martes, 12 de julio de 2016

instrucciones para ponerse un vestido

No es importante si el vestido es corto o largo, aunque este factor determinará la elección del zapato. Tampoco importa si es formal o atrevido, nuevo, o mil veces usado. En su caso, es uno de sus favoritos. Una vez, hace mucho, se lo puso con la esperanza de que le depositaran una mano en la rodilla mientras veía una película muy mala en el cine.

Es rojo. De topos blancos. Con una cremallera ciega en la espalda desde el cuello hasta la cadera. Manga corta. 100% viscosa. Dos centímetros por encima de la rodilla.

Lo saca del armario colgado de una percha, y lo lógico sería primero deslizar la cremallera. Pero ella siempre ha empleado otro sistema. Pensaréis que quizá porque no es de su talla. La verdad: nunca ha tenido la espalda muy ancha. Saca el vestido de la percha. Lo coge de la falda, lo pone boca abajo, lo enrolla hasta la mitad, y sujetándolo a la altura de los ojos, mete la cabeza por el cuello del vestido. La tela no es elástica, pero tiene suficiente espacio para completar la operación sin asfixiarse. El vestido cuelga sobre sus hombros e introduce el brazo derecho por la manga derecha, y el brazo izquierdo hace lo propio. Entonces, ante un espejo, con las dos manos, ajusta la prenda sobre la cadera, pone las costuras en su sitio, pasa los dedos por el cuello. Listo.

Es fácil ponerse un vestido.

Se mira en el espejo la parte de atrás. Algunos podrían considerarlo un vestido de plancha, pero no entra en su filosofía planchar. Tiene que ir a trabajar.

Este es uno de sus favoritos porque es de los primeros que compró cuando dejó de tenerle miedo a sus piernas, o mejor dicho, a sus venas varicosas. Cuando era nuevo siempre lo llevaba con medias.


Pero ya hace tiempo que lo reserva para días como hoy. 30ºC y una ligera brisa que muestra que la falda tiene vuelo.




***

Marietta Gargatagli dice que no hay que tener pudor si queremos intentar imitar a los grandes. De hecho, lo recomienda como ejercicio literario. Para aprender a escribir, se puede empezar imitando. Acto seguido nos decía: "ahora escriban como Borges". 

Muy lejos de conseguir los objetivos de la "Garga" como la llamamos con cariño, el ejercicio de hoy consistía en proporcionar a nuestros lectores una serie de instrucciones, un poco como las inolvidables instrucciones de los Cronopios de Cortázar. Instrucciones o manual de uso de un objeto, de una persona, de un sentimiento, instrucciones para llevar a cabo acciones más o menos cotidianas, para hacer bien, o para hacer mal. 


No dudéis en comentar y difundir el reto de esta semana, pero, sobre todo, atreveos a participar. Instrucciones para participar: 

1. Leer el "enunciado" del ejercicio. 
2. Interpretar el "enunciado" del ejercicio libremente. 
3. Escribir lo que te sugiera. 
4. Publícalo en tu espacio. 
5. Cuéntanoslo para que podamos enlazarte tanto en los comentarios como por las redes sociales.
6. No olvides que ya eres parte de #Detroit y vuelve a visitarnos el próximo martes.

4 comentarios:

  1. No doy crédito. Mi prenda predilecta, y me acabo de dar cuenta de que me la estaba poniendo mal. O me la dejaba mal puesta. No me equivocaba al ponérmela por los pies, a veces también lo hago por la cabeza, la manga, la otra. A veces reconozco que me convierto temporalmente en contorsionista para subirme la cremallera, de haberla. Si tiene forro, a veces me traiciona. Yo también lo hacía mal, ya fuera de casa, quizás al descubrirme un pelo indiscreto encima de la rodilla, o cualquier otro aspecto que pudiesen los medios calificarme como "poco apta" para llevar ese vestido. Lo hacía mal al dejarme intimidar por miradas críticas -ficticias o no-. Ho voy a llevar vestido. Y lo voy a llevar bien. ¡Gracias !

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    1. Ay, tus vestidos de Kling, me gustan todos. Hablas de este tipo de vestidos y me acuerdo del verano pasado :'( ¿Por qué no pensamos en el Colectivo Detroit entonces?
      Aunque seguro que la semillita viene de ahí.

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  2. Aun recuerdo cuándo dejé de tenerle miedo a los vestidos, hará un par de años o tres que dije: a la mierda, quien no quiera ver, que no mire. Y el caso es que estoy pálida cadavérica y en vez de fijarse en el par de cicatrices enormes que tengo en las piernas (fruto de operaciones) se fijan en eso... "puedo ver a través de ti". Yo me río.

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    1. ¡Bravo! Para la próxima ya sabes que el abril de BCN ya es el fuera medias de las norteñas. Un beso!

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