viernes, 19 de diciembre de 2014

ya no le tenemos miedo a la Navidad

Este mes de diciembre estoy de celebración. Sí, ya pasó el temible mes de noviembre de la abstinencia, en el que no compré ningún libro. Side note: y ahora los compro casi sin descontrol. Pero no se trata de eso simplemente. Este mes de diciembre celebro que los domingos han cerrado la mayoría de los comercios de Barcelona, y que muchos libreros han podido descansar y leer, que bien lo merecen. Me va a salir el drama de abuela recorriendo la estepa rusa en busca de Mijaíl encerrado en el Gulag como ahondemos en el tema de trabajar festivos. Que además, es el segundo año que no los trabajo, porque el comercio independiente nos hará libres, camaradas. Pero lo que también celebro es que este mes de diciembre cumplo seis años trabajando como librera.

Quizá es más típico contar días de Sant Jordi como cicatrices de guerra; en Balmes 129 bis, se cuentan “campañas” (de texto), ese mes que trabajamos casi de sol a sol, a base de tupper frío y en el que siempre te sobreviene la desesperanza en la recta final, cuando a mí me sale la vena más nihilista y cínica: y todos estos métodos de aprendizaje de inglés, todas estas horas, para que al final nuestro querido país siga a la zaga de tantos otras sociedades en el nivel de inglés. Promovemos un bilingüismo de postureo cuando obligan a tantos profesores a reciclarse e impartir Ciencias y Economía en inglés, e incluso Educación Física. Y si alguna mente pensante me está leyendo en alguna parte: más horas de Literatura, por favor. Y menos listas de palabras, las listas de palabras no van a ninguna parte.

Personalmente, yo cuento Campañas de Navidad. Me estrené en este sector en una gran superficie donde os podéis comprar DVD, discos, periódicos, teles, y ahora parece ser que también la Lekué y todos los packs de experiencia que queráis. Me pusieron un chalequito y una placa con mi nombre, acortado de la peor forma, y entonces no era negro, y la jefa me pidió que no la odiase (aunque nunca cuajaríamos) porque me había tocado Infantil. Entré en aquella campaña de Navidad en la que todavía se podía superar el presupuesto diario en 5000 euros y tras aprobar una prueba grupal sobre los 10 libros que rescataría de un naufragio; al año siguiente, nos tuvimos que ordenar por edades, de mayor a menor. Las entrevistas grupales en busca de roles, del perfil librería, o vete tú a saber qué. Entré ese año en el que tenía una misión que me haría odiar la sección Juvenil hasta los días de Balmes 129 bis, donde es la niña bonita de la casa: llenar una estantería con doble fondo con la Saga Crepúsculo, mantenerla siempre llena. Si toda esa gente se hubiera podido esperar, en 2013 los hubiera podido comprar de saldo, al menos en español.

Este año le hemos puesto estrellitas a los escaparates ;) Detalle


Pero Infantil curte mucho, te conviertes en librero profesional. En esa subespecie del gremio que sabe encontrar libros de texturas, de pestañas, de sonidos, de lomo finito y lletra lligada. Eres capaz de recomendar libros para niños de 8 años. Para niños a los que nos les gusta leer. Infantil se ama o se odia. Por suerte, yo entro en el primer grupo. Y así conseguí el trabajo en Rambla Sant Josep 88-94, donde recalqué en la entrevista que a mí especialmente me gustaba Infantil y que era lo que mejor conocía. Allí nunca tuvimos secciones asignadas, pero el Zulo Rosa, con cariño, era un poco mi terreno, donde hacía y deshacía bastante a mi antojo. Donde cambiaba las cosas mil veces, y casi sin réplica. Donde quizá desarrollé mi ego profesional, y la costumbre de intentar salirme siempre con la mía. La primera semilla de ambición. Me gustaba organizar. Mueve aquí, mueve allá. Me gustaba tomar algunas decisiones. Buscar regalos y libros temáticos para el proyecto de la clase. Especialmente en Navidades, y en esa sección, el librero es una pieza clave.

Hasta que se produjo la separación, y llegué a Balmes 129 bis. A llevar “Literatura”, entendido como un concepto de libro genérico, que no es Texto ni Infantil (¡fíjate!). Y a llevar Importación. Las nuevas responsabilidades me acercan más que nunca al “poder”, aunque más bien, yo lo entiendo como “libertad”. No se trabajan festivos, no se trabaja de pie, me encargo de lo que entra en la sección y no ciertos aprovisionadores desde oficinas lejanas. Me permitieron moverlo todo. Ficción a un lado, No ficción al otro. Mover baldas, mover libros, cambiar mesas. Crear relaciones de verdad con los que vienen a visitarnos. Que el espacio sea a mi gusto, o casi. No llevar ni chaleco, ni placa. Bucear en los catálogos (eso me encanta). Reconciliarme con Juvenil, hacerme una experta. Y de vez en cuando, lo reconozco, intento meter un poco la patita en Infantil. Me tira, qué le voy a hacer.

Y tras este pequeño repaso, me pregunto… ¿Es esta la profesión de mi vida? ¿O sólo el primer tramo? Lo cierto es que empecé bien desde abajo: contrato temporal parcial por necesidad del negocio. De 6 a 10. Y los festivos, todos, toditos. De aprendiz sin voz ni voto en aquella primera Navidad de 2008 a formar a otros. A mantener un blog donde os cuento mi vida librera, como si fuera una verdadera superestrella (y tengo un poco a Lena Dunham en mente; falta mucho para que vuelva Girls). Lo que da de sí titular un documento de Word con un “ya no le tenemos miedo a la Navidad”. Casi un ejercicio de escritura creativa. La Navidad, que ya no sé lo que es. Porque mi vida no tiene ni trimestres, ni semestres, ni parciales, ni amigos invisibles. La Navidad que me da bastante igual, que no saca lo mejor de mí, que no me impulsa a escribir felicitaciones, ni montar pesebres, ni pasarme por Santa Llúcia, y  mucho menos decorar el árbol. Pero sí hacer algunos regalos, no lo voy a negar, que es lo que más me gusta, aunque nunca me llegaron los Bonos del Estado ni las Letras del Tesoro que pedía con cinco años. Materialistas amados, lo tenemos todo preparado, para que encontréis ese regalo en Balmes 129 bis que os reconcilie con la lengua de Didion.

S me mandó una fotografía del Zulo Rosa en pleno ocaso. Es una foto triste.


Hacednos una visita. No me quiero ir sin recordaros que por cada compra en Amazon, a algún librero, en cualquier parte del mundo, por muy recóndita que sea, le cae una dolorosa lágrima. Si podéis, comprad en tienda pequeña, en comercio independiente. Quizá veréis que el precio incrementa un poquito, pero estaréis recompensando el enorme esfuerzo de los que peleamos contra los grandes tiranosaurios con dudosas prácticas fiscales, las estrategias comerciales más marranas y las condiciones laborales más abusivas. Apadrinad a un librero independiente. Y ánimo, de todo corazón, a los compañeros que aguantarán las tempestades y las hordas traumatizantes en las grandes superficies. Estoy segura de que querrían estar en alguna otra parte. Les deseo que en 2015 ya no teman la Navidad.


¡Y que tengáis un buen fin de semana!




2 comentarios:

  1. Jen, a mí tus entradas me reconcilian con la vida en general, y con esa vida de librera que nunca he llevado pero siempre he imaginado cuando iba a comprar a las librerías y veía a los ajetreados empleados recolocando baldas y resolviendo dudas.
    Es un oficio precioso y espero que nunca se pierda, y enhorabuena por no trabajar festivos, ay!!! Algunas los vamos a pasar todos en el trabajo...
    Un abrazo, felices fiestas y sobre todo feliz atracón lector!!!

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    1. ¡Todo mi ánimo para ti, Marissa! Qué haríamos sin el personal de aeropuertos, cuántos se reúnen estos días gracias a vosotros :) Estoy segura que aunque no los días señalados, los que puedas descansar van a ser bien aprovechados ;) Y gracias por tus generosas palabras. Un besote y felices fiestas.

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