viernes, 13 de mayo de 2016

una conversación sobre el terror

—¿Crees que hay que empezar a ver películas de terror a una edad temprana?


—¡Claro! 

No recuerdo exactamente qué edad tenía yo, pero como máximo tendría siete años, seguramente menos. Porque empecé a verlas en aquel piso pequeño sin pasillos ni balcón. En esa tele tan antigua que no tenía mando a distancia. Cuando el sofá de tres plazas, por alguna razón ochentera que se me escapa, podía dividirse en tres pedazos.

—¿Entonces por qué crees que hay tantos padres que les prohíben a sus hijos ver pelis de miedo?

—Pues que prohibir tal cosa es una tontería. Si sus hijos quieren verlas, ¿por qué no? Son películas, no es real. Por ejemplo, es peor ver…

—¡Una bélica!

—O una corrida de toros. 

Quizá he ahí la cuestión. Lo de prohibir las películas de género es algo curioso. Ver una película sobre un hombre lobo o un demonio con una cara roja quizá te suponga alguna que otra pesadilla. Pero no perderás la fe en la humanidad. Incluso me parece positivo poner a prueba el poder de la autosugestión cuanto antes. Aunque el pasillo a oscuras te acongoje por los efectos secundarios de la tensión. El terror, y el género fantástico en general, han dado muchos momentos insuperables. Mucho más valiosos ante ojos impresionables.

—¿Quizá algunos padres no quieren por comodidad?

—Puede ser, porque seguramente sus hijos se levanten, los llamen a gritos, tengan alguna que otra pesadilla, como cuando enferman… Querrán dejar la luz encendida…

a una atea le da yuyu el demonio en la pantalla

—¿Y cómo empezaste tú? 

—Viendo “Rumbo a lo desconocido” cuando compramos una tele, y cuando mis padres se acostaban a eso de las diez, o diez y media. Yo debía de tener once años.

Como a ella siempre le han gustado, a nosotras siempre nos ha permitido ver películas de miedo. De hecho, nos ha permitido casi todas las cosas que su madre le había prohibido: maquillarnos a partir de la edad que quisimos, o salir hasta tarde. Nunca nos dijo: «No bebáis». Las resacas y las vomiteras te enseñan muy bien cuando parar. Nunca nos dijo no salgas con tal, no te pongas esa falda tan corta. E insistía: «Prohibir no te va a hacer mejor madre». Hay que saber, mejor que dormir engañada. Si os digo la verdad, no recuerdo que ninguna prohibición haya salido de su boca. Si hubo alguna fue tan sutil que no logré percibirla.

—De las cuatro, ¿a quién le daba más miedo?

—¡Uf! Pues a C., claro. Tenía terrores nocturnos.

—¿Y qué hacías?

—Un pañuelito rojo sobre la lamparita, que le dejaba encendida toda la noche. O se metía en mi cama. Sobre todo, ella y S. se metían en mi cama.

Y yo también, claro. Pero en aquella habitación los ronquidos eran más molestos que los fantasmas de celuloide. El primer recuerdo que tengo de la montaña de revistas Pronto en el baño es de una noche que Freddy Krueger no me quería dejar dormir. Aquel anuncio insoportable. Tenía que cerrar los ojos. Taparme los oídos. Pero luego era fiel a la cita.

—A veces, si no os interesaba, no le hacíais ni caso. Igual estabas jugando. O pintando. O con el ordenador de tu hermana.

Lo más molón de los ordenadores ochenteros eran aquellas prácticas de mecanografía y pseudoprogramación que hacíamos porque sí. Y los cambios imposibles de contraste y de color, que parecían inspirados en el viaje intergaláctico de 2001.

—Pero me solía quedar…

(Breve silencio)

—¿Y con qué le recomendarías empezar a ver terror a los adultos?

—No, no, que empiecen cuanto antes... Es que si sientes curiosidad por eso, empiezas mucho antes.

Difícil cuestión, la verdad. Las películas de terror son como las novelas de aventuras o los clásicos de ciencia ficción, cuanto antes mejor, ha quedado dicho. Aunque si no habéis desarrollado el gusto por el género, quizá ahí tenéis un cartucho de inexperiencia. Quizá es un resorte que desconocíais. Aseguraros que no hay nadie en casa. Haced la prueba. Uníos al club.

—Pues me vas a decir que soy una clásica,  y que es una elección obvia y mil veces reiterada, pero yo creo que le diría que empezara con El exorcista.

Porque la vi sola en casa. Sobre las tres de la tarde. Bajé la persiana hasta abajo. Corrí la cortina. Cerré la puerta del comedor. Totalmente a oscuras. Sola. Lo más insoportable sigue siendo aquella madre que reprocha llorosa ante el abandono.

—A mí me encantan todas las de la Profecía.

—¡Ay, sí! 

Las de los 70. Las dos primeras. El Ave Satani ya es suficiente para que se te erice el vello de los brazos. La niñera que saluda desde la cornisa. Los tímpanos que estallan por la acción demoníaca. No acabo de entender por qué era necesario el remake. ¿Cómo van a aprender los niños quién era Gregory Peck? 



—¿Sabes cuál me encanta a mí? ¡Poltergeist! Sé que no está al mismo nivel, pero es que me parece genial, me parece muy buena película introductoria, por cierto. Al menos para los niños. Se la puse a J., ¿te acuerdas?

(Piensan)

La semilla del diablo también es una de mis favoritas.

—¡Ay, Ruth Gordon está fantástica! Jo, te me has adelantado otra vez.

Pero si no habéis visto nada de Ruth Gordon, y esto es un breve inciso, por favor, descubridla en Harold y Maude.

—Y la primera vez que la vi, me impactó muchísimo La mosca. Pero sólo la primera vez, luego ya pierde fuerza. 

—Como It. La primera vez que la vi me dejó trastocada. Tiempo después, más mayor, me pareció una producción bastante pésima.

—Es verdad, que no queríais ir al baño tú sola.

En aquel piso sin pasillos. Ni balcón. En el que vivían seis personas.

—Es que el desagüe del baño por donde le salía la voz del payaso a la niña era exactamente igual que el nuestro.

(Ríen)

—¿Las tres caras del miedo la has visto?

—Pues no, ¿es buena?

—No está mal. A mí me puso muy nerviosa, pero porque la fui a ver con L., que no dejaba de gritar. Me dio más miedo por lo asustada que ella estaba.

Esa es otra. Hay que escoger bien con quién vas a ver películas de terror. Cuando voy con J. creo que yo soy quien lo pasa peor, e intento disimular, aunque lo agarraría de la muñeca. Aunque me guste verlas, lo reconozco, como me meta mucho, boto en el asiento tantas veces como sean necesarias. Mientras dura la peli me lo creo todo. Una vez vi La noches de los muertos vivientes con cinco personas. Nunca he pasado tanto miedo ni me he reído tanto con la misma película.

—No soportaba Freddy Krueger. Hasta el anuncio me daba miedo.

(Se repite la anécdota expuesta más arriba)

—¿Y Viernes 13?

—La verdad es que las de Jason no las recuerdo muy bien.

—¿Y aquella de Sé lo que hiciste? Eran varias…

—Sí, eran tres. El slasher de moda en el 97. No estaban mal. Pero ahora me inclino por lo clásico. Por cosas como Los inocentes. Brutal Deborah Kerr. Todo el mundo tiene que verla.

Lástima que muchos niños le hagan ascos a las películas en blanco y negro, como si tuvieran delante un plato de guisantes (con lo ricos que están).

Los pájaros. Que no nos olvidemos de Los pájaros.

Psicosis la tenéis que ver. Por la escena de la ducha, vale. Que habréis visto mil veces, y parodiada otras mil más. Pero en realidad lo inquietante es la escena final.

—Sí, Los pájaros la vimos muchas veces.

Incluso una vez que la repusieron en la tele en verano mirábamos a la gaviota que se había posado en la azotea del edificio de enfrente con cierta suspicacia. Iba a llover, además. Experimentamos un extraña sensación a la vez.

 —Aunque yo tengo que decir que de él prefiero La Soga. Me quedo con las de suspense.

Pero hacer un ránking de las mejores películas de Hitchcock es una tarea ardua, que da para una conversación totalmente distinta. Quizá otro día. Quizá entonces también hablemos de Kubrick.

¡Hasta el próximo viernes!

p.D: Y nos dejamos tantas… como El hombre de mimbre (la original, no la de Nicolas Cage), o Suspiria, o El resplandor, o Hellraiser, o La matanza de Texas (también la original, por favor), o Los chicos del maíz, o la primera temporada de Twin Peaks, o Al final de la escalera, o cualquiera en la que salga Vincent Price… Si nos las habéis visto todavía, os envidio. 

Deborah Kerr pasándolo mal


4 comentarios:

  1. Primero, me ha encantado esta entrada, me ha parecido muy entretenida por la forma como la has escrito. Y es cierto, a los niños, a partir de una cierta edad no muy tardía, hay que dejarles ver películas de terror si ellos quieren. Los padres siempre han sido más de valorar su propio sueño (y si el crío se levanta y me levanta a mí? pues muy bien, premio al padre del año) ahí no puedo estar más de acuerdo.

    A mi me gustan las pelis de miedo que no lleven casquería, mi nivel de tolerancia a la casquería es limitado (asco, no miedo). Yo creo que mis padres me dejaron ver pelis que siendo de miedo ellos creían que, bueno vale, pero es que son clásicas. Te hablo sobre todo de los diversos Dráculas de la Hammer, por ejemplo: Christopher Lee y Peter Cushing ahi dándolo todo en aquellas producciones tan cutres. Luego vinieron El Pueblo de los Malditos (en la que Christopher Reeve me gustaba más que en Superman), La Profecía (Greg Peck forever), La Semilla del Diablo, Rebecca (riete, pero tambien tenía su cosa), Los Pájaros... y tantísimas otras. Nunca he sido de Freddy y compañía, eso si. Yo soy más de terror gótico, brujas, casas encantadas, leyendas, monstruos legendarios... Recuerdo una época en que un canal de television privado los jueves tenía un ciclo titulado "Noche de lobos" y ponía pelis de miedo... yo me las vi todas, debía de tener unos 13 o 14 años.

    Y el caso es que con la literatura "de miedo" me pasa lo mismo. Miedo todo el que quieras, pero casqueria no: mi imaginación es muy poderosa.

    Tenía que haber ido a Barcelona en otra época, en Sant Jordi no se puede tomar cafés eternos.

    un besote

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    1. Polly, eres muy como M. A ella no le gustan para nada las pelis de casquería. A mí me gustan cuando son gores y tienen humor, lo reconozco. De hecho, lo mejor que ha hecho nunca Peter Jackson es Bad Taste y Braindead. Pero te entiendo perfectamente, algunas pelis son de vísceras de forma gratuita. Las que menos aguanto, en general, son las pelis de bichos: invasiones de avispas, de moscas, etc.

      Aquí te espero a la próxima.

      ¡Besos!

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  2. Vaya TBW que tengo ahora, Jen... :)

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