lunes, 3 de noviembre de 2014

promesas de noviembre

Tengo que anunciaros algo que os va a dejar sin respiración:

Me comprometo públicamente a NO comprar ningún libro para mi uso personal durante el mes de noviembre. Excepcionalmente, puede que compre algún libro para regalar.

De acuerdo, no era para tanto, me encanta dramatizar. Pero por vuestra parte, hay dos respuestas básicas ante este compromiso:

a) Me dais vuestras más sinceras condolencias, pero alegrándoos un poco porque es una decisión positiva para mi economía. También se aceptan consejos para sobreponerse al síndrome de abstinencia que seguramente empezaré a notar a partir del jueves.

b) Os reís un rato, por verme en estos extremos. La situación lo merece. Si no os reís, ¿para qué estoy escribiendo este post?

Por supuesto, A y B son opciones que se complementan a la perfección. Debo explicaros que he tomado esta decisión como tantas otras en mi vida: la idea de parar un poco mi consumismo bibliográfico me rondaba hace ya mucho tiempo, incluso a veces se me escapaba en voz alta un “ay, tengo que dejar de comprar (tantos) libros”, que en mi boca sonaba totalmente retórico y poco probable. Y entonces, un día de la semana pasada, me prometí a mí misma que en noviembre no iba a comprar libros. Y que por tanto, sería el primer mes en muchos años que no lo haría. Por supuesto, no con la intención de dejar de leer, ni mucho menos, sino para ver con satisfacción que la pila de lecturas pendientes disminuye un poco, por primera vez en mucho tiempo. Pila que tengo, en gran parte, escondida en bolsas de librerías. Sí, tapando un poco mis vergüenzas.

Sé que comprometerse a no comprar libros durante un mes es una promesa que os puede parecer muy blanda, poco arriesgada, que no es como dejar de fumar, o salir a correr todos los días, o cuidar plantas, o dejar de morderse las uñas. Pero los que me conocen bien, sabrán que es un gran esfuerzo por mi parte, que necesitaré de toda mi fuerza mental. Trabajo en una librería, y la tentación pasa por mis manos todos los días. Imaginaros que sois unos golosos, y trabajáis en una pastelería y os prohíben probar el chocolate. ¿Hay algún escenario peor? Y encima autoimpuesto, con lo que la responsabilidad es mucho mayor. Quizá os parezca que un mes pasa volando, que es un reto fácil en ese sentido, que no es para tanto. Pero os invito a meteros en mi piel, y sentir lo que yo siento cuando veo un libro que me apetece leer, cuya portada me grita “ven, tómame”, y parece que la tarjeta me anima desde el bolso con un “vamos, mujer, si te va encantar". Yo no soy soy de comprar 10 libros de golpe, pero sí puedo comprar en más de diez ocasiones durante el mismo mes. Y no puede ser. 

Aunque, que no cunda el pánico, que como dice uno de mis mejores amigos, con ese carácter tan culturalmente marcado: I’m positive. I can do it. 

Y ahora os voy a contar una cosa que podría no contaros, que quizá me desacredita un poco, y diréis, pero bueno, qué poca palabra. Día 1. Y y yo estamos haciendo el café en una terraza paralela a Portal de l’Àngel cuando un poeta interrumpe la conversación ofreciéndonos sus Chupitos poéticos, que es poesía y tontería a partes iguales, por el módico precio que nosotras elijamos, y hasta 900€. No, no he roto el compromiso todavía. Anteayer no compré un libro, sino un fanzine poético –la promesa se mantiene- y no os lo iba a contar, pero he pensado que quizá darle un poco de publicidad a Danilo Facelli Fierro era una buena acción, aunque este espacio sea pequeño y él se baste solito para convencerte. Porque muy pocas veces un extraño interrumpe una conversación para ofrecerte poesía, y encima humorística. Así que, si a alguien le apetece, comentaros que tiene un blog que se llama Vivir del bolo, que se parece un poco en el nombre al de cierta presentadora de televisión, pero ya está. Si vais a la pestañita de publicaciones, veréis que el diseño de su obra es bastante chulo, y que sus chorradas poéticas son de las que te arrancan una sonrisa. A mí me encantó esta del tercer Chupitario:

Y una vez más la piña colada entró sin ser vista.


Aplicable a tantos otros brebajes, ¿verdad? Un guiño absoluto al fin de semana. Pero vuelve a ser lunes, vuelta a arrancar, el fin de semana queda lejos todavía, y por lo menos, este nos lo hemos pasado muy bien. Me quedo con eso. Espero que el vuestro haya sido tecnicolor como mínimo. Volvemos a mediados de semana para hablar de… ¡Sorpresa! Pero id afilando vuestra dialéctica de la feminidad. Gracias. Espero que el cambio de horario no afecte vuestra asiduidad ;) 


A ver si me pongo cremita en las cutículas...

4 comentarios:

  1. Esa penitencia no la superaría yo! Y mucho menos si trabajase rodeada de libros, no podría resistir la tentación...
    Hace años hacia propósito de enmienda, pero ahora ya paso descaradamente de mi conciencia, y sigo comprando. Y no será porque no tenga libros, no doy abasto a leer las pilas que tengo en casa. Y todavía la gente ente dice: "pero si ya tienes libros, para qué compras más"
    Para qué??? Porque me hacen feliz !
    Las únicas reglas que me he impuesto es procurar comprar sólo clásicos en el más amplio sentido de la palabra, que para mí sean clásicos y no caprichos. Y procurar comprar mucho de segunda mano para no gastar tanto y hacer algo parecido al reciclaje, lo que otro no quiere a mí me enamora :) pero vamos, yo seria incapaz de estar un mes de sequía, eso te lo aseguró.
    Admirable me parece!!! Y echaremos un vistazo al blog del.poeta, claro que sí, un hombre que pide la voluntad por su poesía me parece cuanto menos digno de interés.

    Un saludo para ti Jen!!!

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    1. Marissa, no me queda otra, ya que me lo he propuesto. Anunciaré si lo consigo, pero yo creo que sí. Aunque estamos a día 4 y nadie da un duro por que lo logre :) En fin... Espero que no se me olvide, que también soy capaz. Pero como todo el mundo me lo recuerda, que no voy a poder, lo tengo presente. Así que... ¡Me tengo que demostrar a mí misma que soy una adicta voluntaria, no una yonqui sin elección! Jaja. ¡Un abrazo!

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  2. Te entiendo muy bien, Jen. Yo no he conseguido completar el mes sin caer en la tentación. Lo intento cada primeros de mes, avanzo victoriosa durante semas y fracaso a final de mes. Siempre igual :9 Pero como dien, sarna con gusto no pica ;)

    Besos.

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    1. Día 9 ya y aquí sigo... El otro día intenté hacer trampa: le dije a un amigo que yo le compraba un libro a él, y él a mí. Pero estábamos en La Central rodeados de tentaciones. Pude salvarme a tiempo. Y ya solamente quedan 21 días, me repito... Ay, se me va a hacer largo ;) ¡Mua!

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