viernes, 12 de agosto de 2016

stop boicot

Escribo esto porque yo también lo necesito. Porque tras toda una vida de patriarcado, te acabas creyendo el discurso oficial, y empoderarse es un proceso que no culmina de un día para otro. Escribo esto con la esperanza de que sea mínimamente útil. Porque el profesor O. siempre decía que cuando eras capaz de verbalizar un concepto, entonces lo habías entendido de verdad. Así que yo necesito decírmelo a mí misma otra vez, y de vez en cuando: Creo en mí. Me quiero a mí misma. Me acepto. Sin ningún tipo de condición. Sólo con el amor total nos procuraremos lo mejor. Si percibimos nuestro reflejo como un enemigo, o si evitamos mirar, no moveremos ni un dedo por nuestro bienestar mental o anímico, ni tampoco físico.

Y sobre todo, y esto es lo que necesito repetirme en voz alta por enésima vez: frena un poco y disfruta de la sensación. Ahora que sientes esta buena sensación sobre ti misma.  No te exijas tanto. Afloja.

Siempre he sido una persona muy exigente. A mí me gusta decir eso de que hay dos formas de hacer las cosas: hacerlas bien, o no hacerlas. En el trabajo, en los estudios, en lo personal, la única opción era dar lo mejor de mí misma. Llevo días pensando que a veces no soy capaz de notar lo dura que soy conmigo misma, de lo dura que soy de por sí. Y por supuesto, aunque he aprendido que los demás fallan y tú también fallas a los demás, y eso me ha hecho vivir más en paz estos últimos años, parece que no he gastado el último cartucho de la exigencia personal: el boicot. El boicot es como cuando tiras un boomerang y vuelve.

Lo estoy trabajando. No sabéis qué liberador ha sido dejar de boicotearme por la imagen (bye, bye complejos). Cuánta tranquilidad. Pero el esfuerzo ha sido diario. Es diario.  Ahora sólo me falta estar alerta con las sutilezas que a veces me frenan, con el efecto rebote de algunas cosas. Las podría llamar mis "microexigencias", creando un paralelismo con los microsexismos. El “pero” insidioso. La duda en el momento menos esperando. La crítica voraz y visceral cuando alguna cosa sale mal y pienso que no he estado a la altura, y no me ha dado tiempo a ganar perspectiva. M. ya me lo dijo una vez: «Jota, si la cagas, escucha la corrección que te puedan hacer y sigue tu camino». Yes, please. Pero a veces no lo puedo evitar. Porque es parte de mi carácter. A mí siempre me motivó más la bronca del profesor que las felicitaciones. Por eso tengo que hacer este ejercicio de decir en voz alta: date un respiro

Sin embargo,  creo oportuno ponerlo por escrito y compartirlo –I. tiene toda la razón, debería ya de ponerme con el libro de autoayuda. Repasemos las tres formas de boicotearse que debemos combatir, por injustas y crueles, y totalmente injustificadas. Es fácil agarrarse al «yo soy así, y así seguiré». Pues veréis, a mí me gustaría ser menos salvaje conmigo misma si puede ser. Porque yo soy así también gracias/por culpa de las circunstancias. ¿Cuántas construcciones sociales y comportamientos aprendidos cargamos a la espalda?

Las tres fases del boicot:

1) Si alguien nos dice: «qué guapa eres», o «qué bien te queda esa falda», o «¡qué bien te sienta el pelo rubio!», en resumen, si alguien nos echa un piropo bien hecho, respetuoso y sincero, vamos a aceptarlo y dar las gracias. Y bajo ningún concepto contestaremos a esa persona con algo como: «¡qué va!», «¡ya será menos!» o «¡tú que me ves con buenas ojos!». Yo aprendí a aceptar los piropos gracias a la maravillosa activista británica Leah de Love Leah. Si podéis leer en inglés, os la recomiendo muy encarecidamente. Por algún extraño motivo, cada vez que alguien me decía «oye, qué guapa», yo contestaba con algo así como: «pues me ha costado cuatro duros», o «hace mil que lo tengo». Y veréis, no estaban hablando de mi ropa, o sí, y quitarle el hierro al asunto era en ocasiones hasta ridículo. Porque a veces las excusas parecen metidas con calzador. Con un gracias –que también puede ser irónico si la ocasión lo requiere- es difícil no acertar.

2) Si alguien nos dice: «tengo ganas de verte», o «qué bien me lo he pasado contigo», o directamente, «cómo me gustas», esa persona quiere verte, se lo ha pasado bien contigo, y le gustas. Y no hay nada mejor que el que te lo digan así, porque a mí las indirectas me cuestan ,por ejemplo. Aunque pueda parecerse a nuestro punto número uno, este tipo de aseveraciones son más profundas. Y negarlas no pone en duda la capacidad visual de esa persona, sino directamente su opinión y sus gustos. Así que nada de creer que nos hacen un favor por querer nuestro tiempo, o por desearnos, A PESAR DE NUESTROS CUERPOS NO NORMATIVOS. Y lo mismo va por el carácter. Si gusta vuestra forma de ser, es con todo. No os esforcéis en mostraros de una forma que no es la natural. Aunque no lo creáis, la gente es valiente y dice lo que piensa, sobre todo en positivo.    

3) Y así llegamos al punto tres, el mundo al revés: también tenemos derecho y debemos decirle a los demás que es lo que nos gusta de ellos; que nos apetece quedar, que los valoramos, que nos encanta la compañía. Decidlo. No seamos pasivos en esto. Mejor fuera que dentro. La naturaleza os ha dado una boca para expresar lo que os pasa por la cabeza. Esto es lo que más cuesta, y lo que más os va a pesar si os lo guardáis. ¿Qué puede pasar si mostráis la alegría de que os guste alguien, os haga sentir bien, etc? Ni tsunami ni hecatombe. Salga bien o mal, el pulso os va a seguir funcionando, e igual la vida es un pelín más emocionante. Y vais a querer que esa persona os crea, os sonría, y paséis a veros con frecuencia ;)

Nada ni nadie se rompe por sentir cosas agradables. Y no miréis el reloj, ni penséis tanto en mañana, ni en los próximos veinte años.

Pero si os boicoteáis con frecuencia, agarraros a la esperanza de que vais a cambiar el mal hábito y dentro de un tiempo lo haréis menos, y un día, todo habrá terminado.

Gracias por leer este post. Lo he escrito porque yo también necesitaba recordármelo. Ya me siento mucho más ligera.

Have a nice weekend, y un fuerte abrazo.  


5 comentarios:

  1. Gracias por este post, en una semana un poco chof por diferentes motivos me ha ido muy bien leerte. Fuera autoboicots

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  2. Tras un aplauso, solo puedo aplicarme el cuento: cómo echo de menos esos buenos ratos en tu compañía.

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  3. Pues me ha parecido un gran post, y muy útil. Creo que ha mejorado bastante la percepción que tengo de mi misma, aunque todavía me boicoteo alguna que otra vez. Have a nice weekend, too.

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  4. El punto número 3 es el más difícil, creo, porque hay que tener mucha confianza en uno mismo para ser capaz de decirles a los demás qué queremos. Quiero decir, toda mi vida he sentido que por no tener el peso que se considera "atractivo" tenía que conformarme con lo que venía, aunque a mí no me gustase. Como si yo no pudiera decir que alguien no me gusta solo por mi físico. Como si no tuviera derecho a decidir. No sé si me he explicado, pero me encantan estas entradas.
    Muá!

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    1. Te entiendo Cris, ese sentimiento de tener que ser conformistas es muy común de los cuerpos no normativos. Pero tu tiempo es tan de oro... ¿Qué sentido tiene tirarlo, y el del otro, si realmente no vamos a corresponderle? Nunca te conformes: lo que quieres es viable, y es posible, y en la medida que puedas, no aceptarás menos. Mua!

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