jueves, 5 de marzo de 2015

oh, stella

Pensé que The Heat of the Day de Elizabeth Bowen me iba a servir como introducción al noir mejor escrito, o al menos, eso era lo que rezaba la contraportada, que ya se sabe que no son siempre de fiar. Iba a iniciarme, además, de una forma original, puesto que Bowen no es de los primeros nombres que suena cuando alguien piensa en el género. John Le Carré, Alan Furst o Robert Harris, incluso Ian Fleming, parecen opciones más naturales para adentrarse en el mundo del espionaje. Una vez más, sin desmerecer la novela de Bowen, ni en cuanto a prosa o argumento, lo mejor que me ha regalado esta lectura es otra mujer inolvidable: el personaje de Stella Rodney. Se me han escapado unos cuantos “oh, Stella” a lo largo de las poco más de trescientas páginas de esta historia que edita Vintage (y en castellano, Impedimenta), hasta el punto de afirmar con total seguridad de que el motivo principal por el que merece la pena leer esta novela es ella. De nuevo, me regocijo pensando que una puede confiar en que las mujeres saben escribir bien sobre mujeres, y que en general optan por los personajes femeninos más alejados de cualquier arquetipo que huela a rancio. Pero antes de la oda a Stella, os pongo brevemente en antecedentes.

Londres. Años 40. Pleno Blitz. Los bombardeos son la banda sonora de este triángulo amoroso cuyo vértice sin duda es Stella Rodney, una viuda, madre de soldado, que mantiene una relación con un ex capitán desde principios de la guerra, Robert, que a poco de iniciarse la historia es acusado por Harrison, presunto agente de los servicios secretos, de estar pasando información al bando contrario. Harrison le ofrece un trato: su silenció y proteger a su amante, si Stella le concede sus favores.

Vintage siempre exquisita


En The Heat of the Day (El fragor del día si buscáis la edición de Impedimenta) no hay apenas esa tensión típica del género que  ejerce una poderosa atracción (al menos, eso me producen las pelis de espías). Aunque dos de los personajes principales se dediquen al espionaje, ni siquiera podemos calificarla como una historia trepidante. Ni tampoco, sin ser una gran experta, me ha parecido “el noir mejor escrito”, pues el estilo de Bowen, a veces, puede resultar un poco farragoso, o como mínimo, algo atropellado y excesivo. Pero la autora pone en el punto de mira a un tipo de mujer que no suele ser el centro de atención, y lo hace de forma magistral: Stella es un personaje un tanto antipático, firme, en ocasiones apático con la situación que la rodea, que no se rige por las convenciones sociales de su época, y en el que prevalece su voluntad. Es madre y es viuda, pero casi parecen hechos circunstanciales, para nada definitorios de su estilo de vida. Es un personaje poco convencional porque en pocas ocasiones una viuda con un hijo en el ejército se convierte en el objeto de deseo y de admiración. Porque vive su relación con Robert, y cualquier otra relación humana, desde el punto de vista de la mujer que está de vuelta de todo; no se deja llevar por el torbellino de un primer amor con final catastrófico, sino que adopta una posición pragmática, sana y cerebral, lo que le permite disfrutar del momento presente, aunque vaya a terminarse mañana. Stella no goza del amor de forma desesperada, aunque el telón de fondo sea la guerra y todos los malos presagios sobre Robert acaben siendo ciertos. Ni siquiera Harrison, que puede parecer una amenaza, el agente destructor de esa felicidad liviana, de lo agradable en su vida, la arroja al abismo. De hecho, con él mantiene una relación cordial, y un magnífico duelo dialéctico, hasta el punto de entrever una incipiente amistad, o quizá algo más, entre ambos personajes. Como dicen, ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos.

También es interesante, y muy alentador pensando que esta novela se publicó en 1948, ver cómo Stella es una madre que tiene una estupenda relación con su hijo de veinte años, al que trata como adulto; al que quiere y protege, pero no de forma abnegada, ni abusando de coraje maternal, sino comportándose  de forma racional, pausada, porque la persona de Stella y su vida propia no se acaban por el hecho de haber sido madre, y a la práctica, madre soltera. Imposible no encariñarse de Roderick, un hijo modélico, un personaje inocente y tierno, casi adolescente. Bien criado, bien educado, por esa mujer que es distinta a otras, que vive como le da la gana, pero no por ello es cuestionable como figura materna. Oh, Stella.

Elizabeth is smoking

Coincido con la mayoría de las reseñas y críticas que se le han hecho a esta obra: es una novela de personajes, de interesantes caracteres, bien construidos, diversos a pesar de que no cuenta con un vasto elenco. Lo mejor es Stella. Y luego, todos los demás. Y que de fondo esté ese Londres imprevisto, que no sabe cómo va a despertar mañana, pero donde el fragor nunca descansa. 

6 comentarios:

  1. He leido muchas reseñas sobre este libro de Elizabeth Bowen, y la tenía anotada hace tiempo para leerla, pero ninguna como la tuya; me gusta que no sea una historia del Blitz, sino un relato de personajes. Cada vez me gustan más las interioridades de un personaje, me centro en eso casi como una obsesión, así que seguro que me va a gustar cuando caiga en mis manos.

    Un abrazo Jen!!!

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    1. ¡Gracias, querida! :) Ni que sea por el recuerdo del personaje de Stella, tengo la intención de arrasar con la bibliografía de Elizabeth Bowen. Aunque primero va mi amor de Eugenides, ya sabes ;)

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  2. ¡Gracias por descubrirme este libro! Me considero una lectora empedernida, y me gusta descubrir nuevos títulos.

    Acabo de descubrir tu blog, y me encantan las ideas que expresas en él. ¡La "Semana de Estilismos Inspirados" o la "Semana de recuperar una prenda" me parecen fascinantes! ¿Cómo se participa? A mí me gusta mucho la moda, pero siempre adaptada al estilo personal de cada persona.

    Te dejo mis blogs por si te apetece pasarte y echarles un vistazo:

    http://www.pelirrojaalamoda.blogspot.com.es/

    http://llamadadelafelicidad.blogspot.com.es/

    ¡Un saludo!

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    1. ¡Carmen, bienvenida! Gracias por el mensaje. Ahora me miro tus blogs :)

      En cuanto al Curso Primero, te remito a este post donde se explica el funcionamiento general:
      http://quierosercomomaude.blogspot.com.es/2015/01/curso-primero-de-imagen-moda-urbana.html

      En marzo, a partir del 23, tendremos la Semana Recuperar una Prenda. En breve publicaré una entrada donde se explique en detalle el reto estilístico de este mes :) ¡Encantada de que participes! Cuantos más seamos, mejor. Además, con la Semana Monocromo nos lo pasamos muy bien. Así que... Oh yeah!

      ¡Un saludo!

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  3. Ya sabemos que rezar, lo hagan las portadas o los feligreses beatos secos como pasas y rancios como el bacalao en salmuera, no sirve de mucho. Aun así me alegro que hayas descubierto a otra mujer distinta y que se escapa de los estereotipos. Te confieso que para eso te has convertido en mi "buscadora-descubridora" de cabecera, se te da muy bien (aunque aun tengo pendiente la lectura de un par de libros por ahí que...).

    Y claro, es decir tú oh Stella! y ponerme yo en plan pavloviano a salivar anticipando lecturas y es que una de las cosas que para mí son clave (más de lo normal en una buena obra quiero decir) es el tratamiento de los personajes, porque ya que a las personas no las entiendo al menos lo intento con los personajes de ficción.

    Sabes, otra cosa que me pone las orejas tiesas es ese "Londres inesperado", porque qué prolífico en imaginaciones e hilos narrativos fue (y es) esa ciudad.

    En fin, que cada vez que abres la letra sube el pan y crece mi lista de pendientes. Cosa que agradezco con odio cariñoso.

    Un abrazo

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    1. Jo, qué cosas más bonicas que me dejas a modo de comentario. La respuesta no va a estar a la altura. Porque básicamente es: mis más sinceras GRACIAS en mayúscula, y porque no las puedo poner a Arial 33, que si no, pues también.

      Ya me imagino a qué par de lecturas hace referencia. No sé preocupe. Hay libros en mi estantería que están dormitando ahí desde tiempos inmemoriales. Diría que desde antes de haber nacido, pero no sería posible, porque sé a ciencia cierta que los compré yo.

      ¡Un besote!

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