miércoles, 16 de noviembre de 2016

afirmaciones peligrosas

Estaremos de acuerdo en lo siguiente: el sexismo del siglo XXI puede ser muy sutil. Se siguen dando situaciones machistas flagrantes, pero la sutileza con la que se enmascaran ciertos pensamientos y actitudes sexistas resulta en ocasiones más peligrosa. Una tiene la sensación de que «se la han colado», la extrañeza es difícil de describir: hay algo que no acaba de encajar y que no sabes bien qué es. Hasta que alguien lo menciona por su nombre y la molestia pasa a ser real. Es como cuando te explican el enunciado de un ejercicio de matemáticas que parecía irresoluble. A partir de entonces, una atiende a los detalles. O como cuando nos paramos ante un cuadro: nuestra primera apreciación puede ser puramente emocional, «oh qué bonito», o «vaya timo». Pero cuando recibes una formación sobre el tema, y estudias ese cuadro en profundidad, empiezan a aparecer símbolos, contextos, referencias a otras obras, que enriquecen y amplían nuestro conocimiento. Y que puede que ya no vayas a olvidar.

Y me pregunto si alguna vez os han dicho:

—Tú no eres como las demás.

Quizá en un primer momento esta frase os hizo sentir bien, o sonreír, e incluso, agradecisteis el halago. Esta afirmación es el colmo de la sutileza.

Es muy probable que fuera un intento de cumplido, y sabemos que aceptar un buen cumplido es un sano ejercicio.  Pero pensemos por un momento en qué situación se nos ha definido como mujer «no como las demás». Y pensemos: ¿qué atributos tiene la mujer que no es como las demás? Se me ocurren un par de posibilidades:

1) NO ERES COMO LAS DEMÁS (MUJERES) EN RELACIÓN A LA PERSONA QUE TE LO DICE (con toda probabilidad un hombre).  Quizá os lo dijo una pareja, un rollo, un amigo, alguien dispuesto a impresionaros, o alguien que pensabais que os apreciaba con sinceridad. Entiendo que por contexto os pudierais sentir bien. Pero cuidado: ¿no ser como las demás significa ser menos, o ser más? ¿Qué tipo de estatus se consigue no siendo como las demás? ¿Un estado profético, una mayor valoración? Me pregunto si vuestro interlocutor en aquel momento tenía el derecho de disociaros del resto de mujeres (por supuesto que no). Por su conveniencia.

2) SOIS MUJERES SIN GÉNERO (y no porque hayáis decidido por vuestra cuenta que no lo necesitáis). Quizá quien os lo dijo os puso en su cosmología la recurrente etiqueta de «colega». Me preocupan las posibles ideas sobre la mujer de una persona que hace tal afirmación. En ocasiones, sobre todo en términos fraternales, parece positivo que te dejen de concebir como una mujer. ¿Cómo nos piensan entonces? Desde luego, no como hombres, y espero que tampoco como floreros. No se puede borrar de un plumazo lo que somos. La naturaleza se confunde a veces, pero una no puede de repente dejar de ser mujer por exigencias de terceros, aunque te haya tocado un cuerpo equivocado.

Esa persona que os niega lo que tenéis en común con las demás, porque le va bien, porque quizá se cree que así consigue emocionaros o que lo miréis con otros ojos (lo dicho, casi siempre son ellos), que deja de pensaros como mujer, os está diciendo a la vez: a mí no me pidas explicaciones (de género), no me hagas confrontar mis actitudes sexistas. Porque si le preguntáis qué quiere decir, ¿qué os va a responder? Obviando la posible cursilada que signifique que está loco por vosotras y no hay ninguna más, ni su madre (ja), seguramente no sabría ni qué decir. Podríamos hacer este análisis al revés, y hablar del «todas/todos sois iguales». Pero ese está más claro por qué es una lindeza al fin y al cabo, ¿no?

Si no sois como las demás, como todas, ¿sois un ente o criatura con algo de más, o con algo de menos? En ocasiones me suena a no me compliques la vida, no me pongas en un aprieto, ni en un conflicto con mi dogma aprobado por repetición, por el todopoderoso patriarcado, porque tú no eres como las demás. Ser o no ser sigue siendo la cuestión.

Una vez D. nos dijo a S. y a mí, creo que a modo de fallida táctica de ligue:

—No sois como las chicas inglesas.

Así que le tuve que preguntar:

—¿Las has conocido a todas ya?

También se me ocurre que no ser como las demás puede ser una aspiración monstruosa. Una búsqueda de aceptación, una alienación innecesaria. Siempre tan interesados en que saquemos las garras para destriparnos entre nosotras. Dicen que divide y vencerás, y eso no nos favorece en absoluto a las mujeres. Con tantas cosas en común: preocupaciones, esperanzas, sueños y…  problemáticas. Así que no dejéis que nadie os separe de las demás, por favor. Y sobre todo, no queráis apartaros.

Los buenos cumplidos y lisonjas se formulan con cuidado. Tú no eres como las demás es una falacia. Muy sutil, eso sí. En pocas palabras te asimilan a un bicho raro. Decirte algo así es en primer lugar hacer alarde de pocas luces: ¿con más de 7000 millones de personas en el mundo no habrá nadie que se nos parezca? Segundo, no se puede aceptar aseveraciones sobre nuestra persona tan a la ligera: el buen observador podría encontrar muchas similitudes entre mis hermanas y yo, y no sólo físicas. Pero no todo el mundo puede saberlo, y tenerlo en cuenta es útil a veces: es muy difícil conocer a una persona bien a fondo, lleva tiempo, requiere interés, etc. Y por último, recela de todo aquel que para apreciarte, valorarte o echarte un piropo debe despreciar a las otras mujeres. Porque, ¿cómo dejan a las demás en esa frase? A todas ellas las acumula, las hegemoniza, las suma, y en definitiva, las ningunea.  

Con lo fácil que es que te digan:


—Me encantas. 

5 comentarios:

  1. Muy buena reflexión. A mí es que cuando me han dicho que soy diferente ha sido 'no eres como el resto', el resto femenino y masculino, el resto del mundo. Y no me lo he tomado como un cumplido, puesto que el sambenito de 'soy distinta' me ha perseguido desde niña dejándome desarraigada, sin pertenencia y con esa sensación de 'casi prefiero ser como todxs los demás'. Sin embargo, empezaré a fijarme en las ocasiones en las que me lo digan hombres. Gracias por limpiar un poquito más mis gafas violeta.

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    1. La gente opina sin saber ni conocer la mayor parte del tiempo. Y le pone mucho empeño en ser lo menos amable posible, siempre que puede. Aunque algunos todavía den los buenos días. Ni caso. Porque seremos pocas y pocos, pero estamos en lo cierto. ¡Un beso!

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  2. Sólo hay un tipo de mujer: las que son únicas.

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    1. Pues no sé, a mí me seduce la idea de tener una doble en la otra parte del mundo, en tiempo presente o en otra época, y con una vida de vértigo. ¡Un beso!

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