lunes, 24 de noviembre de 2014

medias

Se me antojaron unas medias de color gris. Así que me compré unas en H&M, talla XL, 4,95€. No son de la mejor calidad, ni mucho menos. De hecho, no son las que más me gustan del mercado, porque la cinturilla se da fácilmente y empiezan a bajarse. La sujeción es importante. Pero tienen muchísimos colores, para todos los antojos. Side note: las negras sí que no os las recomiendo, tengo la firme convicción de que hay un complot para hacerlas más perecederas que el resto de su gama, y que compremos más. Puedo no estar en lo cierto.

Pero sí que tengo clara una cosa: tengo mucha suerte de que me quepa la talla XL de medias de H&M. De hecho, es una de mis tiendas de cabecera, aunque no sea la más ética del mundo. Es una tienda donde me puedo comprar de todo (a excepción de los sujetadores, porque los odio). E insisto, eso es una SUERTE, en mayúsculas.

Siento que H&M aprueba mis lorzas, y la de mujeres incluso más grandes que yo. No las democratiza del todo, pero las consiente. Me da una visibilidad relativa. Las medias XL están junto al resto; la mayoría de productos que allí adquiero, también. Pero su apartado de tallas grandes (que es el que menos visito) está siempre en la esquina más recóndita de la tienda. Son colecciones que nunca llegan al escaparate, que son más caras por sistema, que a veces siguen propagando los mismos tópicos sobre las compradoras de talla grande: ropa estilo saco, tonos oscuros, 0 minifaldas, poca cosa ajustada. Como si a mí no me pudiera gustar lo entallado, lo ajustado, los pitillos verdaderamente pitillos, y no pantalones rectos que pasan como tal. Pero, a pesar de todo, mi armario es H&M en un alto porcentaje. Tienen tallas generosas, y puedo comprar sin problemas en la colección “normal” (aunque odio llamarla así), incluso a veces en Divided, la 42 es una 42 generosa.

La de Ramblas es mi H&M favorita

¿Qué pasaría si no entrara en las medias XL de H&M? Si todo tuviera que ser siempre de tallaje “especial”, depender más de la compra por Internet y tener que pagar mucho más que el resto de compradores (Simply Be es amor, pero también lo pagas). Siempre he dicho que mi talla no ha ido en mi contra, que la he convertido en una virtud para tener un estilo propio, distinto, MÍO, también en mayúsculas, que me describe a mí y punto. No vengo a hacer apología de la gordura o la obesidad, pero es una realidad que existe, porque la naturaleza es múltiple, y no me parece para nada justo que mis lorzas sean aceptables, porque estoy gorda pero todavía se puede aguantar, y el de mujeres más grandes, pues no. Yo quiero que haya más tallas, tantas como cuerpos existen. Porque defender el positivismo corporal consiste en eso: aceptar todos los cuerpos e incluirlos. Y hacerlos visibles, en eso consiste democratizar.

Insisto: yo quiero ser visible. No me quiero tapar ni esconder tras tejidos oscuros y que estilizan. No quiero parecer más delgada, ni usar un push-up que simule una talla 95 de pecho, que no tengo. Quiero ser visible como soy. Quiero que el mercado me tenga en cuenta, como alegre consumidora que soy. Mi imagen gustará o no, pero no es reprobable por sistema. Y tampoco tenemos que pensar que los demás van a considerarla como tal. Me explico: recientemente he tenido dos experiencias muy similares en tiendas pequeñas. Me encantaría comprar más en tiendas pequeñas, apoyar al comercio independiente y consumir ropa más ética, con el medio ambiente y las personas que la fabrican. Pero si ya puede ser difícil comprar en grandes cadenas cuando no tienes una talla determinada, puede ser casi imposible comprar en comercio pequeño, más si tienes un presupuesto ajustado o medio.

La primera se produjo hace un par de semanas. Estaba con A. en un restaurante de Ali Bey y vi por la ventana una tienda interesante: ropa hecha a mano, en talleres locales, colecciones propias, de producción limitada. Quizá el estilo no era el que más me gustaba, porque era todo muy “vintage” y ya estoy un poco saturada de todo este rollo. Pero me gustaban los tejidos, me parecía ropa de buena calidad. A. se enamoró de un vestido marrón de búhos con cremallera a un costado… que no se pudo probar. Todo era S y M, y creo que, sin ser una experta, con suerte las prendas llegaban a la 40. A. preguntó si había más talla. Y el vendedor, que era francamente un tipo muy atractivo, altísimo, grandote, ese tipo leñador que enamora, contestó:

—Hay ciertas prendas que no se pueden hacer en según que tallas. 

Por ahí no paso. Y contesté:

—No tienes para nada la razón. Y nos vamos a ir con las manos vacías porque no tienes tallas para nosotras.

Nada de amedrentarse.

Ropa hecha a mano por ellos mismo. Digo yo que el patronaje será una cuestión de ir variando medidas, de reglas de tres, de coger un cacho más de tela y punto, ¿no? 

Le dije que si hicieran más talla, ganarían más compradoras. Y me dio toda la razón. Otra cosa es que no quieras diseñar para todas las mujeres del mercado –cosa que no considero inteligente, the more the merrier, pero no me digas que ciertas prendas no se pueden hacer en tallas más grandes. Porque no es verdad. Y le he preguntado a personas que sí saben coser y de patronaje, y a ninguna se le ocurre por qué algo no se puede hacer más grande. Es cuestión de coger más tela, variar las medidas y ya está.

Pero el tipo me trató bien, me miró bien, no fue condescendiente en ningún momento cuando le expresé mi opinión.

La segunda experiencia fue en una tienda donde me compré el collar de arañas (see photo). Me encapriché de unos jerséis, talla 12 la más grande (que es una 40-42 inglesa). Eran jerséis mulliditos, holgados, y la dependienta, muy cariñosa y muy sonriente, me dijo:

—Tú pruébatelos, sin compromiso. 

Por cierto, esas son las medias grises, y el vestido es de Kling

Creo que podría haber entrado perfectamente en esos jerséis, porque de la parte de arriba gasto menos talla. Pero no me hubieran quedado holgados, así que dije que no. Que a mí no me importa que algo no me quede como ha estado pensado (de esto, hablaremos en otro post), pero que en ese caso, en ese jersey concretamente, si no iba a quedar holgado y mullidito, pues no. A veces también me apetece llevar ropa más ancha. También le comenté que si trajeran más talla, podrían ganar más compradoras. Y de nuevo, sin reprobación ni condescendencia, la dependienta me dio la razón. Pero me comentó que lamentablemente no era la jefa, así que no podía decidir. Que a ella le encantaría tener ropa para todas. 

Porque es lo justo. Lo justo es que la moda sea inclusiva, la pueda disfrutar todo el mundo y no se convierta en una tortura social. Que no contribuya a acomplejar y crear sentimientos de inferioridad. Que no suscite que una persona pierda el control y el dominio de su propia imagen. Por eso, es de recibo que aunque hoy tenga la suerte de vestir sin problemas como yo quiero, y dentro de mi presupuesto, escriba que sigue sin ser justo que a mí me valgan las medias de H&M pero a muchas otras mujeres no. 

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