jueves, 14 de mayo de 2015

pues mi hija...

Con estos tiempos que corren, me parece oportuno hacer campaña. Pero no os voy a pedir vuestro voto. Sabéis bien, camaradas, que lo mío es hacer activismo corporal. Y os voy a pedir que ahora que se acercan altas temperaturas me concedáis vuestros cuerpos: ¡cuerpos de todos los tipos libres y liberados! Un SÍ como una catedral a llevar poca ropa en verano (sé que parece que os esté pidiendo otra cosa).

Os contaré una pequeña anécdota. Al parecer tengo una militante en el partido que se ha demostrado muy activa últimamente: mi Madre. Mi Madre se dedica a decirle a todo el mundo que le comenta algo mínimamente negativo sobre su propia imagen: «Ah, pues mi hija siempre se pone lo que quiere». O quizá: «Ah, pues mi hija lleva minifaldas». Y también: «Ah, pues mi hija se pone pantalones cortos. Y a ella le da igual».

Esto último se lo dijo a una vecina de mi edad que recientemente ha tenido un bebé y parece que ha subido más kilos de lo esperado. Al parecer esta camarada le comentó a mi Madre que este año no se iba a poder poner pantalones cortos porque tenía las piernas muy gordas. Y, por supuesto, rauda y veloz, mi Madre le espetó el “pues mi hija” en 0,003 segundos, y la animó a ponerse los dichosos pantalones cortos porque este año se prevé duro, caluroso y húmedo.

Debo decir ante todo: Montse, muchas gracias por la militancia.

Yo soy muy partidaria de practicar con el ejemplo. Y todavía más del lenguaje positivo. ¿Sabéis cuando a los demás les da por criticarse a sí mismos y a sus cuerpos y una se ve con la obligación de intervenir? Pues yo prefiero contrarrestar ni que sea con el “ya será menos”, y no unirme a la fiesta de lamentos. Porque como decía Gil de Biedma envejecer, morir es el único argumento de la obra. Y no quiero que la mía sea un drama. Yo estoy más con Celia

Encantadas de habernos conocido. Dejadnos que os dediquemos unas palabritas


Y ahora que hablamos del lenguaje, y quizá es lo que venía a contaros en primer lugar, estos días he leído un interesante artículo que descubrí de nuevo a través de la maravillosa Leah. El artículo en cuestión lo firma Holly de The Lingerie Addict y es éste, y por si la lengua de Didion no es lo vuestro, o no os apetece leerlo, resumo:

Holly trabaja en la industria de la moda, concretamente, de la lencería de tallas grandes. Y colabora con muchas bloggers. En el escrito expresa su desencanto al descubrir que muchas bloggers defienden las tallas grandes para conseguir una audiencia mayor, y por decirlo en plata, para quedar mejor. Es decir, hacen activismo corporal de boquilla. Apoyan la moda en todas las tallas y en todos los cuerpos, y luego se llevan las manos a la cabeza y se horrorizan al pensar en qué desgracia sería pasar de una talla X. Pero de cara a la galería el discurso siempre será: sí, saquen las lorcitas a pasear. Bravo. Entiendo el desencanto por su parte.

Entiendo que os puedan doler los hipócritas.

Pero estos hipócritas del lenguaje correcto tienen una utilidad socialmente, aunque ni se la imaginen, y por eso estoy un poco en desacuerdo con Holly: contribuyen a acuñar un lenguaje corporal más positivo. Y eso es muy importante.

Camaradas, no quiero cambiar vuestra forma de pensar. Y tampoco la de los gordofóbicos, pues personalmente me dan igual. Pero sí quiero eliminar de la vida pública los sapos y culebras que sueltan sobre la gordura, las personas gordas, las tallas grandes, etc. Quizá no todo el mundo se convenza, ni lo diga de corazón, pero es difícil hacer cambiar a las personas llegadas a una cierta edad. Sin embargo, socialmente se pueden adoptar unas normas de sana convivencia que muchas veces empiezan en el lenguaje y en la forma en que nos dirigimos a los demás. Y este lenguaje corporalmente positivo, aunque no cale en sus mentes retrógradas, pondrá en circulación ciertas ideas y sana retórica que las próximas generaciones adoptarán y utilizarán y seguramente aprehenderán con mayor eficacia que nuestra generación. Y eso es sumamente importante, insisto.

El hábito de usar una retórica sana sí tiene un beneficio. A largo plazo.

—Pues mi hija siempre se pone lo que le gusta.

Aunque no cuente con la aprobación de todo el mundo.

Eso sí, me ha ayudado mucho A. con sus «si la ropa está en tu talla, tendrás que ponértela». Todos esos blogs que he ido leyendo a lo largo de estos años (haré una lista algún día de estos). Y todos los «qué guapas estás hoy». No es por vanidad simplemente, ¿a quién le puede sentar mal un piropo bien hecho? Quizá no sea esta semana, o este verano, o falten tres pues mi hija más. Pero yo quiero pensar  que tras tanta campaña, al final la señora Madre consigue convencer a alguna belleza de su derecho a mostrarla al mundo. Que nuestra Montse se pasa las primeras semanas de calor diciendo «Ay no, que tengo las piernas muy blancas» (aunque yo las tenga tres veces más blancas), pero luego la lógica impera: ¡¡en Barcelona hace un calor tremendo!! Piernas, os quiero ver fuera. Brazos, os quiero ver en tirantes. Pechos, os quiero ver asomar de un escote. Y dedos, torcidos o no, muy a mi pesar, espero que sobresalgáis de alguna sandalia este verano (ya estoy echando de menos las botas y todavía no me las he quitado).

Empieza la época de las palabras bonitas. De pecas en la cara. De hombros y mejillas sonrosadas. De sí, de liberar vuestras tripitas. De ir ligeritos de ropa, insisto. Inaugurada queda la temporada de pantalones cortos. De ir sin medias. Y en breve, de monos cortos (mi obsesión este verano, lo veo, lo veo). Y como no hay foto de esta temporada, tiraremos de archivo de momento para celebrarlo:

Roma, junio 2014. Disculpen que sea tan blurry... 


¡Oh, yeah!

p.s: Por cierto, sé que lo he dicho mil veces hoy en todas las redes sociales de las que dispongo, pero también me hace ilusión compartir mi cuarta reseña para Llegir en cas d'incendi aquí. Muchas gracias por leerla y compartirla. Y espero que alguien se anime con el libro de Lórchenkov, porque es una historia que vale mucho la pena ;)  

2 comentarios:

  1. La lectura de tus palabras me lleva a pensar en la cantidad de tiempo que perdemos en luchar contra nuestros complejos, contra una estética, supongo que estereotipada, contra lo que pensamos que pensarán quienes nos ven (que muchas veces ni miran). Qué liberación que todo esa basura se evaporara... y qué difícil.
    A tu madre le hago la ola virtual y a ti con ella.

    He leído tu reseña y no tenía ni idea del autor.

    Abrazos!!

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    1. ¡Gracias, guapísima! Aunque sea difícil, para afuera la basura, que siempre vale la pena :) Activismo corporal, oh yeah! ¡Un abrazo bien fuerte!

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