jueves, 5 de mayo de 2016

algunas notas sobre flannery o'connor

Si os gustó mucho El guardián entre el centeno, o nada en absoluto, en algún momento tenéis que llegar a Wise Blood de Flannery O’Connor, y así hacer amistad con Hazel Motes. Me voy a permitir la licencia de afirmar sin ninguna base científica que Hazel Motes es un arquetipo de personaje similar a nuestro querido Holden Caulfield, con un par de vueltas de rosca más. Hazel está a vueltas del desencanto, y por eso predica en Taulkinham, una pequeña población en el sur de Estados Unidos, los preceptos de su verdad: la Santa Iglesia de Cristo sin Cristo.

Una pequeña muestra de este nuevo dogma: no existe el pecado. No existe el Infierno. Ningún ángel caído que haya pervertido su naturaleza o la de la humanidad (somos como somos). La vida eterna, la salvación o la redención tampoco existen.

Hazel Motes vuelve de la Segunda Guerra Mundial habiendo experimentado una verdadera crisis de fe, por la que se convierte en único abanderado de esta autorreligión que tanto se asemeja al ateísmo. Sin embargo, su comportamiento, el lenguaje que emplea, la necesidad de que todos aprehendan su verdad y la determinación con que defiende esta nueva espiritualidad no son actitudes propias de alguien falto de creencias o espíritu religioso. Motes es un personaje extravagante, que proclama su discurso fatalista con la energía de un fanático. Flannery sí era creyente. Y una escritora del sur. Y su obra es un claro ejemplo del gótico sureño.

Wise Blood, publicada en 1952, fue su primera novela. Es patente que debió de ser una persona con un gran bagaje espiritual. Creo que no me importaría poder mantener una conversación sobre un tema para mí tan odioso como lo es la religión con alguien como Flannery. Con el creyente que sea capaz de ponerse en los zapatos del que no cree. Perdonadme la digresión, pero como atea, me cuesta llegar a ciertos terrenos mentales. No es que decidiera que Dios no existe, es que no le veo ningún tipo de funcionalidad, y pienso que la religión es un lastre para la sociedad. No comprendo un sentimiento que en ocasiones me parece cobardía, el que cree en el más allá no acepta su propia finitud, se disculpa y “Dios así lo ha querido” es una patraña que mata los sueños, y exculpa a muchos que deberían tomar responsabilidad de sus actos, e incluso ser imputados. Paro, porque lo interesante ahora son los ejemplos prácticos en negrita (las traducciones, en cursiva, son mías):

esta no es mi edición, pero me parece una portada muy chachi


“I’m going to preach there was no Fall because there was nothing to fall from and no Redemption because there was no Fall, and no Judgement because there wasn’t the first two. Nothing matters but that Jesus was a liar” 

Predico que no hubo caída, porque no había de dónde caerse, y no hubo redención porque no hubo caída, y no habrá Juicio a falta de ambas. Lo único que importa es que Jesús era un mentiroso.

Una entiende que Hazel se ha sentido muy decepcionado por el mentiroso en el que creía, por convicción o por tradición familiar. Puede que hasta creyera a ciegas. 

“If you had been redeemed (…) you would care about redemption, but you don’t. I preach peace, I preach the Church without Christ, the Church peaceful and satisfied”

De haber sido redimidos, os importaría la redención. Pero os da igual. Predico la paz, predico la Iglesia sin Cristo, una iglesia pacífica y satisfecha.

Para al poco empecinarse en que necesitaban a un “nuevo Jesús” (oops, spoiler!). Es como si Hazel estuviera intentado vivir menos atormentado con su nueva antirreligión, como si necesitara una nueva fe porque al fin y al cabo, a diferencia del ateo, no pudiera vivir sin una. 

“Your conscience is a trick (…). It doesn’t exist though you may think it does, you had best get it out in the open and hunt it down and kill it, because it’s not more than your face in the mirror is or your shadow behind you”.

Tu conciencia es un engaño (…). No existe aunque así lo creas, lo mejor sería que te la sacaras de encima, la abatieras y acabaras con ella, porque no es más que el reflejo en el espejo, o la sombra tras tus pasos.

Este fragmento me pareció especialmente brutal, porque casi sin querer, Hazel/Flannery parecen negar la existencia del alma humana. O quizá es un consejo en voz alta al yo pasado, a ese que seguramente ha visto barbaridades en la guerra, y ha cometido otras tantas.

Con estos tres ejemplos lo que quería expresar es que lo mejor de Wise Blood no son los sucesos, sino la antirreligión y las reflexiones, bastante polémicas para el contexto. Una lástima que esta obra pasara tan desapercibida en su momento.

Flannery con los libros, no con los pavos reales


MUCHOS SPOILERS: ¡adelante, mis valientes!

Wise Blood os va a hacer reflexionar, Hazel Motes se presta a muchos debates teológicos y existenciales. El fervor con el que Hazel defiende su dogma ante las salas de cine y los teatros se ve de repente superado un día cuando intenta escapar de la ciudad y se encuentra con un extraño personaje, que bien podríamos asimilar a su excelentísimo Mefistóteles. Así sin avisar, ese color de ojos y actitud sobrenaturales. Suceso que termina de forma abrupta con Hazel cegándose a sí mismo e iniciando la decadencia de la decadencia, si tal cosa es posible.

Quizá no tenía suficiente “wise blood”.

Hazel acaba sus días como un asceta, más cerca de la fe que nunca en mi opinión. Incluso podríamos decir que se vuelve un penitente: se llena los zapatos de piedras, camina durante horas y horas y horas comiendo lo mínimo. Tira el dinero de su pensión de veterano. 

Como buena historia del gótico sureño, Wise Blood es un poco una pesadilla con bastante humor y violencia, abierta a muchas interpretaciones, y que estrenaba el talento de la que dicen que fue una de las mejores cuentistas de Estados Unidos (I can’t wait, tengo que leer los cuentos ya). Si la leéis, espero que me digáis qué pensáis al respecto. ¿Hazel cree, o no? ¿Recupera la fe perdida? Quizá podríamos considerarlo un apostata. Aunque yo prefiero verlo como un creyente caído. 

Volveré el próximo viernes - cross my heart!






6 comentarios:

  1. He llegado hasta la parte de los spoilers, que no me importa comerme spoilers según qué cosas, pero cuando algo me llama la atención, algo de lo que sé muy poco o nada, como es este caso, casi prefiero ir en blanco y luego comprobar si he llegado a donde debería haber llegado o si he encontrado otra salida.

    Yo nunca entendí la religión. Pero en general no me molesta, las creencias son un asunto personal. Me molesta cuando la religion, que es personal, se convierte en algo social que o lo sientes o lo sufres. Porque este país es así (el dia del Carmen, patrona de mi barrio, ponen altavoces en las farolas de mi calle para que oigamos la misa de las 7 de la mañana si o si).

    No he leído a Flannery O'Connor, no sé cómo es su estilo pero se me hace extraño que una escritora del sur de Estados Unidos, con lo metidísimo que llevan allí a Jesucristo y demás (y más aún, en su época) plantee un personaje que se cuestione temas religiosos ¿debería empezar a leerla por aquí?

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    1. Paula, yo creo que lo mejor de Flannery son los cuentos. Aunque todavía no he podido leerlos. Y Wise Blood me ha gustado mucho. Creo que puedes coger lo que quieras, y será un éxito. Hay gente que prefiere empezar por el principio, o por lo mejor. Si sólo pudiera elegir una de sus obras, y aun sin haberla leído, quizá diría que lo mejor es empezar con A Good Man is Hard to Find ;)

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    2. Aunque yo creo que voy a tirar por el Complete Stories.

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  2. ¡Qué interesante! Y más teniendo en cuenta el contexto histórico y de las creencias de la propia escritora... Y que la religión sea algo tan degradado como para que una propuesta de anti-religión contemple esto: "I preach peace, I preach the Church without Christ, the Church peaceful and satisfied". Como persona "no usuaria" de ninguna religión me parece muy genial. En definitiva, una obra a tener en cuenta.

    ¡Un abrazo!

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  3. Me recuerda muchísimo a la "duda agónica" de Unamuno, y creo que tiene muchísimo esfuerzo personal escribir sobre el ateísmo y el desencanto siendo como era intensamente religiosa.
    Por otro lado, Flannery puede que estuviese reflexionando en su novela sobre la duda que indudablemente tendría en su interior, desarrollando ideas incisivas que no podía negar.

    No he leído aún a esta escritora, pero la tengo anotada hace años, y con esto que nos cuentas me interesa muchísimo más, los fragmentos que escogiste tienen mucha fuerza y sobrecogen.

    Abrazos Jen!!

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    1. Me pasa con Flannery como con Michael Gira. Y es incluso extraño. Me sorprende que con lo religiosos que son, me puedan fascinar tanto. Un beso!

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