jueves, 16 de junio de 2016

el reproche

¡El reproche! ¿Hará falta decir que parte nuestro argumento en dos?, ¿que se abate encima como un dardo?, ¿que representa un contundente ataque espiritual que no todos son capaces de relativizar y que a menudo consigue silenciarnos, o peor, que creamos que lo que se nos reprocha es cierto de manera absoluta? El universo tiene tantos centros como seres vivos hay en él, no lo he dicho yo, sino Solzhenitsyn. Cada uno de nosotros es un centro, y vive lo mejor que puede sin hacer daño a los demás (en teoría). Y la paz se desmorona cuando le dicen a una entre dientes (es decir, desde el anonimato de las redes sociales): « ¡Estás fomentando la obesidad!».

¿Por qué? ¿Por salir de casa y dejar que todo el mundo vea que al sentarme se me abulta la barriga, o que al bostezar se pronuncia más mi papada? ¿Por estar gorda y sonreír? ¿Por ponerme lo que me da la gana, como tirantes o minifaldas? ¿Por querer que me quieran y deseen? ¿Por comer en público un trozo de tarta? ¿Por escribir todas estas cosas para intentar contrarrestar el maltrato psicológico de los medios que sólo persiguen que las víctimas capitalistas gasten el dinero y la ilusión, más, en pastillas milagrosas, liposucciones y productos light?

por cierto, Solzhenitsyn era este señor

¿También promuevo los ojos pequeños, la nariz chata, el pelo rizado y las piernas depiladas? Ah, no, perdón, que esto último no se me echaría en cara porque es normativo.

No pretendo propagar el mensaje de que estar gorda está bien. Digo: estar gorda es otra realidad más. Es la forma física en la que existimos millones. Y no es como lo pintan. Y al igual que a nadie le puede parecer mal a estas alturas, que quiero pensar menos barbáricas, un color de piel u otro, tampoco puede quejarse del peso del prójimo.

Estar gorda no significa una vida miserable, ni una existencia desgraciada, sin amor, ni amigos, ni buenas oportunidades laborales. No significa ser perezosa. No quiere decir desterrar la autoestima, ni tener cero amor propio. No supone ser una persona vaga, ni carecer de ímpetu. Pero es probable que alguien gordo tenga falta de alguna de todas estas cosas, y no piense que es circunstancial, sino lógico dada su envergadura. Estar gorda no es una idea a abanderar. La idea primordial del activismo corporal, o al menos una de ellas, es: tu imagen, tus reglas. Tu cuerpo está ahí, que lo vean. Y la lucha por la visibilidad no se detendrá hasta que no erradiquemos todos esos artículos en cualquier “revista” de “belleza” en los que “aconsejan” cómo perder 10 kilos, por ejemplo. Es hora que todos sepan y entiendan que estar gorda no es ser infeliz. Y que es la violencia sistémica, como bien apunta Žižek, la causante de todas las desdichas corporales.

Este post es un ejercicio de empatía. Este espacio es tan pequeño que de momento nadie ha venido a demostrar “su preocupación” por mi salud, o directamente a insultarme por mis lorzas. Que no se haya dado esta situación es normal, porque todos somos adultos con modales (que saben reservarse las malas opiniones si las hay). Pero escribo esto porque hace unos días leí ciertas cosas horrendas sobre la bloguera AmandaAllison en un foro del todo infame. No podía dar crédito, más de trescientos mensajes firmados con pseudónimo que destripaban a una bloguera porque sí, porque está gorda, lo comparte, y vive su vida sin remordimientos. Escribo este texto porque prevenir es mejor que curar y este es un espacio libre de bullying. Detrás de todo lo que se publica en Internet, hay personas reales, y nunca he entendido los comentarios irrespetuosos, los ataques indiscriminados, por chorradas, las faltas de respeto gratuitas, y en general, la falta de educación cuando se exponen dos puntos de vista distintos. ¿De verdad? 

Gracias a Solzhenitsyn me he dado cuenta de cuál es el problema: los que atacan escudados en el anonimato de Internet, los que denigran y minan el ánimo de los demás, no son el centro de su universo. Por eso echan balones fuera, porque están perdidos. Es una suposición totalmente personal. Quizá no se soportan, y se engañan a sí mismos diciendo que no soportan a los gordos, o a los feministas, o los conductores de bicicleta.

Si algo tengo intención de fomentar es la Infancia de Gorki, la lectura anual de Daphne du Maurier o la pérdida de pánico a los spoilers. Nada más.

Muchas gracias.


2 comentarios:

  1. El caso es que si no estás gorda te dicen otras cosas, es el no acabar. Cuando no es una cosa es otra pero siempre estamos dispuestos a mirar a los demás para sacarles las faltas cuando en realidad lo que hacemos es engañarnos a nosotros mismos pensando "pues en realidad no estoy tan mal, en comparacion" y digo engañarnos porque comparar vidas es no solo injusto sino tambien irracional. Nosotros vamos por nuestro camino y los demás por el suyo, y cada uno con sus piedras y sus puentes pero todos distintos. En algun momento los caminos se cruzan y en lugar de saludar, los caminantes se bufan los unos a los otros. Esto no tiene sentido, yo como individuo no tengo forma de saber el camino que han andado los demas, no sé qué piedras se les han metido en los zapatos. ¿Por qué juzgar? ¿Qué derecho moral tengo yo para ello? ¿Quién me ha nombrado juez, jurado y verdugo?

    Igual me he ido un poco por las ramas y no me explico bien, pero, lo que quiero decir es que la gente debería dejar en paz a la gente. Sin concesiones.

    Un besico

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    1. Igual tendríamos que enmarcar esta respuesta en todas las aulas de escuela. Mua, guapa!

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