martes, 11 de octubre de 2016

Colectivo Detroit: the devil



Esperó a que todos se hubieran acostado, pasada la medianoche. Era martes otra vez, y doce días habían pasado desde la última visita a S. Como en toda obsesión, la separación se le antojaba eterna y trágica.

En su habitación, en total penumbra, se detuvo ante el espejo y empezó a desvestirse. Apenas entraban unas pocas luces de las farolas de la calle por la ventana. Era una noche nublada y sin luna. Idónea para su transformación.

Así operaba la magia: cerraba los ojos y como si fuera un erizo haciendo saltar sus púas, su cuerpo sacaba al demonio de dentro, por quien se dejaba gobernar con placer.

La visión mefistofélica variaba según el espectador. Su hermana le había descrito en una ocasión a un ser de nariz aguileña y mirada perturbada, con sombrero de copa y capa. Ante el espejo, sólo era capaz de distinguir un contorno con cierta iridiscencia roja. Reconocía, o creía reconocer, sus facciones, muy difuminadas por una especie de bruma. Pero, sin duda, la imagen más sorprendente era la visión de S., que aseguraba ver a Tolstoi en colores sepias, con una dura mueca de reprobación como única expresión facial, y una mirada clara y tan terrible como verse perdida en un inmenso glaciar.

Descendió por la ventana, cuerpo ingrávido. Se dirigió a pie a casa de S. Era un pueblo pequeño, así que no tardó más de diez minutos en llegar. Entró por la puerta de atrás, que daba a la cocina. El pestillo siempre saltaba al primer forcejeo y así se anunciaba a S., quien tenía un sueño bastante ligero. Alcanzó la escalera y subió con lentitud. Tolstoi tenía un andar pesado, y S. se hizo la dormida como siempre cuando entró en la habitación. Podía palpar cómo apretaba los ojos, cómo fingía estar inconsciente, hasta que fuera inevitable gritar de dolor, o rabia, o indignación.

En esto consistía la posesión: en su forma demoníaca, comenzaba a tocar a S. por las pantorrillas, siempre suaves. Cuando llegaba a las rodillas, ella se empezaba a retorcer bajo las sábanas y hacía el mismo ruido que el durmiente quejándose de la peor pesadilla. Y era a la altura del vientre que S. no soportaba más la tensión y empezaba a gritar, ya abiertos los ojos, y despertaba a su tía, que en cuestión de segundos entraría en la habitación para intentar calmarla. Y le rogaría a Dios que cesara aquel tormento.

Sólo S. podía ver la personificación demoníaca, o a Tolstoi en aquella casa.

Y tal imagen siempre se traducía en golpes al cabezal, bofetones imprevistos a la tía que intentaba que recuperara el sosiego, cotidianos objetos desparramados por el suelo. A veces, S. se tiraba del pelo, se arañaba la cara. Mañana se levantaría ojerosa y volverían al médico. S. callaría. No podía contarle al facultativo que Tolstoi la visitaba por las noches.

Sobre las tres de la mañana, como de costumbre, abandonó la casa de S. Con decaimiento. Le pesaba mucho el alma. Cuando pactó con el Diablo su forma demoníaca, pensó que jamás podría llegar a cansarse de poseer a los demás. Pero ahora, lo que tanto le había animado, lo que tanta ilusión le había hecho, y con lo que tanto había disfrutado, finalmente se demostraba insignificante. 

Tolstoi en el arte


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Volvemos a investigar sobre la relación entre música y literatura. Esta vez, el ejercicio consiste en escoger una canción, estudiar su letra, y escribir una breve reinterpretación. Cuanto más alejada esté del significado original de la canción, al menos el que hayamos entendido/conozcamos, mejor. Un poco lo que hicimos con las obras de arte en un ejercicio anterior.

Es un ejercicio completamente libre, sin restricción de longitud o sintáctica alguna.

La canción que he elegido es The Devil de PJ Harvey. Está incluida en el disco White Chalk. Al parecer, Polly Jean querida se inspiró en un relato de Tolstoi que se titula El diablo, y que trata sobre la relación entre un noble y una campesina. Muchos también la consideran una metáfora de la depresión. 

Esperamos que disfrutéis este ejercicio tanto como nosotras :) No dejes de visitar el ejercicio de Adri en Billete de cercanías. Las instrucciones:

1. Leer el “enunciado” del ejercicio.
2.Interpretar el “enunciado” del ejercicio libremente.
3. Escribir lo que te sugiera. Inspirado en una canción.
4. Publícalo en tu espacio.
5. Cuéntanoslo para que podamos enlazarte tanto en los comentarios como por las redes sociales.
6. No olvides usar el hashtag #ColectivoDetroit, y disfrutar la participación al máximo.




2 comentarios:

  1. Me encanta. Qué original y sorprendente.
    Yo creo que a mí me visitaría Foucault... xD

    mua!

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  2. Me parece que lo tenías fácil en el aspecto de que es una canción con más de un significado posible, jeje.
    Me ha gustado aunque me ha parecido algo creepy.

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