jueves, 15 de octubre de 2015

sólo en días tristes

La primera vez que leí a Vasili Grossman, lloré como pocas veces he llorado leyendo un libro. Aquel pasaje en aquella casa en una aldea desolada por el hambre y la muerte en Todo fluye, que leí casi del tirón para Literatura Rusa, no podía ser más demoledor, más si se tiene en cuenta que Grossman dota a la ficción de rasgos muy propios del reportaje. Fue corresponsal en el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Vivió las purgas estalinistas. El hambre que causó la colectivización. El ostracismo que soportaba todo aquel que escribía con la intención de informar sobre la pura verdad. Una tiene la certeza de lo que lee en sus novelas pasó en realidad, no importa el formato en el que esté presentado. Vasili estuvo allí. Es su gran virtud, y la característica más devastadora de su narrativa: fue un gran escritor porque fue un magnífico cronista de su tiempo.

A la izquierda, nuestro querido Vasili cuando los soviéticos liberaron la ciudad de Berlín

Durante muchos años he recomendado acercarse antes a Todo fluye que a su obra magna, Vida y destino. Comparaciones de manual aparte, creo que para leer esta última, se debe tener tiempo, se debe tener mucha curiosidad por una época, y saber cerrar el libro cuando toca. Por su magnitud, por su estructura, por la información recabada, por supuesto, si hubiera que destacar una única obra, aunque me quede con todo, y con Él sobre todo, diría que Vida y destino es su mejor obra, y quizá una de las mejores novela rusas del s. XX. Para añadir posteriormente que yo empecé por Todo fluye, a ver si inclino un poco la balanza a su favor. Aquella llorera me ha marcado para siempre.

Recuerdo empezar Vida y destino la primera vez que tuve que llevar collarín, tras una de mis peores experiencias en la vida, un ataque de vértigo. Yo no sirvo para la convalecencia, pero no pude haber escogido mejor compañía para los días de esterilla y cama. La esterilla es un objeto que me disgusta profundamente, pero siempre la recuerdo cuando pienso en Vida y destino, e incluso visualizo el estampado. El día que cerréis por última vez Vida y destino quizá se os encoja el corazón. Por haber experimentado algo bello y terrible, quizá en el orden inverso.

Ahora creo que voy a tener serias dudas sobre qué recomendar, porque Eterno reposo y otras narraciones también me parece una forma inmejorable de adentrarse en el mundo de Vasili Grossman. Mi vida como lectora empezó con cuentos; mi amor por la literatura de la madre Rusia, con aquel recopilatorio de cuentos folklóricos ilustrados para niños que me regaló mi madre. Parte de una colección de distintos países y autores destacados, pero siempre mi tomo favorito.  Los cuentos de Grossman, cómo no, son como el resto de su producción: episodios de la historia del s.XX; escritos con un estilo al que no se le puede poner ni una pega, y preciosamente tristes.

No diré que tratan sobre los grandes olvidados de las guerras y las purgas. No puedo simplificar diciendo que son retratos de las injusticias sociales, de la cotidianidad en tiempos de tiranía. Vasili estuvo allí, de nuevo, y esto es lo que tuvo a bien recoger. Para que no caiga en el absoluto olvido. La sorpresa más grande es que en esta recopilación de sus cuentos, la primera en nuestro idioma, los animales son protagonistas de dos de los nueve cuentos. Siempre sin dejar entrever su opinión, como buen periodista, aunque se adivine la tendencia, se me ha ocurrido imaginarme que Grossman era un verde y un ecologista de corazón. Verde nunca hubo lugar a duda, pues como en tantos escritores rusos, en sus historias está presente esa parte del alma rusa enamorada y asombrada con la naturaleza. La taiga, la estepa, la textura de las hojas de los árboles y el aroma de las flores. Los ruidos del entorno, los olores. Sé que quizá a muchos hoy les puedan aburrir las descripciones sobre la naturaleza, yo no es que sea una fanática. Pero creedme, en la literatura rusa, dichas descripciones tienen un papel fundamental, y siempre vienen a cuento. Son casi un rasgo social. La nieve. La nieve te la tienen que explicar con pelos y señales. Yo sé qué significa nevar gracias a mis amados autores rusos.

Sin embargo, por no hacer esta reseña eterna, voy a destacar simplemente dos cuentos, los que me han hecho ganas de gritar en el tren: «¡Pero qué grandísimo cuentista eras, Vasili mío!». Me abstuve, por suerte, y luego I. y E. me dejaron comerles el tarro un rato al llegar al trabajo, y emocionarme en voz alta de paso. Sin dudar, me quedo con Eterno reposo y con Fósforo.

Esta es la edición de Galaxia Gutenberg que M. me regaló :) Thanks!

Eterno reposo por cuestiones de estructura que no voy a detallar ahora mismo, porque no quiero chafar la sorpresa a nadie que se fije en estos detalles y todavía no lo haya leído. Para mí la forma siempre ha sido muy importante. El dominio en las distancias cortas es lo que siempre me ha parecido más admirable y envidiable en un escritor. Que se pueda premiar la estructura en un cuento corto, ya me parece lo más. Eterno reposo no tiene protagonistas específicos, sino un variado elenco, y es casi un estudio sociológico del cementerio moscovita de Vagánkovskoie en la época soviética. ¿He despertado vuestra curiosidad? Pues pinchad aquí.

Fósforo es un relato sobre la amistad, la larga, la de un grupo de amigos narrada por uno de sus participantes. Sus éxitos, las juergas y las conversaciones, y las confrontaciones y desplantes. La evolución, la distancia, la desidia. Quizá aquí sea esencial recordar que durante los años 30 las purgas estalinistas destrozaron la vida de muchas personas, que acabaron pasando largos años en el Gulag, o sin derecho a correspondencia. Aunque un poco de historia soviética ayuda a que no se nos escape ni un solo detalle, Fósforo es principalmente un relato y un análisis sobre la empatía y el afecto. De nuevo, sin mediación ni opinión por parte del escritor, como si solamente se dedicara a mostrarnos las entrañas, y que juzguemos por nosotros mismos. El problema es que nos veremos reflejados, y quizá no nos guste, o nos empañe los ojos cuando menos lo esperamos.

Por eso, quisiera preveniros y daros un pequeño consejo, que podéis tomar o no: leed a Vasili sólo en días tristes. Pero leedlo, pues días tristes tenemos todos. Días tan oscuros y grises como los de una semana lluviosa. Días en los que quizá también podáis escuchar a Sviridov. Ha sido idóneo poder volver ahora, cuando siento que no estoy donde toca, y mejor no preguntéis, no metáis un dedo en la llaga. Cuando estoy triste, reniego con fuerza de la psicología inversa y del obligarse a sonreír. En días tristes prefiero refugiarme en la literatura triste, en la música triste, en las películas tristes. Porque los accesos de melancolía, de nostalgia incluso, son procesos naturales que no se cortan ni se arrancan de raíz. Se disipan, se diluyen, tienen puntos álgidos, momentos para respirar, para la desazón más absoluta, y al final, se agotan, se acaban. Como reza el sagrado panta rei: Todo fluye, nada permanece. 

¡Hasta pronto!




6 comentarios:

  1. Te entiendo, cómo te entiendo...los días tristes no hay que evitarlos, hay que sentirse inmersa en ellos y hacerlos tuyos. Seguramente al día siguiente o en tres días estés diferente, de nuevo vuelvas a sonreír. Pero mis días tristes son míos y me niego a ponerles buena cara.
    A Vassili Grossman le leí en Vida y destino, me pareció una obra monumental que me dejó con un nudo en la garganta de esos que no se olvidan. Me tomé mi tiempo, tardé como dos meses en leerla porque había mucho que pensar sobre lo que contaba.
    De hecho, a raíz de leer ese libro me interesé mucho más por las purgas, la Lubianka y Stalin y consulté mucha Wikipedia que de otro modo no habría mirado en la vida. Cerré el libro con un absoluto estremecimiento, no es un texto que recomendaría a todo el mundo...porque no es nada fácil de digerir y la gente en general busca texto fácil y trama sin complicaciones.
    Me apunto Todo Fluye para buscarlo en alguna próxima ocasión. De momento estoy con otro ruso (no sabes cuánto me acuerdo de ti!), leyendo Crimen y castigo estos días. ¿por qué será que el alma rusa es siempre tan atormentada y tendente a cierta locura? ¿será por el infinito manto blanco de la nieve? ;)
    Un abrazo Jen!

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    1. Ay, nuestro querido Raskólnikov. Me temo que diseccionar el alma rusa es algo muy difícil. Quizá por eso me encanta tanto, porque es tan inalcanzable. Sabes, me has dado una idea para un post, algo sobre literatura rusa "feliz". Aunque tendría que rebuscar bien, porque yo ya tengo estas tendencias... ¡Un abrazo!

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  2. Ya sabes que leí "Vida y destino" y me encantó y siguiendo tu consejo he leído este verano "Todo Fluye" y digo lo mismo. Un autor que me tiene encandilada, tengo varias cosas suyas compradas para leer pero me apunto los cuentos que sugieres.

    No sé si lees historia (yo mucha por motivos profesionales y de placer también), te recomiendo la obra de Timothy Snyder "Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin", una obra impresionante donde menciona a Grossman y donde se puede comprobar que éste se quedó incluso corto cuando describió por ejemplo la hambruna provocada por Stalin en Ucrania.

    Abrazos!!

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    1. Supongo que Tierra de sangre es Black Earth en inglés? Le tengo echado el ojo, cada vez leo más ensayo. Y cómo me alegro... Supongo que cuando dices que Grossman se quedó corto hay que tener en cuenta que quizá en su época no tenía la perspectiva que se puede tener ahora, con la distancia del tiempo. Por eso, a veces pienso cuando veo noticias sobre conflictos actuales, que ya se ven horrendos, que dentro de unos años, cuando los analicen, serán aun más terribles. ¡Un abrazo!

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  3. Vale, está claro. Vasili Grossman es un autor que te encanta. Y uno de mis autores pendientes, y creo que lo haré con "Todo fluye", porque te hizo llorar y, qué carajo, me encantan los libros que me hacen llorar (por pena, por emoción, por belleza, por lo que sea).

    Un abrazo

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    1. Ay, Ana, ¿y qué libros te hicieron llorar? Ya por curiosidad, ¿alguno que destacar sobre otro? ¡Un abrazo!

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