lunes, 23 de marzo de 2015

los chalecos y los gordos + día 1 de la Semana Recupera

P. N., actor, dijo en un programa de Televisión Española que lo peor para los gordos era el chaleco. Creo que tenía en mente a todos aquellos hombres que, como él, tienen la vulgarmente conocida como barriga cervecera, lo que siempre dificulta abotonarse una prenda dos centímetros arriba del ombligo. Aunque cualquier chaleco o chaqueta ajustada puede complicarse si tienes un pecho o un contorno generoso, o la espalda “muy ancha” en su defecto.

Imagino que P.N. es de la opinión de que para llevar un chaleco y “que quede bien” se necesita un vientre plano. Que a los hombres que hacen flexiones por las mañanas les queda mejor. Que si además de vientre plano, tienen el torso duro y sin asomo de desarrollo mamario (ellos), les sentará fantásticamente bien.

Pero esa imagen tan difundida por la prensa, los desfiles de moda, la televisión y las películas, como si para ser un verdadero gentleman se necesitaran ciertas medidas estándar, no es sinónimo de belleza. Mejor dicho: NO es la única belleza. La “belleza” no es exclusiva de un único modelo, no hay una única versión de las cosas y las personas, ni de la apariencia, aunque quieran hacernos pensar lo contrario. Un hombre de cierta talla con un chaleco es una imagen más, no la imagen absoluta de la belleza masculina. Pero como nos pasa a las mujeres (y por eso todos estamos juntos en esto), hay una cierta imagen masculina socialmente aceptada, mejor valorada, propagada con la ayuda de todos los medios. Y casi sinónimo del término “hombre”, en cuanto a ser atractivo, con guapura, deseable. Una imagen como la que sigue, en gran medida despierta nuestra total aceptación porque la hemos visto mil veces, siempre asociada a cosas buenas: elegancia, buena percha, buena educación, juventud, éxito… Han puesto tanto empeño en hacernos creer que este es el ideal masculino, que damos por sentado que así es.

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Sin embargo, eso no quita que a un hombre gordo le siente bien un chaleco. Que un hombre gordo con chaleco capte vuestra atención, y penséis: jo, qué bien le queda. En el caso del chaleco, como se suele decir, tener buena percha es importante. Pero por otros motivos, porque tampoco existe una percha única. Cuando se lleva chaleco, hay que ser coherente: debe ser de nuestra talla, debe abotonar sin problemas, la sisa ni muy suelta, ni muy apretada. Según qué telas es mejor plancharlas antes de ponerse el chaleco. Mejor si hay una cierta concordancia con el resto. Hay chalecos de vestir, y deportivos, y de cuero, y de tribus urbanas, y de multinacional. Y sabiendo todo esto, luego puedes decidir transgredir. 

Me encantaría decirle a P.N. que, en mi experiencia con la imagen de los demás, nadie lleva chaleco y tirantes como ese hombre que a veces veo en el tren por las mañanas y debe de pesar más de 130 kg. Más de una vez he estado tentada de apremiar su estilismo. De agarrarle por el brazo y demostrarle mi total admiración. Nunca falla en su elección: el tejido del chaleco es acorde a la estación, al color de la camisa, y la sisa de la justa medida para poder decir que la talla es perfecta. A veces lleva pajaritas que me encantaría llevar a mí. A veces me quedo hipnotizada observando la pluma de su sombrero (¡el único hombre con sombrero!).

El chaleco no es lo peor para los gordos. Esa afirmación es una falacia. Y el chaleco no tiene nada en nuestra contra. Es una prenda difícil de llevar, estoy de acuerdo, se necesita práctica. Y más ahora que parece que no están tan de moda (unos años atrás, chalecos en todas partes, al menos para nosotras. ¿Os acordáis?). En última estancia, es una prenda con la que quizá no sepas qué hacer si no dominas tu imagen. Quizá no te hayas puesto uno en la vida. Y como con todo, si no te has probado un chaleco, no sabrás si te gusta o no. Además, por suerte para mí, los chalecos femeninos serán quizá menos elegantes, pero también más divertidos:

Estamos en la Semana Recupera, así que a reutilizar prendas abandonadas por el armario. En el día 1, este chaleco y el jersey. ¿Os uniréis?

Good night and good luck!


2 comentarios:

  1. He tenido algunos chalecos, pero no me he comprado ninguno. Siempre se trataban de regalos. Abrir el paquete y pensar ¡qué chulo! pero... ¿cómo se pone esto? y, con la pregunta interna me preguntaba con que otras prendas se vestía, etc ¿una camiseta debajo? ¿una camisa? ¿como? ¿con pantalón? Al final de muchos ensayos en camerino y el asesoramiento incondicional de mi sensata figura materna, le acababa encontrando el punto. Son una prenda difícil, como tú bien dices, pero cargada de personalidad (y funcionalidad!). Yo , que soy muy friolera, recuerdo cómo el chaleco me abrigaba en el trabajo sin tener que hacer el ridículo intentando teclear con una cazadora puesta (y pulsar 5 teclas a la vez).

    Un abrazo.

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    1. En eso tienes toda la razón, cuando tienes frío dentro de algún sitio, son lo mejor. Especial cariño le tengo a uno de polipiel, porque tiene unos bolsillos la mar de prácticos. Además que tienen un rollo muy chulo una vez les pillas el tranquillo.
      ¡Un besote!

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