jueves, 16 de julio de 2015

aparcar y una llamada de teléfono

En alguna que otra ocasión os he comentado que en esta aciaga profesión pueden reproducirse escenas propias de la lucha de clases. No, esta vez no me he topado con mi Némesis, pero en menos de 48 horas he “conocido” a dos ejemplares humanoides que confunden la atención al cliente con la servidumbre. Y ya sabéis que yo no dejo pasar ni una. El rojo es un color que nos favorece a todos.

Balmes 129 bis queda justo en la esquina con Rosselló. Balmes de por sí es una calle muy transitada, y nuestro chaflán suele ser muy demandado por transportistas, repartidores, taxistas y, cómo no, clientes con prisas. Por supuesto, entre semana, formamos parte de la zona azul, y aparcar como es debido resulta muy caro, además de convertirse en toda una epopeya de giro a la derecha, a la izquierda, sigo recto, media vuelta y otra vez. Como último recurso los numerosos párking de la zona, que imagino que aceptan el pago en órganos si dejas el vehículo durante más de dos horas. Comprendo que nuestra zona del Eixample puede resultar muy frustrante cuando el cuerpo se acostumbra a no tener problemas para aparcar delante de tu adosado en la urbanización más perdida del Vallès. Pero de verdad, que yo no logro entender qué procesos de pensamiento sigue una persona que nos viene a visitar a las doce del mediodía para decidir que es buena idea dejar el coche en doble fila en nuestro chaflán. Sobre todo teniendo en cuenta que se ha abierto el coto de los compradores de libros de texto y comienzan las maratones por distintas librerías para completar la lista (y sólo encontraréis a los más previsores, el auténtico calvario empieza tras las vacaciones), por lo que suele haber bastante gente a todas horas, colas y tú vienes a “por una recomendación”.

Ahí, justo ahí


—Disculpa, ¿tú me puedes ayudar?

Esa pregunta iba para mí, que estaba viviendo el drama de una logística complicada. Importar libros no es un camino de rosas. Pero, por supuesto, asentí. Para arrepentirme en 0,0001 segundos, pues aquella madre con niña a la zaga incluida añadió:

Esquetengoelcochemalaparcadoynecesitoestoslibroslosquetúmerecomeindesparamihijaporquedeverdadloquequierasquetengoprisa.

Acto seguido me tendió una lista que ya había visto en alguna ocasión, con unos 10 autores donde elegir, y me dirigí a la zona infantil. Mientras la madre me perseguía insistiendo en lo que tú quieras, que tengo el coche mal aparcado. Me hubiera encantado responder:

—Una lista de autores recomendados no es ponme un paquete de sal. Primero, tendré que buscar todo lo que tengo. Luego, esperaré que tengas un mínimo criterio y pienses en qué ha leído tu hija y qué no, y qué le puede gustar más. Y además, esperaré que me compres más de uno y más de dos. Y para entonces, muy probablemente, se te habrá llevado la grúa el coche. Y quizá te dé un golpe de calor al ir a buscarlo porque te meterás en un taxi sin aire acondicionado.

Evidentemente el levantarme de la silla y dirigirme con parsimonia a la sección infantil fue adrede. Porque sus “tengo el coche mal aparcados” eran llovizna para mis oídos de librera.

No llegué a sacar el primer libro de la estantería, que ya le estaban pitando. Y aunque a mí me pareció que ella tendría que haber supuesto que iba a pasar, lo que más me chocó es que con toda su finura reaccionara tal que:

—ME ESTÁN PITANDOOOOOOOO… ¡MARINA, MARINA, MARINA! (su hija) ¿TE QUEDAS AQUÍIIIII? –yéndose de la escena, más bien afirmando que preguntando.

Ya no me pude contener y solté el libro que tenía en la mano, e intentando hacer un mínimo de contacto visual, empecé a negar con la cabeza: ¿cómo-se-va-a-quedar-aquí-su-hija-mientras-usted-intenta-aparcar? Era una niña pequeña, a lo sumo de seis años. De hecho, la lista no creo que fuera para ella. Y en el Eixample, a esa hora, aparcar puede llevarte un buen rato, aunque lo vayas a meter en un párking. ¿En serio quieres dejar a tu hija en un sitio extraño? Porque os aseguro que no era una de nuestras habituales, era más bien del tipo gente-que-no-compra-en-librerías. La niña, con más cabeza, se fue tras la madre.

Y yo digo, madres que venís a Balmes 129 bis:

¡¡NO SOMOS UNA GUARDERÍA!! Ni mucho menos vamos a hacernos cargo de vuestros retoños. Next. 

(Aunque yo sea muy defensora de que la sociedad, en conjunto, debe estar en contacto y compartir cosas con los ciudadanos más jóvenes).

Volvió 20 minutos más tarde, tras aparcar o incendiar el coche.

Hoy he tenido otra de órdago. Pero hoy sí que me ha dado tiempo a contestar.

Las doce del mediodía aproximadamente, de nuevo. Dos niños de entre 8-10 años, maleducados, gritando, berreando, a cargo de su cuidadora que desesperada sólo sabía repetir «Lorenzo, ven aquí». Lo mismo que la otra vez: una lista de autores recomendados, entre otras instrucciones para distintos proyectos de verano. Y un saludo muy simple:

— ¿Trabajas aquí?

Seguido de un:

— ¿Me das esto? 

Obedientemente, ya que era títulos concretos, le mostré los dos que tenía de la lista y le dije:

—El resto, si los queréis, los podéis pedir.

A todo esto, Lorenzo no dejaba de quejarse y yo me mordía la lengua por no pedirle que por favor se callara y se quejara por dentro.

La cuidadora no parecía tenerlas todas consigo, los niños no dejaban de boicotearla y yo supongo que ciertos comportamientos no se pagan ni con un contrato indefinido. Llamó con el móvil a la “señora” y me pidió, por favor, que me pusiera. Cosa que hice con una cara satánica. Porque verán, en Balmes 129 bis tenemos un 93 si quieren hablar con nosotros por teléfono. 

La “señora” dispuso. «Dale los de las lista y los otros». Y allí decidí que me iba a vengar. Imperativos, los justos. Porque no había “otros”, eran instrucciones de actividades diversas. Lo que pasa es que le dio la hoja con los deberes de verano a la cuidadora sin molestarse a leerla.

— ¿Qué otros? De los recomendados, les he enseñado los dos que tenemos.

Y ella que los otros. Y yo que qué otros. Hasta que reconoció que, un momento, sin por favor, que tenía que conectarse a mirar en qué consistían los deberes. Yo venga a resoplar, bien fuerte, para transmitir mi cara satánica por las ondas siderales.

Y entonces, tras unos minutos en los que tuve frente a mí a la estoica cuidadora con cara de tierra-trágame-que-la-librera-da-miedo, la “señora” me dio la oportunidad que estaba esperando. Gracias, dear:

—Buenos, pues que de esa lista de recomendados escojan tres o cuatro y los encargu…

Y la interrumpí:

—Verá, es que eso no me lo tiene que decir a mí. Le paso.

El tono seco, lo reconozco. Le tendí el teléfono a la cuidadora y de paso añadí:

—Es que yo no trabajo para ella, que te lo explique a ti. 

Algunos quizá no me vayan a entender.

Pero oye, que venga. O que nos llame al 93. O que envíe un correo. O que compre por la web. O que simplemente dé bien el recado.

Dice D1 que es que yo soy muy mala. Y la verdad, con algunos, soy malísima.

Camaradas, con el enemigo no hay que mostrar debilidad. Hay que ser inflexibles en todo momento. Porque aprovecharán cualquier despiste para perpetuar su señorío. Y no. Yo no soy propiedad de nadie, por muy empleada que sea. Y espero que en esto estemos de acuerdo.

Buenas noches. Y a las barricadas. 

Handle with care...

p.D: De paso comparto la última reseña para Llegir en cas d'incendi, Vuelo nocturno ;) Si procede, por favor, den a like y compartan. Mil gracias. 

4 comentarios:

  1. ¡Madre mía, vaya gente del demonio! Me he reído mucho con tus reacciones (¡bravo, bravo!) pero...Puf, qué de cosas hay que aguantar... Ánimo, camarada ;) Al menos estás rodeada de un paraíso de letras, ¡aunque de vez en cuando interrumpan seres del Averno!

    ¡Un beso!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias, Lucy! Yo soy muy peleona y muy roja cuando quiero ;) La lucha continúa, siempre ;) ¡Un beso!

      Eliminar
  2. Pues estoy contigo cien por cien. Yo digo que ante esas situaciones, miro con cara heladora.
    Una de mis muchas limitaciones es que no leo en inglés, ¡¡lástima!! Si no fuera así ya me tenías de visita en la librería en la que trabajas.

    Abrazos!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo siempre digo que lo de leer en inglés es una cuestión de coger hábito ;) Aunque, igualmente, si algún día te pilla cerca, no sé, quizá te dé por entrar, ¿no? Tenemos un aire acondicionado bien rico, para conservaros a todos en formol. ¡Mua!

      Eliminar