martes, 27 de septiembre de 2016

Colectivo Detroit: todos ellos

¿Estaba loco, o era un misógino? 

Lo que envió un chispazo al sistema nervioso fue aquella chapa tan oscura. Y las baldosas del suelo, color crema en vez de gris cenizo. Bajamos del tren corriendo. E. un poco desorientada. Pero a mí ya me había ocurrido algo semejante hacia años. Ella preguntó:

—¿Clot? ¿Es el Clot?

Quizá aquel hombre enjuto y cabreado apareció por arte de magia.

No los esperábamos, así que no le hicimos caso hasta tenerlo a escasos dos pasos. Entonces nos gritó en la peor de las maneras:

—PERÒ VOSTÈS ON VAN??

En ese tono no parecía que quisiera ayudarnos. Quizá era sordo. El instinto me hizo reaccionar rápidamente, porque en ciertos momentos yo tampoco soporto a la gente:

—Ens hem equivocat de tren. Però JA SABEM on anem.

Le dimos la espalda. Nos alejamos. E. comentó que aquella estación olía a nuevo. Y se veía limpia. Y el tipo desapareció por arte de magia. Nuestro periplo a casa es una anécdota para otro día.

Aquí ha vuelto ÉL. De nuevo de repente. Todos los personajes suelen aparecer así: son fotocopias de humanos reales. Imagino que tenía unos 70 años. En este texto lo dejaremos en 300. Quizá estaba enfermo, o su pensión no le daba para comprar suficiente proteína. Pero en el texto el inmortal puede aguantar veinte años sin probar bocado, como Raymond Fosca. Quizá la familia no le visita nunca y grita a todos los ciudadanos del mundo. En estas líneas regala caramelos que los niños nunca aceptan y tiene el cadáver de su segunda mujer escondido en el congelador. Piensa que así las cenizas serán un mejor aderezo para la sopa.

Quizá estaba sordo y por eso nos habló a tal volumen. En realidad es un antihéroe. El único superviviente de un pueblo extinto hace siglos. Viene de las montañas. Le inocularon un elixir de la juventud y aquí sigue, sin poder dormir por las noches. O es el fantasma de esa estación tan nueva, sepultado en los andenes y obligado a incomodar a los pasajeros. El escogió un martes de agosto pensando que todos estarían de vacaciones y no retrasaría ninguna reunión importante. Cayó con los pies juntos, en posición de firmes, mientras el tren a M. hacia su entrada.

Quizá estaba loco. Por todos los abusos cometidos en los días de Studio 54. Porque le dejaron por otro. O por otra. O nunca llegó a conocer a nadie que quisiera quedarse a su lado. Porque en 300 años ya ha hecho más de lo necesario y se ha quedado anticuado. Nada puede remediar su inmortalidad. Puede que el señor real fuera misógino de verdad, pero tal atributo es inconcebible en este estudio de personaje. Arderían las páginas. En otra vida fue militar, o farmacéutico, o ángel de la muerte, especializado en mujeres viejas que merecían una muerte placentera. Él entraba de noche en la habitación del hospital, el geriátrico o en todos esos pisos con mobiliario de un pasado mejor. Ellas no dormían. Él les recordaba a sus difuntos maridos, o a sus padres, o hermanos caídos en la guerra, primer amor, y así se las llevaba felices. Él se quedaba atrás, maldito. 

Aquella chaqueta azul de prisionero. Los dedos largos de pianista frustrado. La "mala bava". Siempre es así. Siempre me cruzo con todos ellos...

...



La música es un elemento que puede resultar muy útil durante el proceso creativo. Muchas veces, para mejorar la concentración, he empleado música. En ocasiones me ha ayudado a alcanzar "el ambiente", o el ritmo, que un texto en particular requería. Sin embargo, nunca he hecho lo siguiente:

El ejercicio de esta semana consiste en escoger de 3 a 5 canciones sin pensarlo mucho. Elegir el orden de reproducción que más nos gusta, o atrevernos con el aleatorio. Coger papel y boli, o abrir el archivo de Word. Cuando le deis al PLAY, empieza vuestro proceso de escritura. Y acaba en cuanto se acaben las canciones que habéis escogido. ¿De qué vais a escribir, os va a dar tiempo a cerrar el texto, o quedará inacabado? Eso lo descubriréis una vez finalizado el ejercicio. El único requisito esta vez, como durante el ejercicio del trayecto: el tiempo de escritura se acaba cuando la música deje de sonar (y se entiende que escogemos pocas canciones para llevarnos al límite de nuevo. La realidad del ejercicio es esa: tendréis poco tiempo ;)).

En mi caso, tuve aproximadamente 16 minutos. Y escogí estos temas:
Pacific Coast Highway de Kavinsky
HDA (Historia del Arte) de Las Bistecs
Detrituts de Keluar
Offertorium de Zbigniew Preisner


Estamos ansiosas por ver vuestra selección y leer vuestro texto (la rutina no me deja últimamente demasiado tiempo para el Colectivo, pero leo todos los ejercicios). De momento, os remito al texto de Adri en Billete de cercanías. Y os recuerdo que podéis contactarnos en colectivodetroit@gmail.com 

¡Gracias por participar y hasta el próximo martes!

Y ahora las instrucciones habituales. 
1. Leer el “enunciado” del ejercicio.
2.Interpretar el “enunciado” del ejercicio libremente.
3. Escribir lo que te sugiera. Pero con música de fondo.
4. Publícalo en tu espacio.
5. Cuéntanoslo para que podamos enlazarte tanto en los comentarios como por las redes sociales.
6. No olvides usar el hashtag #ColectivoDetroit, y disfrutar la participación al máximo.



1 comentario:

  1. Quizás estaba pagando condena, en la protocolaria justicia literaria, para vengar a sus víctimas. Como si pudiera ofrecerles algún consuelo.

    Estupenda como ya bien nos tienes acostumbrados.

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