martes, 13 de enero de 2015

las últimas cien páginas de infancia de gorki son

Gorki querido
Tristes, crueles, lentas, turbulentas, dramáticas, exhaustivas; hacen hincapié en los detalles, en los estados de ánimo, en la variación del paisaje, del tiempo, y te encogen el corazón en más de una ocasión. No son amenas ni ligeras, ni se muestran amables con los lectores. Son retratos de personajes reales, de miseria real, de sentimientos de verdad. No diré, por tanto, que Infancia de Gorki es una lectura necesaria. Podéis prescindir de esta obra, según donde os lleve vuestra relación personal con la literatura. Puedo entender que no queráis soportar el peso de semejante melancolía, que vuestra impaciencia os haga languidecer en esos interminables días de la vida de un niño que ya no existe y no os va a parecer corriente. Nada que ver con vuestra imagen de la infancia producto de las comodidades del siglo XX en el primer Mundo. También debo decir que son páginas brillantes, redondas, acompasadas, justas, poéticas, claras, sentimentales y que elevan la vida cotidiana a la categoría de arte puro. Sublimes. Pero en general, y muy particularmente en Infancia, Gorki suele ser así. 

Yo no quería acercarme a Gorki, por el uso y abuso que el régimen estalinista había hecho del autor, que lo convirtió en un baluarte y renombró con su pseudónimo todo lo que pudo (Gorki, nacido Péshkov). Me imaginaba que su producción tendría un carácter muy distinto, estúpida de mí. Y ahora, no me quiero separar de él. Pues estoy en ese momento perfecto para sentirlo todo, aunque se hable de otro siglo, otro país, otro mundo. Ahora, porque hay cosas en mi vida que también me pesan y me entristecen, que me sorprenden como si todavía fuera una niña, y heridas que siguen frescas y, en conjunto, te sitúan en el estado de ánimo idóneo para conocer a Gorki. Sería un absurdo intentar contrarrestar con una novela de humor, por ejemplo.

Ahora es cuando entiendo a Gorki, cuando siento que me habla a mí directamente y me lo explica todo sin censura, y hacen que se me empañen los ojos cuando relata ciertas atrocidades universales que todavía el ser humano no ha podido superar. Era un filántropo y un defensor a ultranza de las mujeres. Leer las últimas cien páginas del tirón ha sido un ejercicio catártico. Me suele gustar hacerlo. Cerré el libro sintiéndome emocionada, conmovida y totalmente en paz.

Emoción por haber sobrevivido a nuestras infancias. Porque aunque es una obra que te obliga a parar de vez en cuando y cerrar el libro de golpe, alejarte, descansar unos días de su lectura, una vez dentro, te engancha de la peor manera. Los paralelismos con el tiempo presenten son certeros, duelen, sobre todo los relacionados con la violencia. Aunque también hay humor, picardía, fantasía, y cuentos, la infancia de Gorki estuvo hilvanada por los cuentos de la abuela. ¿Quién puede resistirse a algo así?

A veces pienso que tengo pocos recuerdos de mi infancia, que es como si hubiera bloqueado muchas cosas. También pienso que quizá vuelvan, sobre todo espero que vuelvan los divertidos, cuando no tenga que vivir con tantas prisas. Por eso, me ha fascinado tantísimo esta obra, que es la primera de su trilogía autobiográfica, publicada en español por Automática Editorial (dadle una repaso a ese estupendo catálogo). Infancia empieza casi a destajo, un episodio  tras otro, sin dejarte respirar un segundo, y en cada momento álgido me encantaría poder preguntarle a Gorki: ¿pero cómo has podido volverte a contarte esto a ti mismo? ¿Cómo lo has desenterrado de la memoria, lo has revivido, descrito, puesto en mano de otros, que lo han editado y corregido, impreso y distribuido? ¿Cuántas veces has parafraseado los recuerdos, para que se conserven frescos entre esas descripciones del paisaje y la vegetación tan propias del alma rusa? Gorki permitió que su Infancia sea transmitida de generación en generación. Sus recuerdos, sus vísceras, sus intimidades, sin recortar el bochorno de las experiencias tristes, sin convertir en heroicas las alegrías pasadas. Y hace falta mucho valor para firmar semejante texto.


Si leéis Infancia, por favor, como aconseja la propia editorial, difundidla, compartidla, recomendadla, regaladla. Y que nunca se termine.

Yo solamente puedo decir que tengo ganas de irme por el mundo.

p.s. En breve volverán las anécdotas libreras ;)



4 comentarios:

  1. Buenos días Jen! Tengo apuntado a Gorki hace mucho tiempo, y después de leer tu magnífico comentario creo que sí, que llegará su momento y lo leeré. Los libros buscan su momento , antes de abrir un libro analizo mi estado de ánimo y cuando es el apropiado, me lanzo. Gorki requiere tener un estado interior fuerte , pero creo que merecerá la pena como todo lo que recomiendas...últimamente estoy más British y galdosiana que Ruski, pero como todo son fases volveré a las estepas ;)
    Tú sí que eres generosa por compartir lo que los libros te hacen sentir.

    Un abrazo y buena semana!

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    1. ¡Gracias, Marissa! Gorki pega duro. Pero el sabor de boca que deja, ay, es caviar puro. Ahora solamente pienso que no tengo suficientes horas para disfrutar de todo lo que quiero. Por ejemplo, tengo la anglofilia un poco de baja, y eso es malo, malo. ¡Un besote y a comerse la semana!

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  2. Para los pendientes que va. Con ese entusiasmo, algo has despertado... Ante estas situaciones siempre me pasa lo mismo, el mundo es una mierda por muchas cosas entre ellas porque no me da tiempo infinito para leer. Pero este también es el mundo en el que alguien como Gorki escribió lo que escribió y yo puedo leerlo. Me lo apunto.

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  3. Tu comentario/reseña me ha puesto el vello de punta porque es exactamente lo que siento cuando leo a Gorki. Cuando me acerqué al autor, a principios del verano, lo hice con el más absoluto desconocimiento. Luego, explorando de forma escasa por la red vi qué tipo de ideas tenía Gorki y a las que yo no era muy afín. Esto me hizo sentirme un poco contrariada y, también, bastante desilusionada. Supongo que cuando has mamado la intolerancia, la mente se pone rápidamente a la defensiva y eso me pasó con este señor. Pero entonces llegó el rusimathon y yo misma me dije: "Voy a leer a Gorki aunque sus ideas disten bastante de las mías". Y así obre.

    Con Gorki aprendí una cosa muy importante: a no juzgar a una persona por sus ideas sin conocimiento de la causa. Es cierto, sigo estando en muchos puntos en desacuerdo con él, pero ahora comprendo mejor esa época tan turbulenta de la historia rusa, el por qué el pueblo ruso dijo "BASTA" y los actos que toda Europa y America del Norte hemos reprobado generación tras generación sin conocer la verdad más justa. Gorki logró que yo comprendiera por qué fue necesaria de lo hasta entonces había juzgado como una insurrección sin razón alguna por simple alineación. La clase humilde de Rusia de finales del XIX y principios del XX pasó por muchas desgracias (e incluso las generaciones de antes), y yyo puedo, de alguna forma, comprender algunos actos amorales que llevaron a cabo. No disculpo todos los actos de barbarismo que se produjeron esos años pero sí entiendo que una persona cuando pasa tanta hambre, frío y soledad se abre dentro de ella una especie de agujero negro que engulle cualquier motivación de índole personal, y la carencia de los insensibles soplos cálidos que nos brinda la vida envía para que sigamos un día más en este mundo que nos lleva a la anulación completa del ser...Lo entiendo. Nunca he vivido algo así a tal nivel pero lo poco que he podido "probar" de ese tipo de vida ha sido más que suficiente.

    Yo, por suerte o por desgracia, siempre he sido una persona con mucha memoria para los recuerdos y cuanto más lejanos más matices adquieren, no sé muy bien por qué. Tengo muchos recuerdos de mi infancia hermosos, otros tristes y otros que preferiría no recordar, pero sobre todo recuerdo la soledad del infante. La soledad, no sé por qué, tenemos la costumbre maniática de englobarla entre los estados de ánimo que siempre nos traen tristeza. A mi la soledad me brinda una especie de escape emocional, ¡soy feliz cuando estoy sola! Bueno, tal vez no feliz, pero sí estoy tranquila y me siento segura. Hay muchos tipos de soledad, claro, pero yo a la que me refiero es a la soledad de no encontrar personas a varios kilómetros a la redonda. Esa soledad me parece casi mística, un deseo que ahora parece inalcanzable.

    Sé que voy a encontrar en los Diarios de la Infancia de Gorki, y sé que no me va a gustar (una amiga muy querida lo estaba leyendo poco a poco también y compartió fragmentos) en el sentido de que voy a ver muchas cosas que me recuerden a mi día a día y a la batalla constante de emociones violentas que siempre parecen estar a flor de piel, dispuestas a matarme poco a poco.

    Bueno, que me voy por las ramas. La verdad es que tengo muchas ganas de leer los Diarios de Gorki pero cuando lo haga tengo que sostener un buen escudo, pero iré sin arma. Total, ¿de qué me serviría?

    Un besico, bonica *______*

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