viernes, 22 de enero de 2016

las dos últimas lecturas

Fue al ver mi primera película de samuráis hace algunas semanas cuando recordé la promesa que me había hecho a mí misma de leer más cuentos a partir de ahora. Y entonces me acordé de Kobo Abe, de lo mucho que me había gustado Idéntico al ser humano, libro que me reconcilió con la literatura japonesa, a la que mentalmente tenía catalogada con un severo “no me interesa en absoluto”. Sí, un prejuicio del que culpo, por supuesto, a Murakami.

El caso es que Kobo Abe no sólo demostró, como era de esperar, que era un craso error despreciar toda la literatura de un país porque un autor en concreto no me gusta. Me sedujo. Tenemos algo en común, por principios, y él incluso le puso nombre: la ficción científica. Es decir, el hecho de distorsionar los parámetros de la realidad más mundana con la incursión de un elemento absolutamente dispar, más propio de géneros como la ciencia ficción o la fantasía. Algo que en Los cuentos siniestros, que además son bastante cortos, emplea mucho mejor que en Idéntico al ser humano o La mujer de arena. Y digo que es algo que tenemos en común porque la poca ficción que he podido escribir en esta vida siempre ha perseguido ese fin. Ahora le puedo dar nombre, me quiero entregar a la ficción científica, y que me abrace.

la portada no es lo más atractivo del mundo, pero la belleza está en el interior


Lo voy a decir cien veces, y luego otras cien: en corto es donde un escritor se luce de verdad si dispone del talento necesario. Las siete piezas que componen este recopilatorio son siniestras porque son narraciones raras, extrañas, producto de una grandísima imaginación que por suerte no se desborda en torpes sucesos mágicos, que a veces me dan hasta rabia. Creo que lo que me disgusta del género fantástico, disculpad este inciso, es que en nombre de la Fantasía muchas historias se cierran deux es machina y todos contentos. Y eso me molesta, preferiría que quedaran abiertas. Se abusa de lo que es de cajón: por ejemplo, tener en una novela fantástica un mago, un dragón, o un reino inventado, es como tirarse a la piscina con manguitos. Lo verdaderamente artístico, y sólo es una humilde opinión, es ver al hijo de vecino en una situación estrafalaria y que el autor se saque de la manga la solución más inverosímil, y la haga funcionar, dentro de la misma zona urbana donde tú vas a trabajar.

Ya. Jennifer. Ya.

Aspiro a soñar historias como La muerte ajena, donde el protagonista llega a casa y se encuentra con un cadáver, y la espiral de locura en la que entra te deja noqueada. ¿Cómo es posible dicha interpretación? Todo es posible en literatura. Como en El Grupo de Petición Anticanibalista y los tres caballeros, que es casi una pieza teatral, en la que la sociedad ha evolucionado hacia el canibalismo. Os vais a reír antes de tener tiempo a escandalizaros. Casi todas estas historias me han fascinado. Nada me complace más que un cuento excelente, corto, sobrio y de conclusión imprevisible. 

Y todo por una película de samuráis…

La otra lectura, que acabé ayer, fue The Glass Castle de Jeannette Walls. El año pasado me enganché a las biografías, sobre todo a las de mujeres, y ahora me he vuelto una yonqui sin complejos. Creo que porque siempre he tenido tendencia a los dramas, a las historias bellamente tristes, que pueden ser más tristes, más trágicas, cuando se sabe que es verdad, que pasó. No me importa siquiera lo que se pueda añadir de ficción a una autobiografía. Se entiende que la memoria es editable, que es incluso obligación del artista hacer uso de todos los recursos para así transmitir mejor el mensaje.

esta portada sí que me mola


No obstante, no veo en Jeannette la intención de añadir nada, de exagerar nada, de juzgar con dureza su infancia. En The Glass Castle no hay espacio para la autocompasión o el rencor. Jeannette ha venido a contarnos la historia de su infancia, en la familia más disfuncional que os podáis imaginar. Una lección de cómo te reconcilias con el pasado cuando lo dejas en el pasado. Un ejercicio que la autora necesitaba, no es que esté por encima de los demás y haya nacido magnánima. Sus padres son personajes carismáticos, aunque una desearía que jamás hubieran sido padres. Rex y Rose Mary Walls son un material estupendo para la narrativa, y ojalá fueran tejido ficcional. Pero no. 

Y aun así, quizá porque así lo dictan el ying y el yang, aunque hay momentos en la biografía de Jeannette en que deseas que aparezca alguien, por favor, para cuidar como es debido de esos niños, ya sea una pariente lejana o un asistente social, hay que reconocer que es loable que unos padres inculquen a sus hijos el amor por la lectura, o el respeto hacia los demás, sean del color que sean. Es posible que Jeannette lo recuerde más bonito de lo que en realidad fue. No la conozco personalmente, pero no se desprende en sus confesiones una tendencia hacia lo contrario. Como se suele decir, no se regodea en detalles morbosos.

Pero es un libro de desgarro emocional.

Tengo que advertiros, porque me encantaría que todos lo leyerais. 

Y ahora estoy haciendo los deberes con Effi Briest, gracias a mi querido I. ¿Es una novela machista, o feminista? Tengo que leerlo, que meditarlo, y quizá me atreva a contestar esa pregunta en un futuro post. ¿Se puede hablar de realismo decimonónico en esos términos? La novela se publicó en 1894, Fontane bien podría haber entrado en contacto con ideas feministas (hola, Mary Wollstonecraft). En fin, divago en voz alta… Mejor otro día.

Otro día más. 

  

2 comentarios:

  1. La literatura japonesa puede ser muy hermosa, o muy turre según se encuentre tu sensibilidad en ese momento. De Murakami con que te leas uno vale, me parecen algo repetitivos. Yukio Mishima demasiado trágico. La novela de Genji, hermosa y monumental, pero demasiado alejada de nuestra sensibilidad actual. Por lo demás, la literatura fantástica tampoco es para mí en líneas muy generales. Sólo excluyo las obras maestras que me emocionaron de niña y lo siguen haciendo de adulta: Tolkien, Ende y poco más. No sé por qué, pero esos libros forman parte de mi vida.

    El castillo de cristal lo tenía ya anotado para leerlo, y con tu recomendación más.
    Effi Briest creo que te gustará, no te lo plantees como algo feminista o machista, simplemente disfrútalo porque es un gran clásico incrustado en su tiempo y sus costumbres.
    Petonets!!!!

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    1. Pues querida, una vez leída Effi Briest, sólo puedo decir que prefiero a Anna, y que me deprimen bastante estas novelas decimonónicas donde el adulterio es un pecado criminal. Creo que he superado la época en que sólo quería leer novelas realistas del s.XIX. Y mira que me habían gustado como nada en este mundo. Pero, uff, te deja muy de mala leche. Y como digo, a falta de leer La letra escarlata, mi adúltera es Anna.

      Ya me dirás sobre El castillo de cristal.

      Mua!

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