viernes, 29 de abril de 2016

misconceptions

El tren siempre se detiene en el túnel antes de entrar en la estación de Arc de Triomf unos cinco minutos. A veces son diez. A veces un buen rato. Aunque aquella mañana no me importaba porque por fin le había cogido ganas a Hazel Motes, el personaje de Flannery O’Connor que en Wise Blood se convierte en el único predicador de la “Iglesia de Cristo sin Cristo”. Estaba en el sur y no tenía presente a la gente a mi alrededor. Posiblemente me había puesto cómoda, porque no estaba en ese convoy. Yo era Hazel Motes. 

Aquella mujer me hizo lo mismo que Enoch Emery le hace a Hazel en un momento dado: me cogió del brazo, cuando el tren se encontraba detenido, e impuso su presencia. Me sacó de la novela de golpe. Para cederme su asiento y pedirme disculpas reiteradas porque no se había percatado hasta entonces. Aquella mujer que mínimo tenía la edad de mi madre, que no sabía que a ciertas horas y en ciertos estados mentales no me apetece hablar con nadie. Treinta cuatro años más joven que yo por lo menos y me invitaba a descansar mis piernas, porque obviamente creía en mi estado de buena esperanza. Yo era la Madonna.

not pregnant


La confusión es justificable: mi sobrepeso, el vestido tirado en la parte delantera y la mala postura. Quizá por mínima sorpresa, o porque como siempre reacciono tarde, no se lo dije, que no, señora, que no estoy embarazada, sólo gorda. Y como solamente me limité a rechazar el ofrecimiento, ella insistió:

—¿Pero por qué no? Tú llevas más peso encima que yo, eh.

Aquí podría haberle dicho que eso solamente nos lo podía calcular una báscula y que, en todo caso, no era un dato relevante ni de su incumbencia. Pero dije que no a secas. Y ella que sí. Y ya sin darle opción, antipática como nunca, le ordené:

—Haga el favor de sentarse ya de una vez.

El tren se puso en marcha de nuevo. Siendo honesta, lo que más me molestó es que ya no pude volver a ser Hazel Motes. En menos de cinco minutos llegaría a mi parada. Y otros pensamientos se agolparon en mi cabeza alrededor de este suceso. Los listo a continuación:

1) Me consta que esta confusión la han sufrido otras mujeres a mi alrededor. ¿Alguien quiere compartir su historia?
2) Maldita la gente que interrumpe.
3) ¿Pero por qué narices no he dicho la verdad?
4) Puedo escribir una historia sobre una mujer que sube al tren soltera y baja de él encinta (quizá lo haga).
5) Tendría que haberle dicho a mi interlocutora forzosa que no se preocupara en exceso, que el niño estaba muerto y me lo tenían que quitar.
6) Tendría que haber hecho los diez minutos de cardio esta mañana.

El pensamiento número 6 pertenece a esta mujer que os asegura no tener complejos. Pero la verdad es que el único que vuelve, aunque sea por unos breves instantes, es el de tener barriga. Quiero ser totalmente honesta aquí.

Estoy en edad de tener hijos. Era un ofrecimiento amable, y totalmente desafortunado. S. me contó que una vez cometió el mismo error y le acarició el tejido adiposo a una mujer que no conozco pensando que dentro había un ser vivo.

Lo que me gustaría dejar claro es que no he pasado vergüenza para mi sorpresa, y quizá no he querido sacar aquella mujer del error porque no la pasara ella.

También he pensado durante tres segundos en quemar el vestido, no os voy a engañar. Pero me gusta, porque cuando subes los brazos, se queda en ese límite peligroso de estar a punto de enseñarlo todo. Esa situación hubiera sido más divertida.

fake pregnancy


La única conclusión que puedo ofreceros es que de nuevo se constata que sobre el cuerpo de la mujer hay demasiadas convenciones sociales ejerciendo su presión. Nos observan cien mil ojos. Se presuponen cien mil ideas sobre nosotras que pueden estar equivocadas. La mujer gorda vuelve a ser invisible, la gordura se digiere bien en un estado temporal de buena esperanza. De lo contrario nadie quiere hablar. También que las que rozamos la treintena nos preguntarán mil veces sobre nuestros hipotéticos retoños. Nos ofrecen ácido fólico tumbadas con las patas abiertas mientras nos practican una citología. Nos gritan: ¡mujer, ahora es el momento! Reprodúcete. Propaga tus genes. No te quedes sola. Y de nuevo preguntan: ¿y tú no quieres tener hijos? Y yo añado: ¿y tú sabrías qué contestar si te ofrecen ser comandante de una nave espacial en 2025?

Recuerdo la sonrisa de esa mujer que me creía embarazada. Embarazada, impregnada con la semillita de un hombre. Embarazada = mujer con estatus. La gloria más alta de todas. Nuestro mayor logro parece que sigue siendo este dictamen de la naturaleza. Como si las madres no abrazaran el anonimato de un tren como ciudadanas a diario. Como si las madres en estado de gestación tuvieran que compartir detalles personales con cualquiera, porque claro, eso es vivir en sociedad, ¿no? Y más en esta época de enseñarlo todo en Instagram.

Creo firmemente que a todos nos iría mejor si limitáramos lo de interrumpir a los que están leyendo, pues seguramente tienen entre manos algo interesante. Sólo debemos interrumpir al que lee si A) nos encontramos ante una emergencia, como un fuego o una catástrofe climatológica y B) es el amor de nuestras vidas y no podéis perder esta oportunidad. Os recomiendo además que no intentéis colar que os habéis leído un libro o a un autor al que sólo conocéis de nombre delante de un extraño.

La conclusión real es que a la próxima oportunidad no le ahorro la vergüenza a nadie. Que los incautos aprendan a ofrecer su ayuda y su amabilidad a los que de verdad la necesitan, que en esos casos siempre son los primeros que miran para otro lado.

Y deseo con toda la fuerza de un ciclón que nos podamos volver a leer el viernes que viene.

¡Buen fin de semana! 



12 comentarios:

  1. Luego llevas cara de cansada y has estado trabajando 14 hrs seguidas y cargas con 4 bolsas y nadie se apiada de ti. Pero tener un barrigón con bebé es diferente, por eso me repatéan las preñadas. Se creen que están discapacitadas todos.

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    1. Pues mira, una vez una vecina de mi barrio me cedió el asiento al ver que tenía una cara de cansada que no podía, y encima iba cargando libros. Acepté, la verdad. Que te cedan el asiento porque vas cargada y cansada es raro, pero hasta esas cosas te pueden pasar. ¡Un beso!

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  2. Yo te puedo contar mi historia con la ginecóloga de la seguridad social. Cada dos años me toca revisión, y sufrir su acoso psicológico para que sea madre.
    Me lleva ofreciendo ácido fólico desde por lo menos los 30, insistiendo en que planifique mi embarazo, que se me pasa la edad de ser madre y otras lindezas. Una y otra vez a lo largo de mis visitas.
    La última vez ya es que le dije: no tengo pareja, ni ganas, y me lo vas a mantener tú con mi único sueldo de ni llego a mileurista?
    Este año pienso decirle: ya, por fin, he llegado a mi meta de los 40, nunca jamás he tenido instinto maternal, ese tan cacareado y manido; no me interesa tener hijos, ni tu ácido fólico , ni tus proyecciones de maternidad como si fuera lo único que le interesase al Estado, que yo me reproduzca.
    Tengo hasta ganas de ir a verla para soltarle mi speech después del suyo.
    De hecho , con mis 40 me ha llegado la liberación de tener una única certeza en mi vida: que ya no voy a ser madre y tan tranquila.
    Petonets Jen!!!

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  3. Tenía un nudo en la garganta. Jugueteaba con el bacalao que me había preparado mi abuela, ya que cada fin de semana que venía de visita desde Barcelona se encargaba por prepararme uno de mis platos favoritos. Per esta vez no me entraba. Me había costado muchísimo tomar la decisión que, para entonces, ya no tenía vuelta atrás. Sólo mis padres y amigos más cercanos habían compartido conmigo esos duros momentos de poner la balanza figurada y sopesar. Pero tenía que decírselo al resto de la familia. Ese domingo no iba a coger un vuelo de vuelta a Barcelona.
    - Tengo que contaros una cosa - me temblaba la voz y tenía el párpado inferior de debajo de los ojos a punto de desbordar de lágrimas. Mi prima pequeña me miraba aterrorizada.
    Mi tío me miró, creo que sólo fueron unos segundos pero yo creo que adiviné miradas de sorpresa, preocupación...
    - ¿Qué pasa? ¿Estás embarazada? - Me lo dijo serio. - ¿O te vas a casar? como para quitarle hierro al asunto.

    - No, no, no es eso -me apresuré a decir, viendo la tormenta que se me avecinaba. Entonces les expliqué que había decidido dar un cambio radical en mi vida profesional, y que me estaba costando tanto decírselo porque tenía miedo de decepcionarles.

    "Ah, es eso" fueron los comentarios generales tras mi explicación. No sé si fue alivio, o más bien, precisamente, decepción.

    Ya sé que no viene a cuento, que es muy diferente que lo que te ha ocurrido en el tren, pero un poco sí que tiene que ver. Más en la cuestión de género que en la cuestión corpórea en este caso. ¿Por qué? ¿Por qué cada vez que tengo que dar una noticia todo el mundo se espera que tenga que ver con mi fertilidad, o estado marital? ¿Por qué nadie espera que cuente que me han dado un Pulitzer, que me ha tocado la lotería, que me van a publicar un libro, que he conocido a un famoso, que voy a salir en las noticias, que me voy a vivir al trópico, que he decidido comprarme una cabaña?

    Te extraño, Jen.

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    1. No, si te entiendo perfectamente. Y a veces pienso que seguramente si dijera en casa "estoy embarazada" sería una alegría máxima para todos. Ayer volvieron a decírmelo. Hasta tuve un "detallito" del día de la Madre. Hello? Bueno, va, soy la mamá de Brandon, así que supongo que colaba.

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  4. Molt molt bo Jen. Escrius de meravella. Quina il·lusió tenir-te ara cada divendres ;)

    Ja ara fa un any, estava al FNAC mirant llibres. Estava treballant de pràctiques i els migdies anava a casa o dinava pel voltant de l'oficina i després anava a mirar llibres. Un dia, després de dinar al parc un tupper i fruita, estava revisant els llibres de Butxaca quan se m'acosta una dona i em va preguntar, gratuïtament: Estàs embaraçada??? amb un somriure d'orella a orella.

    Vaig flipar. D'acord, estava traient panxa per la mala postura, però 1) tenia 22 anys, 2) no la coneixia de res i no vaig fer cap gest que invitava a una conversa.

    Crec que aquestes preguntes, tant en dones com en homes, no acabaran mai. I el que m'espera, que encara no estic en "edat" de bombardeig de preguntes d'intromissió de la vida personal...

    Mentres, podem aprofitar a seure'ns si ens ho ofereixen ;)

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    1. No em puc creure que a tu també t'hagin preguntat si estaves embarassada. Això ja és obsessió social. És com si tothom vulgués ser el primer en trobar una embarassada al carrer i felicitar-la per primer cop. Potser donen un premi i no ens hem enterat...

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  5. A mi nadie me ha preguntado por mi no maternidad, ni para cuando, ni nada... supongo que no soy embarazable, yo que se. Es raro ¿sabes? todas las mujeres de a partir de 28-30 que conozco o han sido madres o planean serlo o son presionadas para que lo sean. Yo no. Nunca jamás nadie me ha preguntado ni por este tema, ni por mi vida sentimental (que esa es otra). Pero yo no digo ya dentro de mi familia, es que fuera de ella tampoco. Y no se si es normal, porque a todas se lo han preguntado o insinuado de diversas maneras. Yo no me veo con un bebé, pero de pequeña si que quería crecer y casarme y todo eso. No soñaba con bodas y tal, no, soñaba con tener familia, sin más. Pero ahora ya no... ahora quiero tener amigos y sobrinos, y gatos.

    Yo quiero un relato corto sobre el punto 6, de tu puño y letra.

    Y besos

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    1. Pero tú eres muy jovencita todavía, ¿no, Paula? También te digo que quien quiere formar una familia, creo que lo acaba haciendo en algún momento u otro de su vida. Sea una familia típica o atípica. En cuanto a lo de las no-preguntas, tiene su parte positiva, pero entiendo a lo que te refieres. Tengo un amiga asturiana que siempre decía, ella toda muy sabia: la gente es imbécil. Y punto. ¡Mua!

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  6. ¡Seguro que la mujer lo dijo con toda su buena fe, pero como experimento social, la respuesta 5 habría sido de película! (¡Y el punto 4 es muy muy buena idea! También dan de sí las abuelas del bus que chillan al que se siente en los reservados... ¡Aunque lleve muletas!)

    Las situaciones de ceder asiento en el metro son extrañas a más no poder. Yo no he vivido la situación del embarazo, pero sí tuve una vez una bajada de tensión muy grande y me senté en el suelo porque estaba al borde del desmayo y nadie me cedió el asiento porque debían pensar que estaría drogada (joven, demacrada por los examenes finales, etc.). Las caras eran un poema.

    ¡Un abrazo!

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    1. Pues muy mal que no te ayudaran :( Jo, en estos casos pierdo la fe. Curioso que el otro día mismo vi a una señora mayor tomándola con una mujer de un 40 años porque se pensaba que la segunda iba a sentarse en un reservado del bus. En realidad, sólo quería pasar al primer asiento, justo detrás del conductor, porque ahí estaba su pareja. En todo caso, la reprimenda fue ridícula. Primero, porque no era su intención ocupar el asiento. Segundo, porque eran dos asientos, y en el caso de haberse querido sentar, entraban perfectamente esta señora mayor y la de 40 años. Luego cuando necesitas que la gente hable en voz alta y no consienta según qué actitudes, todo el mundo calla. ¡Un abrazo!

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