miércoles, 22 de octubre de 2014

i must think of a brick wall

Durante los 90, vi en incontables ocasiones fragmentos del remake que John Carpenter hizo de Village of the Damned (El pueblo de los malditos) con Kirstie Alley y Christopher Reeve. Era la típica peli que echaban por la tele. Sentía que tenía una cuenta pendiente: ver la película de principio a fin, pero decidí empezar por la película británica de 1960 dirigida por Wolf Rilla, que se basa en la novela Midwich Cuckoos de John Wyndham. Y me alegro sobremanera de haber tomado esta decisión.

Los pósters son todos muy molones

Aunque la novela se presenta como una historia de ciencia ficción, la película está mucho más cercana al género del terror. Resumiendo la trama al máximo: los habitantes de Midwich, un pequeño pueblo de Inglaterra, sucumben a un sueño repentino e inexplicable, hasta el punto de que todo el que quiera aventurarse a ver qué ha pasado, saber por qué nadie coge el teléfono, o por qué el autobús no llega, también cae dormido de repente. Tras unas horas, el despertar colectivo tiene un extraño resultado: todas las mujeres en edad fértil se quedan embarazadas. Y todas dan a luz el mismo día, a niños que bien podrían pasar por hermanos, rubios, de mirada penetrante, y con una inteligencia muy superior a la media, además de crecer a pasos agigantados. Pronto se convierten en “ellos”, y todo el pueblo los teme, a excepción de Gordon Zellaby (un fantástico George Sanders), quien los admira y quiere ver hasta dónde llega sus intelectos, y que es un ejemplo perfecto de gentleman (ya de paso). 

El terror de los 60 puede parecer más “light”, comparado a lo que se hace ahora, pero yo diría más bien que es más sutil y elegante. Que más que aterrorizar con imágenes, lo hace con ideas. Es una película siniestra, perfecta para esta época del año, o cualquiera, y con varias escenas sumamente perturbadoras. Quizá no haya sustos, pero el guión y la atmosfera te mantienen enganchado a lo que está pasando. Y no sé si os pasara a vosotros, pero yo estoy tan acostumbrada a que lo paranormal se suceda en Estados Unidos, que me parece del todo inquietante que sea en un pueblo perdido de Inglaterra. Parece que una tiene menos puntos de referencia, menos espacios comunes, y de repente, ese camino salvaje de la campiña, reminiscencia del páramo gótico, es algo terrible, brutal, ahí vienen, ellos, vestidos igual, peinados igual, con la misma mirada casi diabólica, aunque los personajes bíblicos no aparecen por ninguna parte.

Monísimo y bien vestidos

La película también me recordó a la estupenda, y también muy perturbadora, Quién puede matar a un niño. Porque en ambos casos los niños dan mal rollo. Aunque esta vez me he enamorado del personaje de David (Martin Stephens), el cabecilla, por ser frío, calculador; por querer ajustar cuentas y conquistar su terreno, por eso que hace con los ojos, que parece que penetra la pantalla y también te va a dejar en estado de shock. Porque puede leer la mente y hacer que una persona adulta se prenda fuego a sí misma (oops, spoiler).

Estos días me he prometido ver más cine clásico. Como todos los inicios de curso: ver más películas, leer más libros y escuchar más música. De momento, parece que lo estoy cumpliendo. Así que escucharé vuestras propuestas de cine de género clásico, si me queréis hacer alguna ;) Y si habéis visto esta, o no, también comentádmelo, a ver qué os pareció. ¡Feliz miércoles! 

p.S: He aquí el trailer, by the way: https://www.youtube.com/watch?v=YqlozoXVxYM



2 comentarios:

  1. Uy esta es una peli fetiche! Siempre que me la encuentro por la tele la vuelvo a ver, es mucho más inquietante y terrorífica que otras mucho más explícitas.

    No soy una gran cinéfila, pero por recomendar cualquiera de Ford , de Billy Wilder y de Katherine Hepburn como protagonista sin garantía de éxito....la Hepburn me encanta!!

    Un saludo Jen!!

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    1. ¡Gracias, Marissa! Algunas de los tres que mentas, ya he visto. Pero reconozco que con Ford me tendría que hacer su buena maratón. Ay, hay cosas que dan vergüenza y todo. ¡Un abrazo!

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