sábado, 29 de octubre de 2016

mi cuerpo en el feminismo

Comenta la profesora Jeanette Hoorn, en una de las sesiones de "Sexing the Canvas", que muchos cuerpos femeninos se han retratado frente a un espejo como símbolo de que nuestros cuerpos sólo se conocían a través de la mirada de otros. Léase "otros" como "hombres". Por extensión, una mujer sólo podía ser interpretada a través de los ojos que no son propios. Por eso, tantas mujeres se observan ante el espejo en la Historia del Arte, para intentar comprender qué ven los demás, y qué esperan de nosotras. ¿Qué tenían y tenemos que decir sobre los cánones impuestos en el cuerpo?

Podréis contestar que esto ha cambiado, que ahora no dejamos que únicamente nos interpreten los demás. Y es cierto, quizá ya no somos tan influenciables. Pero la percepción actual no es completamente distinta a la de las mujeres en los cuadros del siglo XVIII. Nosotras tenemos mucho que decir sobre nuestros cuerpos, pero también comparten su opinión los medios, y la "mirada masculina" sigue ahí, definiendo lo que es "bella" y "femenino" para consumo de todos. No hemos acabado con los falsos mitos. 

Hasta la propia Venus buscaba agradar (Jean Baptiste Regnault)


Desde que he abrazado el movimiento feminista, mi concepto sobre el cuerpo ha cambiado. Más bien, he desarrollado y madurado una opinión al respecto. Primero de todo: mi cuerpo es mío. Creo que es uno de los preceptos feministas más importantes. Al menos, para mí lo es. Mi cuerpo es mío. El tuyo es tuyo. El de mi madre es de mi madre. El de la vecina es de la vecina.

Por lo tanto, es irremediable que si el cuerpo te pertenece, tú seas quien tome las decisiones sobre ese cuerpo.

Y que te mires al espejo no intentando decidir qué ven los demás y qué les gustaría ver, sino reconociendo la fisonomía de nuestro cuerpo. Además, pensad que cuando intentamos decidir qué creen los demás, tenemos muchos puntos para equivocarnos. Es tan sólo una opinión generada basándonos en la hemeroteca social; lo que dicen en las revistas, en la tele, lo que "se sabe", como si todos en masa opináramos lo mismo.  Mirarse al espejo debería ser una constatación de lo que sabemos con los ojos cerrados: vemos nuestras extremidades, apreciamos el color de nuestra piel, sentimos la textura, localizamos el vello, las pecas, las líneas de expresión facial. Y lo más importante: nuestra reacción ante nuestra propia imagen, vestida o no. Aquí debo haceros la siguiente pregunta: ¿os sonreís, u os desagrada la visión?

Si al reconoceros os agradáis, enhorabuena. Contra todo pronóstico, contra todo mensaje que no se aplica a nuestra propia realidad, en vuestro cuerpo veis un aliado y no un enemigo. Y eso es de admirar. Porque os va a acompañar siempre y, cuando menos, debemos mantener una relación más que cordial.

Si la respuesta ha sido negativa, creo que debéis enfrentaros a otra pregunta más: ¿por qué? Quizá consideráis que os sobran kilos, o que os faltan curvas. Quizá es porque estáis en baja forma, o porque ya no tenemos veinte años. Decidme: ¿esta conclusión es vuestra, o es inducida?

Dentro de un tiempo os hablaré de cambios experimentados en mi cuerpo en los últimos meses. 

De momento, tirando de la propia experiencia, y de lo que he observado a mi alrededor, he llegado a concienciarme de que:

1) La gordofobia existe, como un mecanismo más de opresión. Y la lucha contra la gordofobia debe darse dentro del feminismo, ya que este nos ha devuelto la propiedad de nuestro cuerpo. Algunas "feministas" se empeñan en no reconocer esta realidad, incluso tienen opiniones del todo retrógradas y nada solidarias sobre las personas gordas. De alguna forma, niegan la condición interseccional del feminismo, que es lo más bonito de todo: tú puedes no sentir una opresión en concreto, pero serás capaz de empatizar con quien la sienta. No hacerlo supondría demostrar una sospechosa empatía selectiva. Por ejemplo, entiendo que nadie dará/logrará más por la causa LGTB que las personas dentro de este grupo. Pero yo, como mujer cis, aunque no haya sentido el peso de la opresión que estas personas sienten, estoy de su parte. En mi opinión, es casi antinatural no estar de parte de los oprimidos. Por eso, #blacklivesmatter. Y por eso, es necesario ya de una vez por todas, comprender que el hecho de que una mujer gorda se sonría ante el espejo no es apología de ningún tipo, ni oda ni romanticismo sobre la obesidad, o sobre el estilo de vida no saludable (¿ya hemos cerrado todas las centrales nucleares y las tabaqueras?). Una persona gorda se sonríe ante el espejo porque se quiere, en alma, cuerpo y espíritu. Y no es fácil con toda esa opresión alrededor que te indica el camino contrario.

2) Los cambios positivos sólo se dan dentro de la aceptación y el amor. Cuando estás bien en tu propia piel. Cuando de verdad te quieres, y te interesa tu bienestar, y pones todos los medios para perseguir lo que crees que te hará sentir aún mejor. Y si estás bien sin necesidad de cambiar nada más, pues perfecto. Lo celebro. Nadie puede decidir cómo te vas a sentir.

Por favor, estudiad la expresión ante el espejo cuando estudiáis vuestro cuerpo. No observéis con mirada asesina lo que habéis aprendido a llamar defectos. No os ocultéis. No os avergoncéis. No queráis disimular. Ni colocaros en cierto ángulo. Recuperad ese cuerpo. Hacedlo. Si no os gusta lo que veis, quizá estáis desenfocando. Pensad por qué.

Y #stopgordofobia siempre.

Este ángulo tan de hastag pero con cuerpo no normativo



2 comentarios:

  1. Hola, soy nueva por aquí, he llegado buscando una reseña sobre Flannery O'Connor. Me ha gustado mucho este artículo, estoy muy de acuerdo en que es fundamental pasar del deseo de que nos acepten, nos admiren o nos deseen al deseo de amarse y aceptarse a una misma. Lo primero, que está grabado a fuego en nuestras cabezas, no lleva a ningún lugar feliz. Me apena por ejemplo cuántas mujeres con cuerpos no normativos no pueden disfrutar de la playa o la piscina por esa causa. Vale que quizás nunca podamos dejar de lado del todo el tema de que resultar atractivas nos genere sensaciones positivas, pero de ahí a no ser capaz de disfrutar de la vida por lo contrario, hay un camino.

    En fin, te seguiré leyendo. Un saludo.

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    1. Muchas gracias Cristina por tu comentario. Estoy totalmente de acuerdo. De hecho, no hace tanto, yo fui una de esas mujeres acomplejadas que no pisaban la playa. Pero creo en la superación, sobre todo en la superación de los complejos para vivir mejor. Es un esfuerzo con una gran recompensa esperando. ¡Un abrazo!

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