jueves, 27 de noviembre de 2014

la guerra espiritual a los libros mediáticos

La guerra espiritual a los libros mediáticos consiste, lamentablemente, en perder una batalla tras otra.  

Una vez, dos, tres… He perdido la cuenta de todas las veces que me he propuesto boicotear las ventas de un libro de escritor mediático, sea porque conscientemente lo excluyo de los pedidos de novedades o reposición, sea porque lo oculto en lugares recónditos de la librería (mi única estrategia en los días de Rambla Sant Josep 88-94). Y siempre, absolutamente siempre, le tengo que dar razón a las masas y el libro en cuestión acaba en pila en un lugar bien visible.

No es que esté en contra de todos los libros mediáticos que se publican (ya dije que tenía muchas ganas de leer Not That Kind of Girl). Algunos pocos se salvan. Pero creo que el peso que tienen en las ventas de una librería acaba siendo perjudicial. Parece contradictorio, porque aportan buenos beneficios, y eso, dada la naturaleza del mercado del libro, es toda una hazaña. Dicen.

Pero los libros mediáticos acaban generando una dependencia poco sana, sobre todo en ciertas editoriales que para justificar su existencia, y seguir haciendo caja, se desviven por encontrar EL personaje o la tendencia adecuada. Práctica que perjudicará a lectores y escritores por igual, y a la larga, a nuestra amada cultura.

Sylvia me hubiera dado la razón

Por eso, aunque sepa que está perdida, siempre le presento batalla espiritual a todos esos títulos que ciertas editoriales sacan al mercado para aprovechar el tirón de un personaje, serie, programa de televisión, moda, etc. Hay líneas editoriales que dan pavor, pues van a juego con los temas que más preocupan a las masas: ahora remedios contra la crisis, enzimas prodigiosas, superación personal, gente que pueda aparecer en Sálvame y los famosos que cocinan. Muchos libros mediáticos se podrían catalogar como ensayos autobiográficos, o memorias, o no escribo un blog, porque alguien me lo publica en papel. En sí, las memorias es un género que no me acaba de atraer, pero creo que no es lo mismo publicar una biografía tras una larga carrera que aprovechando el tirón mediático del momento. Ni es la misma perspectiva, ni tiene la misma repercusión, ni crea la misma expectación (aunque el año pasado me sorprendió la buena acogida de la biografía de Salinger de David Shields y Shane Salerno).

Algunos podrán decir que hay que aprovechar estos momentos, darles a las masas lo que quieren, unirse al enemigo cuando no se puede con él. Pero yo siempre he visto el libro mediático como el pan y circo de las letras, y algo en mi interior se remueve por inercia cada vez que uno irrumpe en la librería.

Pero pasemos a los ejemplos prácticos, a mis fallidas estrategias de combate:

Allá por octubre-noviembre de 2013, ya con las riendas de comprar el stock de Balmes 129 bis, me cerré en banda ante dos libros: It de Alexa Chung y My Autobiography de Sir Alex Ferguson. 

En el primer caso, mis motivos me parecían obvios: la celebérrima it-girl, que yo creía que ya no estaba tan de moda, pues ya había cortado con su celebérrimo novio, y que presentaba en un tomo de tapa dura, a 22€, lo que me parecía, ni más ni menos, un “inspirational board” de sus fotos preferidas, adornado con alguna frasecita aquí y allá y que como monográfico, la verdad, era pobre y poco interesante. Nada que no puedas encontrar en un tablero de Pinterest hecho con cierto gusto. Pero tienes que ser Alexa para tener EL buen gusto. Dicen.

Ejemplo 1 de estupidez máxima. Y que de paso, se mire el catálogo de Motown.


Claudiqué, y llegaron en pilas de 5 en 5.

Ha salido en bolsillo… Y me siguen pidiendo el tomo de 22€, que es más bonito. Mis allegados os lo podrán confirmar, yo tengo distorsionado el parámetro de lo que es caro y no en cuantos a libros, 22€ ya suele ser la media que suelen valer los que yo compro para mí, pero es que en este caso, ante semejante estafa cultural, sí, 22€ me parece desorbitado, los inviertes más a gusto en cualquier Persephone y te llenas el alma. Menos ser “it” y más ser nosotros mismos, please.

Alexa, esto no es personal.

Ejemplo 2: una página totalmente innecesaria.

Antes dije que no era lo mismo sacar un libro de memorias aprovechando el tirón mediático que tras una larga carrera, que al fin y al cabo, tras años en un medio, seguro que se pueden contar cosas interesantes para los que valoran y aprecian tu trabajo. Y demostrando aquí lo que es coherencia librera, le cogí una tirria enorme a My Autobiography de Ferguson, legendario entrenador del Manchester. Unas páginas que se cotizaron bien, más caras que el libro de Alexa. Y entonces, porque de vez en cuando, lo siento, me salen los prejuicios contra la sección de Deporte (I know, I know), pues dije por H y por B, y aunque me advirtiera la compañera de lo que se avecinaba, que sólo íbamos a traer el dichoso librito bajo pedido. En plan me enfado y no respiro.

La semana de su publicación tuvimos tantos encargos que… CLAUDIQUÉ. Hasta pusimos el libro en lugar bien visible, en el escaparate, en el “top ten”.

Y ahí la tenéis este año, en edición de bolsillo: muerta de la risa. Lo que me da un poco la razón, ya de paso.

¿Por qué? Porque es la naturaleza del libro mediático: su suerte está echada. Venderá hasta que pase la marea, y se acabe la moda. Vendrá algún cliente despistado, que se apunta tarde a la fiesta, o que realmente –rara vez- ha pensado que era buena idea coger ese libro, no por nada más, solamente por el libro. Ni por la expectación. Ni por la manipulación mediática. Mi aversión al libro mediático es simple: lo veo como un intruso en la librería, que no ha venido para quedarse, para permanecer largo tiempo en nuestras estanterías, para disfrutar del eterno letargo de la cultura en nuestras amada librería, cogiendo el debido polvo.

El libro mediático es el fast food de la cultura. Y yo sé que no queréis, pero son los aditivos: que lo hacen atractivo, que crean necesidades, que si está aquí, y allá, y si te ponen el caramelo en la boca todos los días, pues pasa lo que pasa, que caes. Pero la salud del lector de autores mediáticos se resiente, o se resentirá, os lo digo yo.

¿Sabéis lo peor? Las verdaderas víctimas de este tinglado son: Jeffrey Eugenides, Marina Tsvetáeva, Cuzio Malaparte, Barbara Comyns, Louis Ferdinand Céline, Naomi Wolf, David Leavitt, Marilyn French, Nikolai Gogol, Patricia Highsmith, Georges Simenon, Emilia Pardo Bazán, Charles Dickens… Y seguimos: Elizabeth Taylor, Richard Brautigan, Emily Dickinson, Serguei Lermontov, Alejandra Pizarnik… Y también Sylvia Plath, y Virginia Woolf, y Conan Doyle, aunque parezca mentira, y Ray Bradbury y...

¡LA GUERRA NO HA TERMINADO!

Adiós, Ferguson, adiós



7 comentarios:

  1. Me ha encantado tu reseña, Maude...¡¡Cuántos libros se mueren atrapados en las estanterías!! Alzo mi taza de té y me uno a Sylvia, quien apostaba en su librería y editorial, por aquellos escritores y escritoras que decían algo más...

    A veces, un amigo me llama cuando me dice que van a retirar un libro determinado porque se está dejando de leer...una vez pasó con 84 Charing Cross Road, inmediatamente, lo compré...para regalar. Me da mucha lástima que un libro como ese, se quedase sin su lugar y que otros, que bueno, también necesitarían su espacio lo tengan con tanto aplomo.
    Será que pasa como cuando una serie o un programa tiene tanto éxito y otros se quedan anclados a un horario nocturno porque lo vemos poquísima gente...en fin...
    Gracias, me ha gustado muchísimo tu entrada.
    Qué tengas un buen día rescatando muy buenas lecturas...

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. ¡Gracias, María! Por suerte, ahora no tengo que devolver esos libros de fondo de forma obligatoria. Que es cierto que siempre cuestan más de vender, o no, porque siempre tendrán lectores. En Rambla Sant Josep 88-94, las cabezas pensantes sí que retiraban libros sin piedad en función de las ventas. Muchas veces hacíamos boicot, porque nos parecía terrible quedarnos sin ciertos títulos. Lo llegamos a hacer tanto, que una vez nos llamaron la atención XD No colaba ya eso de que "no los encontrábamos".

      ¡Un abrazo! Yo brindo con café.

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  2. Yo debo ser la rara porque vengo a darte la razón como a un santo. Demasiado libro mediático, demasiada tontería que ocupa espacio quitándoselo a los libros de verdad pero me muero por leer la biografía de Ferguson. Que le voy a hacer si a mí el fútbol me pierde...
    Un beso.

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    1. Lo de Ferguson es un poco irracional por mi parte, lo reconozco. Al parecer, la edición de bolsillo está revised & updated, con todo lo que ha pasado este último año ;) ¡Un besote!

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  3. Una cosa que me irrita muchísimo es que cuando alguien se entera de que leo mucho, lo primero que me pregunta es si he leído tal o cual best seller y qué opinión tengo. No falla, se creen que lo único que existe en el mercado de la lectura es el último de Dan Brown o de Matilde Asensi. Entonces les miro directamente de frente y les digo que nunca leo ese tipo de cosas, que sólo leo clásicos. La reacción por decirles la verdad es que te clasifican inmediatamente como una freak , pero no me importa. Si tengo algo de confianza con la persona que me habla, intento hacer un poco de proselitismo de los clásicos, pero normalmente no surte efecto.
    La gente no sabe lo que se pierde, si los clásicos ,en el más amplio sentido de la palabra, disfrutasen de las campañas de marketing que tienen los best sellers, les dejarían en ventas a la altura del barro. No hay libro mediático que pueda competir en calidad ni en el poder de elevarte a una historia de ensueño como lo hace un Dickens o un Dumas....eso pienso

    Un abrazo Jen, buenísima la entrada, de verdad.

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    1. Te entiendo perfectamente, me ha pasado muchas veces. A veces paso ciertos apuros cuando me encuentro con clientes que insisten y exigen que les resuma y les explique qué me han parecido las novedades que acaban de salir. Entre que la gran mayoría no me interesa, y que son tantas y tan nuevas, con lo que es imposible haber tenido tiempo material, algunos me miran preocupados, como si nunca hubiera leído nada en la vida :S :S
      Besos. ¡Muchas gracias!

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