jueves, 23 de julio de 2015

el activismo corporal es una forma de reclamar nuestra privacidad

El título de esta entrada y lo que os voy a exponer en estas líneas quizá os parezca una contradicción. Pero ayer I. me preguntó por qué había abierto este blog y me obligó a plantearme lo que estaba haciendo con este espacio. Entre otros motivos, mantengo este blog con la firme intención de hacer activismo corporal siempre que pueda. Lo que me hizo reflexionar: ¿activismo por qué, para qué? Quizá la respuesta os parezca un tanto extraña: yo hago activismo corporal para reclamar mi derecho a la privacidad. Mi cuerpo es mío, y de nadie más. Por eso, a su vez, es importante que los cuerpos no normativos ganemos visibilidad y espacio en revistas, películas, series, mandos de poder, etc. Me explico.

Los gordos estamos en el punto de mira de forma constante. Y todo el mundo parece tener una opinión sobre nuestros cuerpos y, por extensión, nuestra forma de vivir la vida (siempre desde un punto de vista negativo). Como si el estilo de vida fuera homogéneo a partir de cierta talla. Parece de común acuerdo que nuestro peso corresponde a hábitos alimenticios que no son sanos, a vida sedentaria, a dejadez, vagancia, etc. También somos blanco fácil para el acoso y los medios de opresión. Por ejemplo, no es infrecuente que en la adolescencia tengamos que soportar muchos ataques y desprecios verbales. Que protagonicemos chistes y memes donde nos intenta ridiculizar. Que llevemos los peores estilos en pantalla. Muy rara vez las gordas copamos las listas de las mejores vestidas o las más atractivas. Y muy pocos dirán que somos un ejemplo a seguir, aunque seamos personas exitosas.

Tirando de archivo: this is the way, my brothers


Todos los mensajes directos y subliminales apuntan en la misma dirección: tenéis que adelgazar. Adelgazar para ser feliz. Adelgazar para ligar (aka para gustar a los demás y responder a una imagen patriarcalmente establecida). Adelgazar para entrar en los cánones de belleza y tirar vuestro dinero cada semana en Inditex. Adelgazar por salud, por los huesos (esto me hace especial gracia, como si de repente todo el mundo fuera médico, con lo que cuesta sacarse esa carrera). Adelgazar para que la sociedad nos deje en paz. Pues verán, camaradas, a mí me van a dejar en paz porque es lo que yo he decidido. Mi cuerpo es mío, y sólo yo decido sobre él. Mi vida también es mía, y no acepto opiniones y comentarios sobre cómo tengo que llevarla. Cada uno tiene la suya, que se ocupe de ella como mejor pueda. 

De la misma forma que ciertas cosas solamente me incumben a mí, por ejemplo, mi salud, mis hábitos alimenticios, mi rutina y lo que me pongo o dejo de poner, creo muy ciegamente en predicar con el ejemplo. Y por eso me expongo en las redes 2.0. Especialmente para predicar con mi imagen y decirles a todos los cuerpos no normativos que vosotros tendréis la imagen que queráis tener. Es vuestra decisión. Nadie os lo impide. No es una frivolidad, es un mecanismo de lucha tan válido como cualquier otro. Así que hago activismo por eso. Para contrarrestar toda la porquería socialmente aceptada. Reality bites. Para hacer crónica del momento que me ha tocado vivir. Es la década del narcisismo en red, yo tampoco quería ser menos. ¿Quieres usar bikini? Ponte un bikini. ¿Quieres raparte la cabeza? Rápatela. ¿Quieres dejar de depilarte? Deja de hacerlo, sin mayores dramas. No esperes. Sobre todo no esperes con la archiconocida premisa «cuando adelgace podré ______». Así solamente dejamos trenes pasar.

Un par de personas me han llegado a decir: «No puedo pensar en ti como una mujer gorda». No sé si esto simboliza mi éxito o mi fracaso. Por una parte, entiendo que estas personas se quedan con otros aspectos de mi carácter, lo que es positivo. Sé que lo dicen porque no me comporto como esa gordita al uso, la propagada por los estereotipos sociales, la asustada de su propio cuerpo y de las miradas, que se escode en ropas oscuras que disimulan más o menos las lorzas. La que siente auténtico pavor si alguien le sonríe por la calle, porque quizá lo que va a hacer es mofarse. Pero por otra parte, sí, podemos decirlo sin arrepentimiento y sin disculparnos: soy una mujer gorda, y de paso, con un gusto exquisito (en la vestimenta y la literatura). Soy gorda y yo defino mi imagen, y sé lo que me gusta y lo que no. Y si me apetece meterme la camiseta por dentro del short, pues bien, me apetece y punto y fuck flattering (lo de “favorecedor” también es totalmente subjetivo). Y no es necesario que nadie añada: «Tan gorda no estás», pues no es ninguna miseria. 

Reclamo mi porción de visibilidad y de privacidad a la par. Podéis mirar, pero no comentar. Podéis decidir si os gusta más o menos, pero vuestra opinión no siempre va a ser requerida. Podéis uniros a la fiesta del activismo corporal: salid a la calle con lo que os dé la gana, de verdad. En shorts, en minifalda, sin sostén. Podéis tatuaros todos los brazos, las piernas, el cuello; haceros todos los piercings que creáis necesarios y teñiros el pelo de mil colores. Usar los zapatos que queráis, las camisetas que más os gusten. Las pintas son vuestras, y que miren, y que comenten, pero por dentro.

El activismo corporal es necesario, y es un esfuerzo que debemos hacer a diario, entre todos. El activismo corporal es tan diverso y personal como cuerpos existen. Como imágenes existen. Y al más puro estilo Harvey Milk: mi nombre es Jennifer Camacho y ¡he venido a reclutaros!

El vestido con el que me gané algunos comentarios babosos. Gente sin clase, qué le vamos a hacer



1 comentario:

  1. No había oído nunca lo de "activismo corporal", pero después de leerte he entendido perfectamente lo que significa y su necesidad. No me gusta mentir, por tanto, más de una vez he aplicado esos estereotipos a las personas gordas (siempre por dentro, jamás lo he hecho que yo recuerde explícitamente).

    Que me gusta tu planteamiento y que te alabo el gusto por practicarlo. Te diría que me reclutas, pero no sé si soy tan valiente como tú.

    Abrazos!!

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