miércoles, 7 de enero de 2015

estudio (mordaz) de personaje

Esto no es una simple anécdota librera, sino más bien una experiencia terrorífica. No puedo entrar en todos los detalles, ni tampoco quiero expulsar mucha bilis, como hubiera pasado de haber publicado este escrito hace un mes, cuando todo esto sucedió. La lucha de clases continúa, camaradas. Vengo a preveniros sobre un tipo de personaje, de la raza humana, que no querréis en vuestras vidas. Se aconseja cambiarse de acera al avistarlo, o salir corriendo en su defecto, si el disimulo no es posible.

Entremos en materia.

Érase un día de book fair navideña. Pequeño inciso: en la terminología de Balmes 129 bis, denomínese book fair todas aquellas ferias de libros que organizamos en escuelas internacionales. Y privadas. Sí, coles pijos. Esas escuelas que no se puede permitir cualquiera y que, por principios morales, yo no puedo acabar de aprobar. Porque la mejor educación debería estar al alcance de todos, no sólo del que la puede pagar. Pero son sitios donde se celebra la Navidad con una venta de libros. Se ajustan los precios, números redondos para facilitar el cambio, y descuentos especiales. Yo me encargo de confeccionar los catálogos de este tipo de eventos. Y es mucho trabajo previo, no os voy a engañar, para todos. Pero se va y se hace. Una se imagina que contribuye al fomento de la lectura, y si es porque los niños y adolescentes lean, una hace cualquier cosa.

No es el negocio del siglo. A veces, se pierde dinero. Se invierte mucho tiempo. Pero los motivos para organizar este tipo de eventos son otros. Algunas veces, contribuye a afianzar relaciones que sí son interesantes. Por mucho que sea una educación exclusiva, no puedo negar que me encanta, un poco, “meter la patita” en bibliotecas; conocer de primera mano lo que leen los adolescentes, aunque sea la peor mierda (con perdón), y ver cómo los niños se interesan por los libros, los toquetean, los hojean, se emocionan con ellos. Los libreros somos unos románticos, es verdad. No exagero: a muchos les da igual, pero algunos se emocionan. Y eso es un subidón. Que bien vale el madrugón que te pegas.

Vaya por delante que esta vez fue un despropósito, nuestra primera vez en el centro X, y todo lo que pudo ir mal, fue mal.

Sin embargo, lo dicho, no puedo entrar en detalles. Nos vamos a quedar con lo más traumatizante: ELLA, mi Némesis.

No exagero, solamente dramatizo un pelín

Apareció sobre las cuatro y media de la tarde, con un abrigo enorme que parecía de visón y cuyo coste seguramente triplicaba mi sueldo mensual. También llevaba un sombrero Burberry, del que podemos decir lo mismo. Y a dos de sus hijos, a los que tenía un poco apocados. El tercero, al que solamente llamó “trol”, estaba enfermo en casa y quería comprarle algunos libros.

Desde un primer momento su comportamiento fue brutal, salomónico, tres libros para cada niño. De entrar a matar, sin saludar:

—A ver, ¿dónde tenéis las guías de estudio? —con apremio. 

¿Qué guías de estudio? Si nadie del centro se dignó a tener comunicación directa con la persona encargada del catálogo, es decir, conmigo. Breve nota: lo chachi de nuestro catálogo, modestia aparte, es que es consensuado. Que yo preparo una base, y los bibliotecarios, normalmente, o profesores a cargo, me piden ciertas cosas que quisieran tener en la feria. Pero aquí nadie quiso tratos con la librera working class. Por supuesto, yo me pasé todo el trayecto hasta allí quejándome al más puro estilo Bernard Black.

—Pero es que no os han informado bien. No, no, no, nada bien…

Volvamos a Calígula y sus hijos, a los que por mucha cultura que les compre, porque enseguida comenzó a acumular libros, está educando en la intolerancia y la irrealidad del esnobismo más petardo. Lo que me empezó a matar, y donde tuve que empezar a apretar los dientes a riesgo de cercenarme la lengua, fue lo siguiente:


—Pero jo, qué caros… ¡Madre mía! ¿Pero cómo es que los tenéis tan caros?

Has oído bien, Bernard, le parecen caros


Su indignación tirada por Tierra con semejante abrigo, bolso, y gorro. No os había dicho nada del bolso. Quejas varias e hijos callados. Es que ella estaba muy bien acostumbrada a los precios de Amazon UK. Mi enfado, reprimido, me sentí como una olla presión. Mi archienemiga demostrando a más no poder la poca clase: si no quieres comprar “por caro”, pues te callas, y lo dejas ahí. Eso sí, que nueve libros sumen un total de 82€ no me parece en absoluto caro. En ese momento en el que el compañero le cobró, yo me aparté, porque si no, hubiera cogido la pila y le hubiera comenzado a espetar que cuánto quería pagar, a ver, y ahora mismito le llamo al botones para que se los baje por la escalera. Mucha escuela cara, mucha ropa cara, mucho decirle a su hijo que el año que viene ya podía leer El gran Gatsby, pero retratándose como una verdadera bruta y marcándose unos cuantos faroles. Señora, no me insulte a Fitzgerald, que nunca escribió para niños de 10 años. Leer, sí, puede leer de corrido si quiere, pero no me toque las narices. No chulee con que su hija leyó Anna Frank con 6 años. No diga tonterías. Le salen por la boca pedanterías. Y yo me callé, porque si no, me hubieran salido sapos y culebras.

Aunque lo más atroz estaba por llegar. La guinda del pastel. Cuando dijo, mirando a los adolescentes que flirteaban y tenían las conversaciones hormonadas propias de la edad en la sala de estudio contigua a la biblioteca:

—Hay cosas que no entiendo —con gesto de profeta— A éstos, ¿a éstos?, no los vas a ver en Harvard, me los voy a encontrar a todos luego en Carabanchel.

Fuera lo que fuera que quisiera decir, sonó ofensivo, despectivo y que me lo explique. En Carabanchel hay una cárcel… ¿Los está llamando delincuentes por tontear y darse algún piquito? También es un municipio más modesto que donde nos encontrábamos: ¿Me está diciendo usted que la gente que vive con menos dinero es una fracasada, es peor, es mala, es culturalmente inferior? Tuve que controlar a la Medusa que llevaba en el interior y que pedía justicia a gritos. Me dio una rabia tan profunda que casi se me saltan las lágrimas. Solamente quería salir de allí corriendo despavorida y aterrada, porque no podía soportarlo. No puedo con la lucha de clases que nos anula como personas independientes, fuera de nuestras circunstancias. No puedo con las jerarquías de poder. No puedo con los que asimilan tener dinero a ser mejores. A ser más educados. A ser más elegantes. Más amantes de la cultura.

Pues bien, la cultura, si no es popular, no sobrevivirá. El adolescente flirtea porque es así como debe ser, como debe empezar a ser dueño de sus emociones y su cuerpo, y no convertirse en un ser reprimido. Porque es lícito que pierda el tiempo, un poquito, y descanse, y ría y se divierta. Mi némesis se libró de toda la furia de Thor porque ya no estamos en tiempos vikingos.

Así me sentía yo por dentro


p.D: la próxima anécdota no será tan amarga, I promise. Pero debía compartir también las sombras, no sólo los gozos. ¿Ya os habéis apuntado todos al sorteo de la entrada anterior? 



13 comentarios:

  1. De esos tipos hay en todas partes, aún recuerdo la frase de un ex-jefe hablando de otra directora "si, si ahora vive en Pozuelo (pueblo pijo de Madrid) pero es de Carabanchel" ...

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    1. Qué triste... :( Y qué asco, también.

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  2. Uy Jen, el mundo está lleno de gente como esa clienta, que te miran por encima del hombro y no dan ni los buenos días a la trabajadora que les atiende, sólo porque sus hijos se llaman Telmo y Pelayo y viven en Neguri, que es lo más de Getxo. Tranquila que no estás sola, pero vamos, que yo ni me lo tomo a mal. Ellos en su mundo y yo en el mío, les observó recoger sus tarjetas de embarque de mi mano con el mismo desdén que ellos me brindan. Nariz alta, pecho fuera, y a por el siguiente, que normalmente me suele desear feliz año y ser muy amable. O ser un doble de Nick Nolte y decírselo al señor, como me pasó ayer , y echarnos unas risas. Le dije: parece usted un actor dd cine, y me dijo: qué lástima que lo único que tengo de eso sea la cara jajaja

    Feliz día Jen, que no te lo amarguen esos ET's de extracción social ajena!!!

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    1. Sí es bien cierto, una persona amable y maja equivale a unos cuantos cenutrios. Tengo que aprender esa diplomacia que tú tienes. En realidad yo soy bastante de pasar de ciertas cosas y no dedicarles ni un minuto. Pero es que ese día, sería el cansancio, la situación, o todo en general, saltó la bolchevique. ¡Un besazo y feliz recta final de la semana!

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  3. Que le pregunten a Fitzgerald si no tonteaba de adolescente. A veces me lamento, lloriqueo por las esquinas pensando, ¡oh! ¡qué desgracia la mía! ¡si me hubiese formado como librera sería más feliz! No tendría que lidiar con semejantes zopencos, ya que, todo aquel que entra para adquirir un libro, debe ser persona digna de escuchar y conversar. Claro, que el idilio me dura sólo el tiempo que necesito de consuelo, luego ya soy consciente de la realidad. Eso es como eso que decía de más joven (si cabe). Mi futuro dandi lo conoceré en una biblioteca. Envejeceremos después juntos, amándonos en el porche, leyendo libros en un atril porque ya nos resultan pesados para nuestras manos temblorosas. Un día te narraré personajes dignos de entrada que me he topado en las bibliotecas. ¡Gracias por tu anécdota!

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    1. ¡Gracias a ti, guapa! Todavía puede encontrar a ese dandi en la biblioteca, o en una librería, o en la cola de un concierto ;) Y a lo mejor no es uno. Y a lo mejor no hay porche y atril, pero sí terracita. Me ha encantado la idea de Fitzgerald haciendo el tonto de adolescente. De verdad. Esos grandes nombres que también tuvieron una vida cotidiana que ya nadie recuerda. Se lo voy a restregar al próximo que chulee. ¡Un besote!

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  4. Madre mía, menuda arpía. Pobres hijos, ¡cómo será vivir con semejante espécimen! Realmente, por gente así no vale la pena coger nervios :S pero da un asco igualmente...

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    1. Pues sí, los mayores perjudicados son los hijos. Total, nosotros solamente tuvimos que aguantarla un rato. ¡Un abrazo, Lucy!

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  5. Yo los mataba a todos y todas, sin tibiezas... no por adinerados sino por todos esos adjetivos malsonantes que no voy a poner y que tan bien le cuadran. El dinero vuelve tonta a la gente, sobre todo a la que ya era muy vaina. Pero claro, yo que voy a decir si soy pobre y calvo.

    Un abrazo y de verdad, a esos clientes hay que aguantarlos y poner lo mejor de uno para no sacar el machete.

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    1. Yo suelo decir que "les poto en la cara", y mentalmente lo hago una y otra vez. Mejor fuera que dentro :) La cara al público es lo que tiene, pero luego en el fondo a mí me gusta el contacto con la gente. Un día haré un club de masocas-aquí-reunidos. Un abrazo de vuelta, señor Poeta ;)

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    2. ¡Uy lo que me ha dicho! ;)

      Tú lo has dicho, el contacto es interesante y deseable con la GENTE.

      Un abrazo a ti también

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  6. Deberíamos montar un club de lectura blogeril. Sé que es una sugerencia egoísta porque me enriquecería mucho más de tus contribuciones que los demás de las mías, pero...
    Tenía uno en el pueblo, pero desde que me he mudado no puedo asistir. He intentado participar en algunos online, pero la selección de lecturas no ha acabado de cuajar en mi estantería...

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    1. Nos enriqueceríamos todos, seguro ;) Tenía una idea parecida para hacer con discos. Pero yo puedo ser un caos organizativo. No sé si sería capaz... Aunque me gustaría probar. ¡Todo se puede hablar! ;)

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