domingo, 13 de septiembre de 2015

zami

“Zami” es un término antillano que describe a las mujeres que trabajan juntas con un propósito, como amigas o amantes. También es el título de la biomitografía de Audre Lorde. “Biomitografía”, por cierto, es un concepto que creó ella misma para la ocasión, cuando en 1982 publicó Zami: a New Spelling of my Name. Si buscáis en algún diccionario en inglés, “zami” simplemente lo encontraréis como sinónimo de “lesbiana”. Sin embargo, todo siempre es interseccional en esta vida. Lorde fue una de las primeras feministas negras en reivindicar los problemas de clase, género, orientación sexual y racialidad. También era poeta. Y una guerrera que repudiaba las injusticias. Alguien que celebraba su cuerpo robusto y gordo como herramienta para expresar su sensualidad, reclamar su espacio en este mundo. Aunque en menor medida, en su biomitografía hay mucho activismo corporal.

Una actualización de la portada ya molaría

Zami es el relato de la infancia, la adolescencia y los primeros años de la vida adulta en el Harlem de los años 40-50. Lorde procedía de una familia emigrada de la isla de Granada, estricta y tradicional. Que sobrevivía a los constantes envites del racismo y la segregación intentando ignorarlos y permanecer en una zona de confort. Muy exigua para la comunidad negra en aquella época. Por ejemplo,  Audre explica cómo una vez un blanco le escupió en la calle cuando era pequeña, y cómo su madre, en vez de encararse con aquella persona, le dijo que había gente marrana, que tenía ese feo hábito, y que ella había tenido la pata de cruzarse con aquel proyectil. Como si aquello le pudiera pasar a cualquiera. Su madre la amenazó con una buena reprimenda al enterarse que quería Audre quería presentarse a las elecciones de delegada de clase. Aunque fuera la mejor alumna, le insistió en que eran tonterías y pérdidas de tiempo. En realidad, su madre, aunque brusca y arisca en muchas ocasiones, sabía que su hija negra jamás sería delegada en una clase de blancos.

Lo que más me ha gustado de Lorde, en la primera parte del libro, donde sobre todo habla de su madre y de racismo, es que desde bien pequeña siente que las injusticias deben ser respondidas, que hay que contraatacar cuando se nos ataca, y que una, si calla, de alguna forma consiente. Quizá contestar y denunciar lo injusto le supone enfrentamientos constantes, pero es preferible que a una vida de abusos silenciados. Una de sus frases memorables sería: «Nos da miedo que al hablar nuestras palabras no sean escuchadas o bienvenidas. Pero cuando permanecemos en silencio, el miedo sigue ahí. Así que es mejor alzar la voz».

La segunda parte de esta biomitografía empieza cuando se marcha de casa y rompe con la familia durante una larga temporada. A partir de entonces, empieza una etapa de experimentación sexual, y sobre todo, habla sobre lesbianismo. Y de todas sus amantes y amigas. También narra su viaje a Cuernavaca, describe la comunidad yanqui exiliada en México; relata sus pinitos como activista en contra del Macarthismo, como obrera en una fábrica de Connecticut, y nos descubre todos los bares donde una podía mostrarse con total libertad. Es un relato sobre el Nueva York de los años 50 muy distinto al del gran sueño americano. Aunque a mediados de esa década se inicia el movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos, la biomitografía de Lorde se dedica sobre todo a relatar su vida personal y amorosa; a compartir su poesía, sus miedos e inquietudes como mujer, sus problemas económicos, las condiciones laborales de la época, o detalles tan triviales e interesantes como lo que costaba la ropa, los alquileres y qué playas y sitios eran aconsejables si una mujer sola se quería sentir segura, y probablemente ligar.

Lorde acabó convirtiéndose en una feminista bastante radical, con muy pocos pelos en la lengua. Y aunque Zami sea el relato de sus primeros años, una puede entrever que se convertiría en una mujer dura, pero también capaz de expresar con la palabra escrita la ternura del amor y el sexo. Zami no es siempre una lectura placentera, porque leer de forma constante y repetida el desprecio que Lorde siente en su piel por ser negra, y por ser lesbiana, por ser una mujer que quiere dirigir su propia vida, llega a ser agotador. Menos oportunidades profesionales. Más soledad. Dificultad para encontrar nuevas relaciones, para expresarse abiertamente y ser escuchada. Y aunque son escasas 300 páginas, hay mucho pasajes de, por favor, ya basta. Creo muy profundamente en vive y deja vivir. La sociedad tiene esta fea costumbre de opinar gratuitamente y querer definir, categorizar y ordenar la vida de los demás. Es frustrante leer en un texto de 1982 que ha sido así siempre, que hay cosas que nunca cambian. Que la gente prefiere juzgar a los demás, aunque no tengan ni idea ni la capacidad para ponerse en la piel de los demás, a hablar de árboles o literatura, por ejemplo.

Keep it in mind! 


Audre Lorde comenta en el epílogo de Zami que todas las mujeres que han pasado por su vida han dejado una huella imborrable. Es lógico, exceptuando a su padre, sus relaciones más importantes son mujeres. También las más numerosas. Y las que estuvieron allí en etapas difíciles. Admiro su capacidad para tenerlo todo en contra, y aun así, hacer cosas, y conseguirlas. Combatir las adversidades, sin lamentarse. Me parece absolutamente inspirador que se procurara ella misma su sustento partiendo de nada, en una época tan dura y difícil para las mujeres. Y que además se dedicara a hacer activismo. Algo que nació de ella de forma natural. 

Si no podéis leer en la lengua de Lorde, por suerte, la editorial Horas y horas publicó este libro como Zami, una biomitografía. Una nueva forma de escribir mi nombre. En Madrid además cuentan con una librería. Y en Barcelona sus títulos suelen encontrarse en Pròleg (todavía les debo una visita).

Si alguien se anima a descubrir a esta pionera del feminismo negro, estaré encantada de leer sus impresiones ;)


2 comentarios:

  1. vas a pensar que mi comentario está completamente fuera de lugar, y quizá no te equivoques, pero una cosa me ha llevado a la otra. Se ha liado una en los blogs de literatura china que sigo. Resulta que un white poet se puso un nombre chino para que le publicaran una antología. Vaya la que se ha liado. Total, la lucha y los ismos como "marca comercial", un verdadero arma de doble filo. Quiero decir: el desafortunado se ha equivocado en tomar semejante decisión, de acuerdo. Pero acusar a toda tendencia reivindicadora de instrumento comercial para vender ejemplares, eso ya son palabras mayores. La cuestión es que los fuertes siempre ganan. O bien porque utilizan el nombre also de los débiles para ganar lectores, o bien porque acusan a los débiles de utilizar sus derechos como llamadas de atención. Qué difícil.

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    1. Si una no hace ruido, jamás le harán caso. De todas formas, yo creo que en ocasiones es muy difícil remover las conciencias de forma pacífica. ¡Un abrazo!
      ¿Y la antología valdrá la pena de por sí?

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