viernes, 15 de julio de 2016

¿y no echas de menos el jamón?

Si hay una pregunta que los vegetarianos de estas latitudes tenemos más puntos de escuchar es: ¿y no echas de menos el jamón?

¿Cómo echar de menos un alimento que puedo adquirir en cualquier supermercado cuando quiera? A veces, tengo ganas de contestar: «Verás, es que no nos conocemos personalmente». En todo caso, quizá lo echan más de menos los que emigran y saben que en cualquier otro lugar –si tienen posibilidad de encontrar jamón— van a tener que desembolsar más del doble por cuatro míseras lonchas. Por las dudas: no echo de menos comer jamón. Echo de menos, por ejemplo, cierta manera específica de cocinar que tenía mi abuela, irrealizable porque ya no está entre los vivos.

Hoy me han vuelto a preguntar por el embutido. Y he entendido una cosa: muchos son los que creen que ser vegetariana es un sacrificio.


Y si lo entienden como un sacrificio es porque…

¡Un momento! Vaya por delante que no soy ninguna experta en nutrición ni psicología. Que no pretendo convencer a nadie de qué es correcto o no. Ni criticar vuestro estilo de vida, ni coronar el mío de flores. Son suposiciones mías, vuelco aquí mis pensamientos como en las páginas un diario.

Pienso que los que entienden la vida vegetariana como un sacrificio es porque seguramente tienen una relación emocional con la comida que yo no tengo. Si he decidido dejar una cosa “para siempre” es porque puedo comer otra, o porque ya he comido suficiente durante toda mi vida y ahora me interesa/puedo hacerlo de otra manera. Siempre acabo relativizándolo todo.

Lo que he aprendido en estos dos años sin comer carne ni embutidos, esto último me gustaba, no lo niego, es que tengo una flexibilidad alimenticia que desconocía. Por eso, y sólo cuando entendí esto, pude dejar la Coca-Cola definitivamente, y la Fanta, y cualquier pasta que podáis comprar en bolsa de plástico. Sólo al reflexionar sobre esta capacidad de adaptación, he logrado desengancharme del azúcar. Así tras hablar conmigo misma, no por obra y gracia de un endocrino y las famosas 1200 calorías. Además, he aprendido que comer patatas fritas de paquete es algo que puedo hacer un día, sin que suponga ningún problema. Si miro la etiqueta de lo que compro, la verdad, no es buscando calorías, es mirando los gramos de azúcar, que en ciertas cosas no se explican ni se necesitan: una cucharada de azúcar son 4g aproximadamente.

He llegado a la conclusión de que muchos hemos tenido/tenemos relaciones complicadas con la comida:

-Si estás gorda, tendrás una relación complicada con la comida. Por razones obvias. Y  las construcciones sociales y la opinión generalizada y los medios todavía la harán más complicada.

(Y yo pienso como Leibniz: existo en la mejor forma posible).

-Si eres mujer, tendrás una relación complicada con la comida. Por razones obvias. Y las construcciones sociales y los medios y, va, también ciertas opiniones generalizadas, la harán más complicada.

-Si no tienes un poder adquisitivo X, tendrás una relación complicada con la comida. Por razones obvias.

-Si tienes ansiedad, tienes todos los puntos para tener una relación complicada con la comida. Cuidado con las opiniones generalizadas y la información que se “divulga” en los medios.

-Si no tienes unas mínimas nociones de cómo funciona la industria alimentaria, no lo sabes, pero tienes la relación que otros deciden. Básicamente cierras los ojos y miras para el otro lado. Y en todo ese pasillo de potitos de bebé, no hay tarros, sino bombas de azúcar. Porque cuanto antes te enganchen, mejor que mejor.

Junten complicaciones con emociones y el cóctel resultante puede que se traduzca en insatisfacción, en un malestar no definido, en un problema al fin y al cabo. En una losa social, en cientos de opiniones gratuitas. Y lo peor de todo, según la reacción que tenga tu cuerpo (hola kilos, estrías y piel de naranja), todo esto se convertirá muy probablemente en body shaming. Nuestro aspecto puede ser criticado por muy distintos motivos, pero es de cajón que los cuerpos gordos, no normativos, serán criticados.

Y al final siempre hay una voz que desde un púlpito declama como un rayo salvador:

-¡Come sano! 

Dicho y hecho, ¿verdad?

Define sano.

Pues bien, yo pienso ante todo una cosa: come de forma consciente.

Recuerdo perfectamente coger unos pedazos de lomo, cortarlos, y mientras mi madre tendía la ropa, meterlos en el interior de una página arrancada de su revista y tirar la bola a la basura. Tenía menos de siete años. Y por supuesto, me pillaron.

Así que al final, para mí dejar la carne ha sido un poco hacer las paces conmigo misma. Eso no quiere decir que descuide la ingesta de proteínas. Respiren tranquilos defensores de las proteínas a tope. Y recuerden que como se dice, nobleza obliga, no es educado meterse en los asuntos personales de los demás ;)

Ayer vi un vídeo en el que dos personas que no estaban interesadas en ser vegetarianas, lo intentaban durante 21 días. Yo tengo la firme teoría de que si se te pasa por la cabeza mínimamente que vas a echar de menos X, mejor no lo hagas. Uno de los comentarios al experimento era que como vegetariano te tenías que esforzar más, planificar, y controlar más todo lo que comías.

Puedes tener una dieta vegetariana y vegana nefastas. Así que, sí, yo te aconsejo esforzarte un poco y planificar, y pensar en qué te metes dentro.

En realidad, creo que es algo que todos deberíamos hacer. Tomar conciencia y control sobre ciertas cosas, estar informados, y entonces tomar nuestra decisión de introducir cambios si lo consideramos oportuno. Pero cuidado, porque todas las dietas tienen sus defensores, sus estudios detrás que te alarman de que si no lo haces así, VAS A TENER SERIOS PROBLEMAS DE SALUD (es probable que todos lleguemos a tener problemas de salud si nuestro final no es espontáneo). Así que como comenté en otra ocasión, sin miedo, si sentís curiosidad, informaros. Y sobre todo, informaros de ciertas prácticas, porque una muy gorda se está gestando con el TTIP.

Algunos documentales recomendados: Fed Up, Cowspiracy, Food Matters, Forks Over Knives… Pero sobre todo el primero. De verdad, Fed Up me abrió los ojos totalmente. Y si identificáis que vuestra relación con la comida es emocional, Fed Up me parece imprescindible. Es probable que muchas de esas emociones sean inducidas. No tengo ninguna base científica que lo apoye, pero como Galadriel, I feel it.

Buen fin de semana.

No se olviden de la quinoa y el brócoli en la lista de la compra ;)

10 minute salad





1 comentario:

  1. Pues me voy a crear una watchlist con todos los documentales que recomiendas y me los voy a ver. Yo cada día estoy más concienciada de lo que como. Pero claro, los fabricantes cada día son más conscientes de la gente concienciada y una de dos, suben los precios de algunos productos o intentan colarte las cosas sin que te des cuenta. No es solo un tema de vegetarianismo u otras opciones. A mi hermana le están mirando los médicos una intolerancia que le acaba de salir y que aun no han idenficado y ella, mirando cosas tipo "sin lactosa" "sin gluten" y así, está flipando la pobre con los precios. Y encima las modas absurdas no ayudan.

    Suerte que tenemos huerta en el pueblo.

    firmado: la niña rara del cole a la que le gustaban los garbanzos y la coliflor.

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