viernes, 23 de enero de 2015

las secciones que nunca nos habían gustado II

GASTRONOMÍA, COCINA O LA SECCIÓN SOUVENIR


Hay dos motivos fundamentales por los que he odiado la sección de Cocina en todas las librerías en las que he trabajado: los libros de Susaeta y compañía y los libros de tapas. Y sobre todo por culpa de ese cliente que anda buscando libros de tapas, porque en realidad no quiere nada más que conseguir el souvenir de rigor para el amigo o primo cocinillas. Pues verán, “queridos” turistas, habéis sido engañados: las tapas, o son de bar, o no son tapas. Y por mucho que os empeñéis en crear entrantes regionales en vuestras barbacoas de domingo, las bravas o te las sirven, o no son bravas. Y a lo mejor te las sirven y tampoco lo son, porque en esta ciudad nunca se sabe. Aquí pides una caña y a lo mejor te dan las gracias, pero raro es el sitio donde te pondrán unos kikos o unos tacos de queso para acompañar. Aquí ni sabemos lo que son las raciones, a todo le damos el mismo nombre.

Pero volviendo a la verborrea principal, y disculpad la digresión precoz: odio la sección de Cocina. Aunque debo decir que puntualmente aparecen ciertos libros que me parecen absoluto amor. Si tuviera una mega cocina con isla incluida, no de Ikea, sino a lo Property Brothers, seguramente tendría una vitrina con algunos libros chachis, como:


 



 Los catálogos están acabando con mis principios. Yo en Rambla Sant Josep 88-94 podía odiar Cocina en paz. Sobre todo, porque la selección la diseñaban otras mentes pensantes a cientos de kilómetros y se empeñaban en comprar todo lo “mejorcito” de Susaeta, Tikal y amigos. Y algo que detestaba a más no poder eran aquellos libros que se empeñaban en tener la forma –LITERAL- del ingrediente principal sobre el que versaban las recetas. Así, el libro de la pasta, era estrecho y alto, imitando un paquete de espaguetis. O el libro sobre la coca-cola tenía la forma de la famosa botella. O ese libro odioso que no diseñó un librero, os lo aseguro, y que simplemente se llamaba Pizzas, y era redondo, de casi unos 20 cm de diámetro. Quien tuvo la genial ideal nunca se pasó a comprobar que era imposible de colocar en una estantería.

Además, también tengo problemas morales con los libros de Cocina, porque son el regalo perfecto para salir del paso. Es un “no te conozco mucho, pero el otro día comí un pollo exquisito en tu casa, así que te voy a comprar un libro de recetas de Sri-Lanka”. Una vez casi me explota la yugular cuando aquel adolescente vino a por un libro, por favor, de Cocina, para su madre. Me hubiera encantado preguntarle si él sabía cocinar y que me hubiera dicho que no. Porque entonces le hubiera dicho:

—Te lo doy si lo vas a usar TÚ, y solamente TÚ.

(Malvada librera, quizá a su madre le hacía auténtica ilusión)

Y ahora me podéis acusar de ser una loca de ya sabéis dónde, pero a no ser que a una mujer le encante la Cocina y quiera aprender o investigar sobre algún tema en particular, un libro de cocina es un regalo sexista a más no poder. Para algunas cosas es que soy de piel de papel de fumar. Casi monto un drama de lágrimas y reproches (sin el casi) cuando una vez mi madre me pidió que le regalara unas cortinas nuevas. ¿Por qué, por qué, por qué? Porque de eso también se trata la confianza, de poderle pedir y que te pidan lo que necesitan de verdad y no se encuentren con el enésimo fular que nunca se pondrán (de esto, podemos hablar en otra ocasión). Que sí, que os busco todos los libros de tapas que queráis.

Aunque no lo parezca, es Mónica Naranjo en una bañera de espaguetis. Casi a lo Naked Chef.

Cuando llegué a Balmes 129 bis, A. me dio una alegría que casi me hace levitar: 

—La verdad es que Cocina no sale mucho.

Una mísera balda (ahora en proceso de ampliación, me temo). Y mi corazón henchía. ¿Y si la jubilamos? Pero resulta que quizá no te van a buscar un libro para hacer pan, o de recetas de olla exprés (otro clásico Susapetoso), pero ¡OH!, requerimiento máximo de los turistas tras el mapa: el libro de tapas. Y Cocina española. Y Cocina catalana. Y The Family Meal de Ferrán Adrià, por favor. Y en el 99,3% de los casos, dice la estadística, el libro cruzará la frontera, dará la sorpresita de rigor a su destinatario, y se quedará muerto de risa en alguna estantería, quizá en esa megacocina que ya podría ser mía. Porque también se sabe que los libros de Cocina pueden llegar a ser tan decorativos como el Diccionario Escolar que ya no usan tus hijos o la Guía Urbana. Al menos, esa es la experiencia vivida en las casas que he conocido a fondo. Y me ofende un poco. Es casi como si no fueran libros para ciertos clientes. Clientes que solamente te preguntan, con un poco de inquietud, casi de incomodidad, porque se ven en un entorno extraño, envueltos de cientos de títulos:

—Estooooo… ¿Tienes libros de Cocina?

Miran a ambos lados, y detrás, y al techo. Y te quieren perder de vista.

De nuevo, en ese Universo en el que soy tirana, me imagino agarrándolos por la muñeca, obligándolos a sentarse en mi silla y decirles:

—Sólo te los enseño si te lees estos diez poemas de Mayakovski. Vamos, recita en voz alta.

Y sin embargo...

Preciosa tarta de coliflor del señor Ottolenghi


Me encanta cocinar. Sobre todo para los demás. Y muchas veces, guilty pleasure, aunque no los compre, porque yo soy más de ver vídeos, me las paso, como dicen al otro lado del charco, viendo las fotos, tomando ideas y haciéndome notas mentales; pensando en cómo adaptar ciertas recetas a la vida vegetariana y buscando las opciones más bonitas y lujosas para los días señalados. Vengan, vengan a por sus regalos. Que ya no es Navidad, pero seguro que por ahí en medio tenéis algún santo o cumpleaños.


¡¡Muy buen fin de semana!!






11 comentarios:

  1. ¡¡No me esperaba que la sección de Cocina fuera la siguiente!! Me río lo indecible con tus anécdotas, y es que yo también me he preguntado miles de veces quién es el hortera de las editoriales que saca libros con forma de pizza o de tomate...En la tienda de revistas del aeropuerto tienen todos los libros de tapas y cocina española en inglés y junto a la sección de souvenirs, no te digo más...

    Antes solía comprar libros de cocina para mí misma, pero en realidad me hace más ilusión almacenar las que recorto de revistas, de vez en cuando las hojeo (las tengo en unos archivadores). Una vez regalé a mi madre, que adora la cocina, el famoso libro de Simone Ortega de las 1080 recetas, y le chifló. ¡Se lo leyó de pe a pa!
    ¿Por qué no reeditarán esos libros antiguos que recuerda mi madre, con secciones sobre las partes de la ternera, los utensilios de cocina y otras cosas pasadas de moda?.

    Un abrazote Jen!

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    1. Me ha salido el grinch que llevo dentro con este post, jajaja. Pero es que puedo ser muy exagerada cuando quiero ;)
      Por cierto, el libro de Simone Ortega se sigue editando, y de hecho, también está traducido al inglés. Lo que pasa es que a mí se me antoja un poco una sección parche en Balmes 129, porque en realidad el espacio es pequeñito.

      ¡Un beso!

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  2. Yo me regalé Jerusalem de Ottolengui. Una joya. Hasta para leer. :)Y lo digo muy en serio. A veces, cuando espero a alguien que llega tarde, estoy ya arreglada y lista para salir, lo abro, y el tiempo me pasa volando.
    Otras leen la Quore o el Hola, llámame sexista, pero ea, yo planeo
    mi próxima oportunidad de anfitronear al más puro estilo
    Preysler, sin ferreros, con un capricho más ottolengui. En cerámica
    étnica, a poder ser, señores.
    cómo me he divertido con esta entrada.
    o hubiera gozado de lo lindo poniendo a parir los cupcakes y
    ese afán por regalar silicona de formas altamente ****
    con los libros acolchados de cocina.
    Esos cuyas traducciones. . . ejem.

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    1. He de reconocer que el de Ottolenghi me tiene tentadísima. Y también el de Kinfolk Table, porque precisamente te da muchas ideas para montas mesas, cenas para muchos, etc. ¿Has probado a hacer la tarta de coliflor? Es que es tan preciosa...

      En realidad, no es que considere los libros de cocina sexistas. Lo que me parece sexista es esa manía de regalar a madres, tías y abuelas cosas que vayan siempre ligadas a la vida doméstica. Quizá soy demasiado paranoico, pero creo que todavía existe esa tendencia y no me gusta nada.

      ¡Un besazo, Adri!

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    2. No, pero hago Ottolengui´s "Shakshuka" muy a menudo. Un día, cuando el tiempo me lo permita (y tenga comensales, porque si no me da pereza) pruebo la tarta de coliflor y te mando una foto de la cosa horrible que probablemente se materialice en mi cocina (junto al olor característico de la misma, todo sea dicho)

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    3. No, pero hago Ottolengui´s "Shakshuka" muy a menudo. Un día, cuando el tiempo me lo permita (y tenga comensales, porque si no me da pereza) pruebo la tarta de coliflor y te mando una foto de la cosa horrible que probablemente se materialice en mi cocina (junto al olor característico de la misma, todo sea dicho)

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    4. La coliflor tiene un perfume potente, pero me encanta. Aunque soy más fan todavía del brócoli, cuyo perfume es otro tanto. Y seguro que estará riquísima la que prepares y yo voy a acabar pecando con Ottolenghi a pesar de la pataleta, ya verás.

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  3. Estoy segura de que los libros de cocina, tienen su momento especial...en concreto esos antiguos libros que nombra Marissa de Simone Ortega...hay a quienes les encanta que le hablen de cocina, que les cuenten cómo hacer algo...Hay libros así no traducidos, que nos gustarían mucho más que las fotos y los ingredientes y la falta de cariño que hay en muchos libros de cocina que encontramos...

    Esperemos encontrarnos con mejores libros que nos cuenten cómo cocinar de una forma agradable y sencilla...algún día presentaré mi libro de cocina...me chifla, aunque muchos de los utensilios, no los encuentro en tiendas habituales.

    Un beso y que pases también buen fin de semana.

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    1. Es que hay muchos libros de cocina con los que realmente creo que ni se puede aprender a cocinar absolutamente nada.

      Me he quedado pensando en qué tipo de utensilios debes de tener. Yo que solamente uso lo básico y poco más.

      ¡Un beso!

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  4. Hombre yo soy cocinillas, pero la verdad es que no he explotado mucho mi lado autodidacta en este campo, por eso nunca he regalado ni comprado para mí libros de esa odiada sección.
    Aun así soy de esos pavisosos que se quedan prendados al contemplar fotos con alimentos armónicamente dispuestos, con una composición de colores que podría hacer saltar las pupilas si se mira más tiempo del recomendado por su médico (consulte con el farmacéutico).
    No sé, para estas cosas del conocimiento culinario siempre he sido de llamar a la persona que hace bien el plato más parecido a lo que mi mente ha recordado y apuntar en la socorrida libreta con lamparones que guardo en la alacena.
    Lo del libro en forma de pizza lo he visto y dan ganas de jugar el disco volador con él pero no de leerlo y lo que menciona alguien por ahí arriba de los libros que vienen con moldes de silicona que podrían ser alfombrillas para el baño, pues muy práctico tampoco es...

    Yo ya estoy pensando en la próxima sección (mi candidata: guías de viaje)

    Pero mira, como dentro de cada mundo siempre hay perlas sin ensangrentar pues estas entradas tuyas me están sirviendo para descubrirlas y aprender mogollón.

    Un abrazo

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    1. Wow! No había pensado en Guías de viaje, porque por lo general la he tocado bastante poco esa sección, pero, vamos, sería puesto merecido también. Quizá para le segunda temporada ;) Ahora que me los ha dicho, se me empiezan a acumular reproches jajaja... Lo que costó conseguir el expositor de Lonely Planet. Qué horror.

      Por cierto, ¿será comida de verdad todos esos platazos que salen en los libros de cocina? ¿Qué hacen, se ponen a cocinar un día y luego van haciendo las fotos? La verdad es que tiene que ser curioso la realización de un libro de cocina.

      ¡Besos!



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