lunes, 6 de octubre de 2014

what kind of book are you looking for?

—What kind of book are you looking for?

No he sido yo quien ha formulado la pregunta.

Sino Él. Polo color azul cielo, moreno un tanto superlativo, quizá de rayos uva, o de haber vuelto hace nada de las vacaciones; unas gafas de sol inexplicables, porque nuestros fluorescentes no son excesivamente potentes. Cinco minutos antes me había preguntado dónde podía encontrar novelitas para niños. Ahora, mientras se asomaba por encima de Dickens, en un lateral del mueble de clásicos, ocultaba la novelita tras el trasero. Aunque Ella no podía ver lo que Él tenía en la mano.

Ella estaba al otro lado del mueble de clásicos, absorta, sus dedos se deslizaban entre los distintos tomos de Oxford Classics de Shakespeare. Era alta, de rasgos eslavos, y tenía todo el atractivo de los que no parecen dedicarle ni un minuto a su imagen, aunque lo hagan, o de aquellos que parecen no darse cuenta de su poder de atracción, aunque sean muy conscientes de que el físico juega a su favor. Sorprendida alzó la vista al otro lado. Y decidió ser amable, aunque no parecía interesada en mantener una conversación con un extraño:

—I don’t know…

Entonces Él contraatacó:

—What kind of books do you like?

Mientras tanto, la librera estupefacta contemplaba la escena con una pila de libros en la mano, supuestamente concentrada en su tarea, yendo de un lado para otro, sin atreverse a interrumpir el flirteo aunque tuviera un par de copias de Wuthering Heights que poner en su sitio. El mueble de clásicos se había convertido en una barra de bar.

—Well, I’m really into Shakespeare and…

Ella no parecía tener muchas ganas de contestar, pero se había dejado interpelar. Y yo me pregunto: ¿verdaderamente le apetecía hablar con alguien que ni siquiera se quita las gafas de sol en un espacio cerrado cuando mira a los ojos a los demás? ¿O estaba siendo instintivamente amable, complaciente incluso? Porque a mí me ha pasado en ocasiones, casi por deformación profesional: me he visto fuera del trabajo contestando a todo tipo de extraños y preguntas que no deseaba responder. Hasta que dije basta. No os penséis que soy una persona huraña, que rehuye con gruñidos a cualquiera que se me acerca en el tren. Pero si no me apetece dar conversación a extraños, no lo hago; y si no se molestan en guardar las distancias o la educación, mucho menos. Personas que te interpelan en el tren a las ocho de la tarde con un “Mi amor” y hacen el amago de tocarte el brazo, pues verán, no se merecen ni que las mande a paseo. O personas que han estado escuchando una conversación ajena, de las que te responden a una pregunta que no iba dedicada a ellas, que no tiene relevancia para sus vidas, pues no me molesto en hacerlas partícipes. Por eso, me pregunto: ¿Ella sabía que podía perfectamente pasar de aquel padre que ocultaba la novelita para su hijo tras el trasero, como encubriendo un crimen? ¿Que podía ofenderlo con su indiferencia, que estaba en su derecho? O quizá le apetecía entrar en ese juego.

Sonó el teléfono, y me perdí el desenlace de la conversación.

Colgué. Y de repente, allí estaba Ella, en mi mostrador, con un libro que no era precisamente Shakespeare, ni siquiera un clásico.

—Please, I will be taking this…

Le indiqué que para pagar, please, fuera al mostrador de caja justo al otro lado del pasillo.

¿Era una recomendación del tipo, que parecía haberse esfumado? Quizá la esperaba en la esquina de Balmes con Rosselló, mientras enviaba un mensaje a casa, avisando de que había tenido un percance. Quizá estoy siendo injusta con Él. Quizá estaba divorciado. Y en pleno derecho de enamorar a jovencitas en librerías. Y lo que ha unido Shakespeare, una librera no tiene autoridad para desequilibrarlo.

El escenario



Pero quizá también, Ella había logrado desembarazarse de Él, con elegancia, o con un poquitito de mala leche, y ya está. Y había decidido apartarse del mueble de clásicos, y con su gesto mostrar todas sus intenciones de no compartir nada más con Él, un seductor fallido, con polo azul, gafas de sol y el librito para el niño. Tampoco es que Shakespeare sea todo lo que se puede leer en esta vida.


¡A por el lunes! Volveremos el miércoles con más amor ;) 

2 comentarios:

  1. Jeje, me ha gustado mucho esta historia de amor ¿"frustrado"?. Aunque me inclino más por tu versión de ligón de jovencitas entrado en años. Era un buen escenario sin duda, se prestaba a ello. Pero a mí tampoco me hubiera entrado por los ojos este Casanova ;) Definitivamente, en este caso (y en muchos), me quedo con los libros ;)

    Feliz lunes, guapa :-)

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    1. ¡Gracias, Lucy! La verdad es que Él no era para nada un personaje seductor. Más bien, me pareció muy molesto. Pero yo parece que siempre esté en pie de guerra, que tampoco. Pero... hay tópicos que siempre se cumplen.

      Espero que estés teniendo una buena semana. ¡Mua!

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