabara mañana el petróleo.
Ni siquiera es un final triste.
Otro propuso algo similar, pero desde el balcón de la vecina.
Es como si camináramos por un bosque y alguien nos llamara, y lo ignoramos porque estamos enganchados a una pantalla. Pues que se apaguen todas las pantallas.
Fíjate, que te lo hubiera dado todo no hace mucho tiempo.
Por supuesto, mi hermana se opuso, y se puso algo nerviosa. Veía lo que una persona en pleno proceso creativo quizá no ve: aquellas ideas no eran prácticas ni viables, y saltar aquel muro era muy peligroso.
Es quizá nostalgia de épocas no vividas.
Te dejo sin opción a réplica.
—¡No podéis saltar!
Os puede parecer barbárico, pero a veces pienso que somos lo peor que le ha pasado al mundo.
Y pienso que sabrás disculparme, porque como todo lo que sentías, si sentiste algo, esta vez y todas, sabrás llevar tu ¿dolor? muy discretamente.
—¡Pero no podemos retroceder! Debemos avanzar.
Yo tendría que haber estudiado Sociología, y quizá hubiera logrado entendernos. Y mañana ya no lo veré todo negro, por todas esas personas que todavía pelean por convertirnos en una especie mejor, por todos esos activistas, también los del cuerpo. Por lo que todavía se abrazan al libro como un objeto sagrado.
Adiós.
No sé si mi hermana iba o venía. Pero no se quedó a la resolución del conflicto.
Por todos los que leen y piensan y sueñan y comparten y se frustran y se molestan y tienen esperanza y mañana volverán a pelear y a soñar y a compartir y la semana que viene también.
Tuya.
Le contaron lo que el grupo había decidido: salir marcha atrás del pasaje.

No sé si de haberme visto en la misma situación yo habría actuado de manera similar. A mí me gustan los finales abruptos. Me parece ese muro muy punto y final.

***
Esta vez os proponemos un experimento de cohesión y coherencia. Se trata de escribir tres textos breves, que pueden quedar inacabados, y mezclarlos. Uno de ellos como máximo puede no ser vuestro, pero deberá estar bien referenciado. Podéis utilizar una lógica interna para combinar los textos, o no. Podéis dar alguna pista tipográfica al lector para que identifique las piezas por separado, o no. No es un experimento arbitrario: os daréis cuenta al hacer el ejercicio de que la coherencia en un texto es muy importante, y de que a veces perder el control puede ser muy interesante. Los lectores también tienen un reto en esta ocasión.

Gracias por participar. Recuerda pasarte por el ejercicio de Adri en Billete de cercanías. Si tenéis alguna duda del funcionamiento del ejercicio, estamos en colectivodetroit@gmail.com

Instrucciones para participar:

1. Leer el “enunciado” del ejercicio.
2.Interpretar el “enunciado” del ejercicio libremente
3. Escribir lo que te sugiera
4. Publícalo en tu espacio
5. Cuéntanoslo para que podamos enlazarte tanto en los comentarios como por las redes sociales.
6. No olvides usar el hashtag #ColectivoDetroit, y disfrutar la participación al máximo. 

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