domingo, 14 de junio de 2015

throwback 6 + just kids

Hace casi diez años ya visité con M., por segunda vez, la exposición Vinilo. Discos y carátulas de artistas que organizaba el MACBA. Ya la había visto junto a N. en una época dorada en la que prácticamente cada viernes iba a ver alguna exposición. Trabajar te roba los días. Pero este no es un texto autocompasivo. En aquella segunda visita, volví a caer rendida ante aquel disco de vinilo transparente de Talking Heads. Y M. me instruyó una vez más, como tantas veces en aquella época, sobre música de forma casi providencial: «Oye, ¿has escuchado a Patti Smith?». Ante mi negativa, me contestó rotundamente: «Pues deberías» y me habló de Horses, cuya carátula también se incluía en la muestra (imagen inmortal firmada por Robert Mapplethorpe). A M. le debo muchos acercamientos a la cultura. Así que siempre he confiado en su criterio. Y escuché Horses. Aunque creo que mi álbum favorito de la banda es Easter. Reconozco que Because the Night es un tema mítico, pero a mí me emociona más el Dancing Barefoot del Waves. Y aunque cuando necesito adrenalina casi siempre recurro a Gloria o Privilege (Set Me Free), últimamente he vuelto con mayor frecuencia a la melancólica We Three.



Hace algunas semanas tuve la grandísima suerte de ver a Patti Smith en el Primavera Sound. Algunos comentan que ha sido la peor edición de la historia del festival. Hay muchos argumentos a favor de esta teoría. Pero me da un poco de apuro unirme al carro de las críticas porque tuve la oportunidad de ver a Patti rock’n’rollear a los 68 años y fue uno de los conciertos más catárticos y felices de toda mi vida. Muchos lloraron cuando Patti dedicó Elegie a todos los que ya no están (confieso que a mí también se me empañaron los ojos cuando ella misma se emocionó al mencionar a Lou Reed). Patti fue nuestra profeta durante una hora nada más, pero sus palabras y su música mientras el sol descendía en aquel escampado que parece estar en el fin del mundo (Mordor dicen por ahí) serán difíciles de arrancar de la memoria de los allí presentes. Let’s fuck with the future, camaradas. Nos lo tenemos que pasar muy bien en esta fiesta.

Por eso, inmediatamente al volver a Balmes 129 bis compré Just Kids, lectura que tenía pendiente desde que se publicó en 2010. En esta obra Patti, la poeta y la musa, relata sus primeros años de lucha y búsqueda para convertirse en artista, y su relación amorosa y creativa con el fotógrafo Robert Mapplethorpe, a quien considera el artista de su vida. Aunque no os guste su música, o no la hayáis escuchado activamente jamás (aunque es difícil eludir el Because the Night), si os interesa el arte y os gustaría consagrar vuestra vida a ello, encontraréis esta obra muy interesante. Yo no sé por qué he tardado tanto en abordarla, porque Patti lleva diez años siendo una constante en mi vida y me ha acompañado en muchos momentos de puro tedio. Además, es una excelente narradora. A veces me acerco con cierto miedo a los textos que tratan sobre música porque te puedes encontrar desvaríos sensacionalistas que sólo entiende quien los escribe, pero ella sabe describir muy bien lo que la música y la poesía le hacen experimentar, y expone sus sentimientos sobre el arte y la creatividad de forma que todo el mundo los puede comprender.

Patti ha hecho muchas cosas en su vida, pero siempre tuvo claro que quería ser artista, aunque tuviera que pasar hambre por perseguir su sueño. O más bien, por ser coherente con su espíritu. Supo ser paciente y esperar el momento adecuado, algo que me parece que nuestra generación lleva peor. El éxito no le llegó en la veintena, sino más bien cuando se acercaba a los 30. Eso sí, tuvo la gran suerte de poder encontrar esos treinta dólares en una cabina de teléfono, lo que la sacó de su pueblo y le permitió llegar a Nueva York, conocer a Mapplethorpe en un parque por casualidad y eventualmente hospedarse en el Hotel Chelsea de finales de los 60. Yo que no creo mucho en estas cuestiones karmáticas, reconozco que en su vida parece que se conjuraran todos los elementos adecuados para que al final lo consiguiera. Gracias tendríamos que dar porque al final se diera cuenta (gracias a todos los que le insistieron) de que lo suyo era el rock’n’roll.



J. tiene parte de razón cuando dice que en el tramo final de Just Kids las cosas pasan demasiado rápido, como si Patti tuviera ganas de acabar el libro. También es cierto que la recta final es bastante triste: Mapplethorpe murió con tan sólo 42 años de sida. Y también es cierto que no quieres que esta historia se acabe, no quieres despertar de ese sueño, prescindir de ese apoyo moral que te da su experiencia: nosotros también podremos conseguirlo. Mientras no renunciemos a quienes somos, mientras no nos dé miedo exponernos. Mientras tengamos paciencia y estemos alerta. A veces siento nostalgia de épocas no vividas. Esta lectura induce a ello, a echar de menos a personas que se han ido, que nunca te has encontrado, que nunca supieron que ibas a existir, pero que su música y arte tienen un papel principal en tu vida.

Entendí muy bien a la gente que lloró al recordar a Lou Reed. No quiero ni pensar lo que voy a sentir el día que la prensa le dé el último adiós a Bowie, o a Gary Oldman, o a Patti, o a Thom Yorke… A tantos.

Mejor no regodearse en lo nefasto, sino en la poesía y la libertad que nos da el rock’n’roll. Mejor que nos repitamos ese mantra: fuck with the future, fuck with the future. Y escuchemos buenos discos. Y leamos buenos libros. Y dejemos fluir lo que salga de nosotros, sean dibujos, fotografías, cuentos, novelas, artículos. Que nos guíe nuestra voluntad. Siempre.

Con Patti en uno de mis cafés favoritos :)

p.s: Patti saca nuevo libro de memorias en octubre. Esta vez, no demoraré el momento de leerlo más de cuatro años. Just Kids se publicó en español bajo el título Éramos unos niños en Debolsillo. 




2 comentarios:

  1. Adoro a Patti y su voz fuerte y corajuda. Y tu alegato a favor de la vida para sentirla, escucharla y leerla como nos dé la gana. Con lis años tienes menos tiempo libre por estos trabajos que nos esclavizan; pero ganas en sabiduría para disfrutar cada momento y hacer las cosas sin complejos. Como Patti.

    Un saludo Jen!

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    1. Como mínimo nunca podrán esclavizar nuestra alma ;) ¡Un abrazo!

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