miércoles, 1 de abril de 2015

aquella casa en las montañas

AVISO: esta reseña puede contener ciertos spoilers. Pero espero que os dé igual. Pues los libros se leen por otros motivos ;)


En Navidades, todo el mundo hablaba de Lila, la última novela de la escritora norteamericana Marilynne Robinson. Ya expresé mi intención de leerla aquí. En primavera, todo el mundo hablará nuevamente de Lila, pues Galaxia Gutenberg la acaba de editar en castellano y Edicions 1984, en catalán. Pero yo he decidido que esta vez quería empezar por el principio, y cogí su primera novela publicada en 1983, lejos del universo Gilead (los que hayan leído Lila sin leer el resto, quizá no sepan que ese reverendo aparece por primera vez en Gilead y que por el medio tienen Home).

La portada de Picador me parece preciosa, pero la edición de Faber & Faber es más ecónomica ;)


Marilynne Robinson se une al grupo de escritoras que tengo en mente cuando asevero en confidencia a mis clientes: «A mí, mujeres, me gustan más las americanas». Me refiero a las lecturas en la lengua de Poe, cuando tengo en mente a Joan Didion, Dorothy Baker, Sylvia Plath, Marilyn French y amigas. Y que me perdonen Muriel y las dos Elizabeth. La que creí que sería una lectura tranquila, cómoda, placentera, de forma y estética, pues que Robinson es una escritora exquisita no lo puede dudar nadie (y no en vano es profesora del prestigioso curso de escritura de la Universidad de Iowa), se transformó en la segunda mitad de la novela en una historia sobrecogedora, casi por sorpresa y sin avisar. Un debut literario que no se aventuraba espectacular en las primeras páginas; un trámite antes de los que valía la pena, el empeño de querer empezar por el principio para así llegar a Lila. Un libro al que no iba a prestarle la suficientemente atención. Y aunque es una novela pausada, que avanza con lentitud, nadie puede prever toda esa carga emocional reservada para el final. Es para hacerle a Robinson una reverencia y dos. Las hay que viven y escriben a su manera.

Housekeeping es la historia de la vida doméstica en Fingerbone, un pueblo ficcional de montaña junto a un lago, en Idaho. Es la historia de las hermanas Ruth y Lucille, explicada por la primera, y de su familia en la casa que construyó su abuelo, una figura significativa en la historia del pueblo y quien decidió instalarse allí y formar una familia en primer lugar. El abuelo, muerto en un histórico descarrilamiento de tren, es un fantasma presente en todo momento. Empleado ferroviario, parece que un basilisco, y no un tren, se lo llevara a las profundidades del lago. Ruth y Lucille llegan a Fingerbone una tarde, cuando su madre las deja esperando a la abuela en el porche de la casa familiar y no vuelve la vista atrás. Luego las cuidarán dos tías lejanas durante un brevísimo tiempo, pues ya son demasiado mayores para dos niñas pequeñas. Y por fin, su custodia recae en Sylvie, la hermana díscola de su madre, que cuidará de ambas y del legado familiar, a su manera, hasta bien entrada la adolescencia de Ruth y Lucille.

Sylvie es el personaje que pone en entredicho esa entidad fraternal que son Ruth y Lucille, el ángulo más escarpado en un extraño triángulo. Ruth y Lucille se presentan como un bloque compacto durante la infancia. Dos voces y dos personalidades distintas, pero parte de un todo. Ellas y el resto del mundo. Con cada año que pasa, parece que cada una dé un paso en direcciones opuestas, separándose, alejándose, formándose sus propias ideas y teniendo  los primeros desacuerdos y confrontaciones. Dos personalidades tan dispares en el fondo no pueden al final con tanta simbiosis, y en ocasiones parece que sólo las una el vivir bajo el mismo techo. Hasta que Lucille decide abandonar la casa familiar. Y Ruth y Sylvie estrechan lazos y su vida cambia de rumbo totalmente.

Ruth, que narra los hechos, pero que apenas abre la boca en toda esta historia, es quien parece asimilarse a los demás. Al principio, eran Ruth & Lucille, y Lucille parecía hablar por las dos y expresar los deseos de ambas. Luego son Ruth & Sylvie, y Sylvie parece haber encontrado un alma gemela en su sobrina. Pero creo firmemente que Ruth se asimila a la vida itinerante de su extravagante tía, una verdadera nómada, aunque haya vivido largos años en la casa que construyó su padre.

Una acaba Housekeeping con admiración y asombro, y con la duda por resolver: ¿quién era Ruth en realidad? La respuesta simple es que Ruth apenas no tiene personalidad y se deja llevar por los demás. La más simple todavía: que en realidad era una nómada como Sylvie y por fin encuentra su propio camino. Es un poco frustrante concluir que no las tengo todas conmigo, y que 300 páginas no me han dado para entenderla bien, y por eso, se me presenta a la vez tan atractiva como personaje, por todas las dudas que quedan y porque soy incapaz de formarme una opinión. Pero a veces, ni una vida te da para conocer a fondo a las personas. Y esa situación está muy bien representada en la novela. La historia queda abierta, no solamente por los hechos, sino porque Ruth siempre será esa joven enigmática; salvando las distancias, casi como una de las hermanas Lisbon*. En realidad, no logramos saberlo todo: qué será de ella, qué quería, qué busca. ¿Pero lo sabrá ella? ¿Se encontrará? Porque aunque narra los hechos, y explica sus sensaciones y emociones, la verdad es que una acaba sabiendo más de Sylvie y de Lucille, y de la abuela, y las tías, y la madre, y la vecina que le prestó el coche a su madre para que las llevara a Fingerbone. Ruth es esa persona tímida, cariñosa, que no quiere molestar; que calla, que espera –aunque odie esa espera, cosa que sí sabemos. Os parecerá un personaje confuso, pero yo le he cogido un cariño extremo. Me recuerda a mi madre un poco. Me recuerda a mi madre con relación a los extraños. Inquebrantablemente fiel. Quizá la gente no la vea ni la escuche, y parece que la corriente o los demás la lleven por donde les interesa. Y Ruth no sabe muy bien qué le pasa, qué quiere, y con quién posicionarse. Pero aunque acaba la novela y una duda, y aunque Ruth haya adoptado la vida nómada, ella es aquella casa de Fingerbone, allá donde vaya. Y la última jefa de la familia.

*Y ahora corriendo, vais a por The Virgin Suicides de Eugenides ;)

Ambas sabemos que nos volveremos a encontrar


¡Hasta la semana que viene! Espero que tutti disfrute de un merecido descanso. 



6 comentarios:

  1. No conocía el libro, pero tomo nota de todos tus comentarios. Un beso.

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    1. ¡Ya me dirás qué te parece! Otro beso para ti ;)

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  2. Sí que tiene talento Robinson. Cuando leí la parte de atrás de Gilead fruncí el ceño: dudo que consiga acabarlo, a mí, sinceramente, los textos embalsamados de fe cristiana me generan urticaria. Mira que soy políticamente incorrecta, ya lo sé, pero no lo puedo evitar.Siempre que he topado un texto de ese tipo (me pasó siempre con Coelho) son incapaz de conectar, me pierde. Pero, caray con Robinson. En el coche, en la cama, en la cafetería. Siempre conmigo en el bolso. Super dog-eared acabó, el pobre. Me hechizó completamente, para mi sorpresa, porque el reverendo no se desvincula de su vocación ni un instante. Como es posible que, a pesar de lo lejano de la narrativa para mí (geográficamente, históricamente, socialmente...) me removiese todo el rato? creo que no me había enamorado tanto de un personaje de ficción (en Gilead, young Broughton) desde que me tragué todas las temporadas de las Gilmore (Jess Mariano).

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    1. Debo confesar que nunca he visto Gilmore :( Pero debería hacerlo. Gilead me lo dejo para más adelante. Pero es curioso lo que me comentas, porque me pasó lo mismo con el personaje de Mitchell en The Marriage Plot (sí, siempre que puedo, acabo hablando de Eugenides). Pensé que era el que más me aburriría porque es estudiante de Teología, y además se va de viaje espiritual a la India y lo que lee no me interesa -eso pensaba- en absoluto. Pero luego se convirtió en mi favorito del triángulo amoroso. He ahí el arte de escribir. ¡Un beso!

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  3. Bueno, bueno, si es que cada vez que abro una reseña tuya aprendo algo nuevo... desconocía (y perdona mi ignorancia) a esta autora, pero allá que me la apunto. Las otras americanas que mencionas las conozco, y recomiendo fervientemente a todo el mundo que lea a Marylin French; pero a esta señora no tenía el placer, así que anotada queda. Novela de personajes anclados espiritualmente a un lugar: suena a mi territorio!

    Un besazo Jen y que descanses en el puente!

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    1. ¡Gracias a ti por leer las reseñas! :) A mí Marylin French me cambió literalmente la vida. Y no es una exageración. Ojalá fuera una autora más leída (aunque no le perdono a Lumen la traducción del título con un simple "Sólo para mujeres"). ¡Un besote!

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