miércoles, 20 de mayo de 2015

nunca hay que desaprovechar la oportunidad de ir al Palau

El Palau de la Música Catalana es uno de los edificios más difíciles de fotografiar en Barcelona. Hace esquina y las calles de La Ribera son muy estrechas. Pero lo importante es el interior. Y por eso no hay que desaprovechar la oportunidad de visitarlo si se presenta la ocasión: por eso —por mi parte al principio sólo por eso, por entrar de nuevo y extasiarme con ese techo—, I. y yo fuimos al XXXI Festival Internacional de Poesía de Barcelona, evento que clausuraba la Semana de la Poesía de Barcelona. Gracias a la organización por invitar a Balmes 129 bis. Lástima no haber podido disfrutar de la multitud de eventos que se han celebrado a lo largo de esta semana pasada.  

El evento consistió en un recital de seis poetas. Dos autóctonos, uno patrio, una poeta de California, otra polaca, y un yugoslavo que escribe poemas en inglés hace tantos años que es un nombre importante en Faber & Faber.

He decidido pasar muy por encima sobre lo que no me gustó. No diré nada, o apenas, sobre los poetas catalanes, por ejemplo. Solamente que no sentí nada, pero que hicieron una demostración de lo que es tener una dicción formidable. Una de mis lenguas maternas retumbó en ese espacio mágico con una sonoridad de manual, impecable, impoluta. Aquella dicción la hubiera podido disfrutar hasta con una lista de la compra. Pero entendido el significante, el sentido se fue a otra parte. De la autora que recitó en otra de mis lenguas maternas, que además es la vehicular de la mayoría de mis sentimientos y pensamientos, de todos mis escritos aquí, solamente puedo comentar que lo que más me gustó fue verla marchar del escenario y poderme levantar de la silla. Entendí menos todavía, y aunque sea de mi generación, con su poesía de Ikea, de su vida diaria, que bien podría ser mi realidad, no conecto. Una decepción tremenda con la representación en castellano y catalán, y unas ganas de salir pintando, sin despedirme apropiadamente del maravilloso palacio. Cuando te vas del Palau, mejor recular, salir despacio, estirar la despedida al máximo, que salgan primero los demás, por si acaso se escucha algún murmullo, algún secreto que las paredes quieran compartir.

La que más me gustó fue la poeta ausente, Ewa Lipska, que tenía que recitarnos en polaco. Pero no pudo ser por cuestiones de salud. En su lugar, una persona de la que no recuerdo el nombre –lo siento- recitó dos poemas de la selección que había hecho Lipska: Oposición e Instrucciones de uso. Me alegró sumamente comprobar que las pocas nociones que me quedan del ruso de Universidad fueron suficientes para poder seguir la actuación con las traducciones del programa. Imagino que hay ciertas palabras que suenan casi igual en todas las lenguas eslavas. Poder entender “narod” (nación, país), aunque pronunciado distinto, fue un momento de satisfacción casi indescriptible. Aunque el país esté muerto, opinión que comparto con Lipska. Lo peor es imaginar que los habitantes también puedan estarlo. Instrucciones de uso tiene ese tufo de pasado comunista que tanto me emociona, del que nunca podría cansarme. Y es el mejor poema que he leído en mucho tiempo. Traduzco del catalán, del programa, un breve fragmento, aunque hacerlo así sea una aberración:

Intento encender el Estado.
Leo atentamente las instrucciones de uso.
Giro el país a la izquierda.
Giro el país a la derecha.
Pero el Estado no funciona.
El país está muerto. 

Mi segunda favorita salió la segunda y no me sorprende que hayamos conectado de esta forma. Pero nació en California. En la lengua de Didion, lo digo sin tapujos, y con permiso de Virginia, las mujeres del otro lado del Atlántico me tocan más la fibra. Solemos estar más de acuerdo y suelen ser más brutas. Sharon Olds se ha venido hoy a casa conmigo. Qué suerte que J. la incluyera en aquella lista de poetas que me pasó y todos vinieran a morar Balmes 129 bis. Siempre lo digo, quiero tener para todos, y más si es poesía.  Olds a veces habla de tetas y de hímenes como si hablara de unos primos o hermanos, y aunque no se me pasan estas asimilaciones por la cabeza en un día normal, ayer me pareció tan encantadora, tan divertida, tan generosa regalándonos su privacidad, que algo hizo clic. Stag’s Leap ya reposa en la mesilla de noche.

Qué bonito ese bambi


Y Charles Simic nació en Serbia, pero hace años que produce en la lengua de Shelley. Corrijo, recordando a aquella profesora que defendía su Checoslovaquia natal: Simic es yugoslavo. Si aquello no era una utopía… Aunque Simic, todo hay que decirlo, también viene con toda la poesía del otro lado del Atlántico. Sin temor a decir que se hacía pipí en los pañales cuando era niño en 1938. Tirando para la cultura pop de Supermán. Pero alguna reminiscencia supongo que siempre queda. Y además abrió su intervención con un poema dedicado a Shelley, a quien me traigo entre manos últimamente. Si te gusta Bysshe, tienes ganada parte de mi simpatía.

Ese techo. Por ese techo qué no haría… Cómo me hubiera gustado compartir ese techo con Patti Smith. O escuchar a ciertos compositores clásicos bajo ese techo. De ese techo una nunca tiene bastante, y creo que la primera vez, y  quizá recuerdo mal, fue en una visita con el colegio. No me preguntéis la edad. En la cafetería del Palau una vez un camarero negro entendió que le estaba tirando los tejos por pedirle un café bombón. Él le puso una coma de más a la frase y sonrió. Y me alegro. Era todo lo guapo que pueda ser un hombre. Cuántas veces mis amigos han intentado cuadrar esa esquina. Cuántas veces habré visitado la angosta librería de segunda mano justo delante, porque en una época del todo voyeur, me dio por comprar postales escritas por unos pocos céntimos. A ver qué se decían en otras décadas. ¿Qué voy a decir, que ese techo es poesía? Como tantas otras cosas, que me repito, debo aprovechar,  e intentar buscar cuando pasen desapercibidas.

No le hago justicia, check Google please

Buenas noches. Y Button Poetry es  un canal de Youtube ideal por si vosotros también tenéis esa adicción que no queréis curar. Yo miraré para arriba. 

4 comentarios:

  1. Ay, qué envidia y no por el techo ni por el lugar, que también, sino por ese clic, por esa conexión con Olds; cuando la poesía te hace eso, te das cuenta de que a pesar de ser la leche de complicado alinear todas nuestras tonterías humanas, cuando sucede, la belleza es de lo más sencilla.

    Total, ¡qué vivan, los síndromes de Stendhal vien vividos! ;)

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    1. Si no fuera por el arte, no tendría ningún sentido que estuviéramos aquí ;) ¡Un abrazo!

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  2. No he pasado nunca más allá de la poesía dd Machado, Rubén Darío, Pedro Salinas o Miguel Hernández. O Lorca. Supongo que lo más académico y clásico, y encima hace tiempo que no leo poesía. Pero creo que igual me animo a ponerme un libro de poemas en la mesilla de noche.
    Ojalá pudiera yo disfrutar de entender una poesía en otra lengua....salvo el inglés que sí entiendo, pero no sé si atreverme con Whitman en su lengua, miedo me daría...
    Tiene que ser una gozada poder entender lenguas eslavas, son tan hermosas y sonoras...

    Yo también me quedo con ese techo de ensueño del Palau, no sé si habría podido prestar atención a los recitales con esa visión justo encima!!! Y anotado queda tu reto poético, poesía en mi mesilla ya!

    Un besito y gracias por tus entradas tan variadas y sentidas.

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    1. Bueno, es que yo tampoco domino ninguna lengua eslava lo suficiente como para apreciarla en original :( Ojalá...

      Hubo ratos en que miré más al techo que al escenario. Porque realmente lo que se tenía que mirar era el techo. Creo que hacen visitas guiadas, y me suena que no son demasiados caras ;)

      ¡Mua! Gracias a vosotros por leerlas.

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