lunes, 26 de enero de 2015

ha vuelto a pasar y posdata de interés

Sábado 17 de enero. Mi cumpleaños. Que pasé prácticamente en su totalidad, 8 horas, de jornada partida, en las inmediaciones de Balmes 129 bis. Cumpliendo con el deber. Un pequeño drama personal, que de acontecer cualquier otro día de la semana les hubiera ahorrado mis quejas y suspiros a varios amigos, familiares y compañeros de trabajo. Pero ya era sábado 17 pasadas las 8 de la tarde y era libre. Y tenía una idea muy concreta en mente. Una de mis frivolidades más conocidas es que por mi cumpleaños, que ahora celebraría con amigos el también sábado 24 —and so we did—, voy de estreno. Creo que no me atemoriza ni pesa cumplir años porque siempre lo acabo convirtiendo en una auténtica fiesta, y acabo bailando hasta las tantas, y así fue también esta vez. Y doy gracias por eso. Todos los años. 

Sábado 17 de enero, las 8 y cuarto y yo entrando en el Topshop de calle Bergara, porque hacía un par de días había visto un vestido perfecto para mi cena de cumpleaños. Mi autorregalo. Uno de tantos. Un vestido minifaldero, de tela de gasa, escotado por delante y por detrás, dorado, y encima rebajado. Por el glamour se hace cualquier cosa, hasta pasar frío. Sí, lo confieso que yo también he cometido esa frivolidad. Una única talla que podía valerme, una última 44, pero el ojo experto previó que la forma y la facturación inglesa de nuevo jugaban a favor. Porque es por todos sabidos, y si no os lo digo yo ahora, que la ropa made in England suele ser más generosa, más democrática. Por cierto, es un vestido con cremallera, sin nada de elasticidad. Y que me queda así (quizá las fotos tendría que haberlas puesto tras el relato del pequeño percance, pero no me puedo resistir más):

Disculpen el blurry de la discoteca


Topshop Barcelona no es que me guste especialmente, me parece que los precios son desorbitados, que hacen la conversión de libras a euros como les rota, y desde luego no tiene ni de lejos lo que ofrece Topshop UK. Como en Primark, nos quedamos con las sobras. Por eso, solamente me he aventurado a comprar en rebajas. Las rebajas no están nada mal. El vestido salió bastante bien de precio teniendo en cuenta que era algo especial. Puede parecer un poco tonto darle tanta importancia al look de mi cumpleaños, pero son mis pequeñas ceremonias, y algo he de practicar puesto que no soy religiosa.

Voy a tiro fijo, porque ya había visto el vestido dos días antes, como he dicho, y por suerte, ahí seguía. Me voy derecha al probador, porque ya era más bien tarde, pronto se pondrían a hacer cierre, y no me gusta ser de las últimas clientas en una tienda. Me da cierto reparo, por solidaridad con los que trabajan de cara al público. Espero mi turno en la entrada de probadores. La dependienta me da la espalda (mal) mientras arregla unas perchas. Y me ignora. Y llega otra dependienta más y también me ignora porque se pone a hablar con su compañera (muy mal). Os prometo que mi posición era bien visible. Que una no aguanta un vestido con su percha en la puerta del probador, vestido por delante, porque sí. Que es muy probable que tenga intención de probárselo. Tras cinco minutos, oye, ¿en serio?, de buen rollo, porque nada tan nimio debe amargarte el día de tu cumpleaños, les pregunto:

—Perdonad, ¿os importa que pase a probarme este vestido?

Me miran como si recién hubiera llegado de Kansas, o de Marte. Pero entiendo que aquella mirada no significó nada en relación a mi persona o a mi aspecto. Quiero pensar que por fin se dan cuenta de que había estado esperando y no me habían ofrecido pasar y lo sienten, un poquito. 

Como no le he pedido permio a C,
ici la edición cortada de la
 parte de atrás

Me pruebo el vestido. Y efectivamente entra perfectamente, y como mucho le puedo sacar la pega a lo mismo de siempre: ay, Carmela, si tuviera un poquito más de pecho y así las sisas quedaran más ajustadas, más en su sitio. Pero, de corazón os lo digo, el amor propio y la destrucción de mitos tóxicos es esencial en el probador: no os centréis en todo eso que, según el condicionamiento social, os hará notar los “fallos” o “defectos”. Miraros bien, pero buscando no las imperfecciones, sino las virtudes. Celebrando vuestra imagen, qué narices. Lo guapas y guapos que sois, y lo tremendas y tremendos que os veis con un vestido, o traje, o pantalón, y lo a gusto que os sentís, y lo felices que os hace “ir mudados” de vez en cuando. Fuera del probador tienen que quedar los “adónde voy yo con esto” o “qué brazos más gordos”. La cremallera cierra, el vestido llamará la atención de cualquiera. Y voy a ir a la cena de mi cumpleaños como una diva. Así que me lo quito. Lo recoloco en la percha, salgo pletórica.

Voy a salir sin más, sin decir nada. Justo a devolver la ficha del probador y rápidamente para caja, que nada más capte mi atención de camino. Pero entonces la dependienta que antes me ignoró por unas perchas y una conversación sobre su horario sí que me ve, quizá me estaba esperando. Y estira su mano. No hacia la ficha que yo le tendía, sino hacia lo que llevo por delante pletórica, hacia el vestido. Su lenguaje corporal no deja lugar a dudas, es un dame el vestido y lárgate ya (muy mal). Y entonces ufana, pero divertida, le contesto:




—No, que me lo quedo.

¡ZAS!

Le guiñó un ojo y me voy de allí. Puede pensar lo que quiera. Ni siquiera es culpa suya. Porque yo llevo a mis espaldas muchos años de prejuicios sobre mi imagen, yendo en mi contra, pensando que no tenía derecho a probarme ciertas cosas por lo que decía la etiqueta, o porque en aquella tienda clarísimamente no servían “ropa de mi talla”. Quizá se quedó sorprendida. Y yo solamente le deseo que no sea la primera vez. 

Y de nuevo, llamamiento a las consumidor@s, porque os insisto: la ropa inglesa es más democrática. Y aunque Topshop en principio no haga tallas grandes, esa 44 es una talla 16. Y creedme, la 16 está muy cerca de lo que allí consideran las primeras tallas grandes (aunque es de lo más normal que haya 18 y 20 en según qué tiendas en el propio “main range”). Es cuestión de probar, porque ya lo dijo el sabio: nuestro deber es experimentar. Tantas veces como haga falta.

¡A por la semana!

p.D: He decidido que esta última semana de enero sea la semana #doubleprint. Es decir, la semana de combinar dos estampados. Iré poniendo fotos en Twitter (@garymused) con el hashtag #doubleprint. Como me he decidido hoy, porque estaba totalmente desolada por el regreso del lunes, no he podido avisar antes. Pero lo comento por si a alguien le apetece apuntarse, o cotillear, ni que sea un día, o un par, o cuantos quiera. ¡A sacar los estampados del armario y a combinar lo incombinable! Si os animáis, please, decídmelo ;) 

11 comentarios:

  1. mira que ara obren a NZ el primer Topshop, i és la bomba per que no hi ha botigues de cadena europees, ni americanes, ni UK ni ná. Però aposto que ho fotran a preu d'or com si fos Vuiton. Aquí et moriries de veure les botigues, el shopping és drama absolut, començo a veure la compra de roba online amb altres ulls.

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    1. Ai, has de fer-nos de reportera a les Antípodes. Tot i que NZ és de la Commonwealth, potser no es passen tant. Aquí les etiquetes ja ni porten el preu en pounds, perquè no sigui tan descarat que te la claven. Però les rebaixes són guais. Asos no t'arriba pas?? Oh my. Petonets!

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  2. Justamente este mes yo también he empleado Topshop para ir contra lo (mal) establecido. Ni corta ni perezosa, en rebajas, adquirí un sweater de navidad. Lo estrené allá por el 20 o 21 de enero, y no para llevarlo discretamente debajo del abrigo sin que nadie se percatase de la adecuación estacional, no. Me lo puse para salir a una tarima a hacer una presentación ante mis colegas. Y no creas que era discreto, de esos que pueden parecer simplemente de invierno y no necesariamente navideños. Es verde, con elementos claramente festivos. No puedo permitirme adquirir una prenda en Topshop con demasiada frecuencia así que, para una vez que lo consigo, tenía que lucirla.
    Gracias por compartir tu cumple, ¿ya no haces guateques en la terraza?

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    1. ¡Bravo, Adriana! Celebro tu me-pongo-el-jersei-que-me-dé-la-gana. Y pienso que, dado el arrojo demostrado en dicha presentación, quizá quieras participar en el próximo proyecto de esta humilde morada que es Maude ;) Está claro que tienes el espíritu adecuado. Please, stay tunned!

      El Guateque en el Hostal es exclusivo de las Nocheviejas. ASististe a la única edición estival que se ha celebrado.

      ¡Un beso!

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  3. ¡Estabas preciosa!El pelo y el vestido, combinación de matrícula ^^ Yo paso olímpicamente ya de algunas dependientas con prejuicios, si me queda bien y me gusta, ¡al ataque! :) Por cierto, feliz cumpleaños atrasado, linda <3

    Aquí en Canarias no hay TopShop pero pinta bien, cotillearé un poco en la web ;)

    Un besazo!

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    1. ¡Muchas gracias, Lucy! Al menos una vez en la vida, una tiene que lucir alguna cosa dorada o que resplandezca en exceso.
      Ya me dirás si haces algún descubrimiento en Topshop.
      ¡Un besote!

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  4. Voy a tener que aprender de ti, hace mucho que no me autorregalo un vestidazo como ese, uau!!! Estás espectacular, y la dependienta ya puede mirarte como quiera.
    Voy viendo tus doubleprints en Facebook, es que no tengo Twitter, yo aún no me atrevo, pero quien sabe, voy tomando nota!!
    Un besazo guapisima Jen

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    1. ¡Gracias, Marissa!

      Como le he dicho a Adriana un poco más arriba, estoy gestando un pequeño gran proyecto sobre imagen que desvelaré pronto. La semana de #doubleprint es un poco una prueba, experimentación. Y creo que, en la medida en que consideres oportuno, quizá te apetezca unirte. Algo que nos haría mucha ilusión. Además, que tienes acceso a la imagen de muchísimas personas a diario, y seguro que tus observaciones al respecto son muy interesantes.

      ¡Un beso!

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  5. Yo, que de primeras soy una de esas personas que solucionan las injusticias con un lanzallamas (resulta que en el país había muchos más bomberos de Fahrenheit 451 de lo que parecía), después suelo pararme a reflexionar y es ahí donde estas entradas tuyas me resultan, aparte de simpáticas y entretenidas, necesarias. Yo lo suelo decir y me miran muy raro: ante un relato injusto o que no te viene bien, la queja no sirve; hay que crear tu propio relato. Lo que yo te diga, la gente me mira como diciendo, «ya está este echándole miolastanes a la cerveza», pero yo creo que algo les queda en esa mente talla única.

    Por eso estos pequeños relatos tuyos de autoafirmación tan "salaos" me gustan tanto, porque escriben otra historia más allá de la queja que paraliza.

    Un beso y por aquí estoy.

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  6. Felicitats amb retard Jennifer! Un plaer haver xerrat amb tu al Come in!! :D
    Realment anaves com una diva!!
    una abraçada i fins aviat :)

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    1. Moltes gràcies, Núria! M'han molat molt els teus vídeos, però sobretot la teva visita :) Thanks for that as well. Fins a la propera!

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