domingo, 16 de noviembre de 2014

cuando ya no tengamos edad

A veces me pregunto si dentro de veinte años voy a seguir teniendo la misma afición por minifaldas, vestidos de corte skater y botas de cordones. Si voy a seguir llevando el mismo color de pelo, y si la sombra de ojos negra y desparejar pendientes van a seguir estando entre mis opciones predilectas. A veces, me pregunto: ¿llegará un momento en el que ya no tenga edad para ciertas cosas? Para llevar pitillos, y camisetas de concierto por dentro de la falda, y zapatillas Converse de colorines. ¿Cuándo será ese momento? ¿Voy a poder postergarlo al máximo, o habrá una imperceptible época de transición? Pero de verdad, ¿llegará ese momento en que ya no quiera llevar parkas con pañuelos de colores, y camisetas de tirantes, y medias de encaje? Ni tachuelas, ni vaqueros color mostaza, ni colgantes de la cara de Bowie. ¿Eso pasará?

Y me pregunto todo esto porque en muchas ocasiones mi forma de vestir, de presentarme ante el mundo, va estrechamente ligada a la actividad que estoy haciendo: ir a bailar a Marula, o de concierto, o viajar e incluir en la maleta alguna minifalda para salir por la noche. Todos esos instantes que justifican el vivir sometida a la rutina, mantener un trabajo estable, hacer la declaración de la Renta, comprar el abono mensual. Todos esos momentos, y lo que me pongo en esos momentos, definen mi yo presente. Y a veces me preocupa de forma extrema cambiar de hábitos estéticos, pues ahora me siento tan bien en mi piel que ¿por qué voy a tener que cambiar mi forma de vestir? Me diréis que es una evolución natural, que las cosas cambian, se transforman, que me gustarán otras cosas, habrá otras modas, y yo sospecho que hay cosas que cambian por convención social, porque es lo que toca. Y lo aceptamos sin rechistar. O nos arriesgamos a que la sociedad redoble sus ataques, nos bombardee con reproches, no diga en todos los formatos posibles lo de: “ya no tienes edad para”. Lo peor: cabe la posibilidad de que nos lo creamos.

Por eso, yo os quería enseñar hoy unas fotos de mi madre. Podría decir muchas cosas sobre ella, pero he preferido mostraros unos ejemplos de cómo le gusta vestir. Puesto que ha sido una persona que pasó por una etapa de transición natural a la madurez, que empezó a vestirse “como correspondía a su edad”, en opinión del resto, y desde hace unos cuantos años, ha decidido recuperarse.


A lo style blogger: Jersey + leggings - H&M ... Botines - tienda local... Pañuelo y colgante - prestados (pero el colgante es hecho a mano, de la tienda Boogaloo)


Yo he tenido la suerte de nacer en una casa donde las mujeres son predominantes. Mi madre, mis hermanas y mi abuela han sido mis referentes principales en cuanto a la imagen, hasta que llegó el momento de controlar mi propia imagen. Recuerdo a mis hermanas maquillándose en ese estrecho cubículo que hacía las de cuarto de baño en Jaime Huguet 32 y así aprender que una salía de casa preparada de cierta manera. Mi madre tenía la costumbre de comprarnos ropa nueva para ciertas eventos, y de hacernos fotos cuando estrenábamos algo, y de dejarnos elegir nuestra propia ropa (al parecer, el primer vestido que elegí fue al año y medio). Y eso deja un poso muy importante. Nunca he visto a mi madre maquillarse, y desde que puedo recordar, siempre ha llevado el pelo bien corto, casi al cepillo. Y también, siempre se viste aunque no vaya a salir y se quede en casa todo el día. Pero conforme iba creciendo, la imagen de mi madre y la de sus fotos en eventos pasados (otra tradición familiar es que de vez en cuando toca hacer sesión de repaso a la gran caja de fotos) no se parecía en nada. Las fotos de mi madre mostraban a una persona que solía seguir las tendencias: las plataformas, la pata de gallo, los volantes, lo cuadros. Su vestido de novia fue un vestido ajustado, corto, fucsia con chorreas y un moño alto. A finales de los 90, y durante los 2000, se pasó a los pantalones de goma, las camisas y blusas anchas, que disimulaban sus formas, que respetaban su edad.

Por suerte, esa etapa ha sido superada. Y ahora lleva estampados, leggings metalizados, botas de colores, vestidos de polipiel, abrigo fucsia, pantalones de dos colores, skater dress de margaritas, bambas y botines rojos. Nos encanta ir de compras juntas. En muchas ocasiones, nos compramos cosas iguales, como ese jersey de punto metalizado con los hombros al descubierto, o el jersey de la Dama y el Vagabundo. En muchas ocasiones, mi madre ha sido lo suficiente generosa como para comprarse ciertos vestidos que no había en mi talla y me parecían fabulosos (gracias, Mama, por fiarte de mi criterio, y dejarme hacer de personal shopper). Muchas veces encuentra cosas y me pregunta: «Ay, ¿y esto qué te parece?». Y a mí me parece que si le gusta a ella, aunque a mí me pueda gustar menos, es genial que se lo compre y se lo ponga. A veces, duda, no porque esa prenda le vaya a sentar bien, sino porque no sabe si se va a atrever. ¿Y sabéis por qué? Porque todo el tiempo escucha lo siguiente: «Ya no tienes edad para eso, ¿no?». O por ejemplo: «Eso para una de 40 vale, pero no para una de 60». Y se lo cree, un poco. Y a veces me dice: «Pero para donde yo voy a ir… ¿Cuándo voy a poner algo así?». Y entonces, por supuesto, yo saco todo el arsenal de argumentos afirmativos y positivistas e intento contrarrestar todas esas críticas que me parecen bazofia. Que me parecen inconsideradas. Que no vienen al caso. Porque toda mujer tiene derecho a ponerse lo que desee, tenga la edad que tenga, tenga un cuerpo normativo o no.

 

Vestido - Primark (foto izquierda) ... Jersey - H&M ... Falda - tienda local ... Botas - tienda local

Y por suerte, no porque yo sea persuasiva, sino porque también es tozuda un rato, mi madre consigue sacar de dentro la valentía para ponerse lo que le dé la real gana. Para ignorar todas esas prohibiciones, para no vestirse como se supone que se tiene que vestir a su edad. Porque es igual de coqueta que yo, o más bien, yo soy tan coqueta como ella, y eso lo he sacado un poco de ella. Y me encanta pensar que la van a ver en el tren, en el súper o por la calle, y su imagen va a invitar a reflexionar eso de: ¿en serio ya no tenemos edad para ciertos estilismos?

Vestido - Zara ... Botas - Geox
Mi conclusión es la siguiente: cuando ya no tengamos edad es una falacia. Una de las más grandes y más sucias que nos hayan podido echar por televisión y por tradición oral. Cuando no pueda estar en las primeras filas de un concierto porque no aguante tantas horas de pie, me compraré una entrada sentada. Cuando deje de usar sombra negra, será porque me habré pasado a la azul eléctrico o la plateada. Cuando no pueda meter una minifalda para salir en la maleta, la llevaré puesta desde la mañana. Y desde luego no será ni a los 30, ni a los 40, ni a los 50, y espero que nunca, cuando deje los vestidos skater o bailar, ya sea en Marula, o en el comedor de mi casa, a ser posible rodeada de amigos tan arrugados como yo. Recordadlo, por favor, y si tenéis alguna forma de compartirlo, aun mejor: cuando ya no tengamos edad es una falacia vil y que debemos destruir. Ayudadme a desterrar esa idea infame de nuestras vidas.

¡Que tengáis una feliz semana! A conquistar un día tras otro. 

p.s. Esto también va por vosotros, féminos queridos. Hombres del mundo en pitillos, nunca rendidos ;)

Hombres que van más apretados a partir de los 40 que a los 25, oh sí.




2 comentarios:

  1. Y cómo rejuvenece vestir a tu manera, no un rejuvenecimiento artificial sino uno de verdad, desde el interior. Fantástica tu madre como modelo , tiene un estilo propio y ha sido valiente por no dejarse llevar por lo que opine el resto del mundo.
    Siempre que veo mujeres así en el aeropuerto, que las hay, les lanzo silenciosamente un olé; no sé lo que haré con sesenta años, pero sí sé que me gustaría seguir vistiendo como me dé la gana y mostrar al.mundo mi mejor cara. Que la edad no nos constriña a una escala de grises.
    Un abrazo Jen!

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    1. Muchas gracias, Marissa. Le transmito a M. tus palabras :) La edad es un número que simboliza lo que nosotros queramos. Se lo pregunto a todos los niños cuando cumplen años, si notan el cambio, y todos parecen estar de acuerdo: no notan absolutamente nada. ¡Un beso!

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