miércoles, 15 de octubre de 2014

"espera, que la llibretera vol parlar amb tu"

Dice J. que S. y él se quedaron muy sorprendidos cuando aquella madre, por teléfono, le comentó a su hijo que la librera quería hablar con él y me pasó su móvil, y entonces, pudimos aclarar en cuestión de segundos lo que había sido motivo de confusión durante más de cinco minutos: «¿Con respuestas o sin? Sin. ¿Necesitas también el libro de ejercicios? No. Bien, gracias, te paso de nuevo con tu madre».

Llevo toda la campaña de texto, que por suerte ya se ha terminado, haciendo un llamamiento a los esforzados, oprimidos y exhaustos padres de Barcelona: mandadme a vuestros hijos, que no muerdo. Pero a la mayoría el instinto sobreprotector les impide enviar a sus retoños de compras a Balmes 129 bis, aunque ellos sepan mucho mejor qué comprar. El celo de querer ponerle las cosas fáciles a sus queridos hijos se confunde en ocasiones con un servilismo que me he propuesto boicotear. Si sus hijos tienen Smartphone, se van de compras textiles con los amiguetes al Centro Comercial, al cine, a la discoteca de tarde, de fin de semana a esquiar, pues bien, también pueden venir a la librería a por sus libros. Los trataremos bien.

Algunos padres se han convencido, sintiendo lo que a mí me parece una liberación total, y lo que hace imaginarme al niño tumbado ante el televisor cual tirano: «Tráeme esto, cómprame tal, coge aquello, saca lo de más allá… ». Sin que me lo digan, sé que el padre o la madre en cuestión viene estresado, corriendo, tras salir del trabajo, dejando el coche en doble fila, viene expresamente, fíjate, porque no se puede demorar mucho, que luego tiene que preparar la cena, preparar los bocatas, el tupper, poner la lavadora, recoger la cocina e intentar dedicarle unos minutos a las relaciones humanas. Aunque sea para pelearse con su hijo, porque este no era, mañana lo tendrás que cambiar. Sin gracias. Sin un te acompaño, que tú pagas (lo que es normal). Algunos padres me preguntaron:

—Es que para hacer el “avancé” y claro, para saber qué libro…

No me gusta ver a un adulto tan perdido, ni tan desesperado, disimulando, porque eso no va con él, pero tiene que transmitir todo con lujo de detalle, que nadie no le eche en cara que no se ha enterado de nada.

—¿Pero es para ti?

—No, mi hija.

Algunos se quedan casi muertos, la tipa del pelo rojo va y les suelta:

—¿Y dónde está tu hija?

Porque resulta que su hija es adolescente, que ya ha pasado un par de semanas en Inglaterra haciendo un curso. Resulta que es un ser social. Resulta que se lo intento explicar a su madre, pero le digo, que si se quiere preparar por su cuenta hay esto, y esto, y esto otro, y que al final, uno tiene que elegir un poco por impulso lo que le gusta más, y parece que responde mejor a sus necesidades. Y ella, que era bien maja, me dice por fin:

—Pues espera, que voy a por ella, y venimos las dos.

Bravo. Gracias. 1-0.

Sin embargo, también los hay reacios a abandonar el papel de mayordomo:

—Necesito el New Inspiration, el azul.

—Vale, pues la colección tiene dos azules. ¿Qué nivel?

—Pues espera, que lo llamo.

Que el adolescente no coge el teléfono (porque ya ha quedado claro que solamente hablo de adolescentes, ¿verdad? No, no pretendo que me mandéis al niño de cinco años solito, no soy tan hardcore). Que no contesta al whatsapp.

—Ay, pues tendré que volver…

Y entonces yo, pienso, ¿y por qué no se pasa él? Y se me ha escapado en voz alta, a lo que ella me contesta:

—Es que está estudiando, sabes y, no, no, no, no… Luego vuelvo yo.

¿Quién está estudiando a 20 de septiembre? Por favor, si los tenéis así de engañados, voy a empezar a pensar que sois unos malévolos.

Ayer, un padre casi con el casco de la moto sin sacar y una nota, de su hija: “English For Life – VERY IMPORTANT”. Vale, ¿qué nivel es very important? Otro padre diciéndome que le explique a él lo de los exámenes del First, que su hija no se entera. ¿Pero entonces cómo se lo va a sacar, si no puede registrar –según tú- la información que yo le pueda dar? Y es vital que esto termine, así que todos a una, compañeros de profesión y de cualquier otro gremio que pueda entrar en contacto con los brotes verdes:

Padres, basta ya de proteccionismo, y de dejar que se os suban a la chepa. Mandad a vuestros hijos a comprar los libros de secundaria, de extraescolar, el diccionario, la lectura adaptada. También los podéis mandar a hacer la compra con una lista. E incluso también pueden encargarse de hacer sus fotocopias y rellenar los formularios del First. E irse solitos a Amigó a presentarlos, mirad lo que os digo. Porque no son tontos, ni nadie quiere hacerles daño. Gracias a los que ya aplicáis esto, que también son muchos, y que para mí siempre ha sido “lo normal”. Gracias a los padres que se pasan por Literatura con sus hijos, a un vamos-a-buscarnos-algo. Gracias, estoy enamorada de vosotros.

Yo seguiré con mi cruzada personal. Os diré por el teléfono cuando oiga que preguntáis a alguien que está en la otra habitación que os cante el ISBN, que me lo paséis PERO YA.  Y gracias de nuevo. Ningún ciudadano tiene nada que temer a los libreros.


Que tengáis un feliz miércoles. Quizá volvemos antes del fin de semana ;)  

2 comentarios:

  1. Ay, Jen, como me suena lo que cuentas: en las bibliotecas es la misma historia. Padres que dejan el trabajo, incluso por la mañana, para venir a por la lectura obligatoria que los niños tienen que leer para mañana. Suerte que no se enfadan cuando les dices que no lo tienes porque claro, no tenemos ejemplares para todos los niños de Barcelona. Los adolescentes, cuando vienen, sí que se tiran de los pelos...
    Y me ha quedado clarísimo que yo era una excepción de adolescente: a los 13 años ya iba a atracar librerías en solitario :P
    Besazo!

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    1. ¡Qué de acuerdo que estoy! A los 13 soñaba con tener suficiente dinero para ir a comprar de todo a las librerías, más que anhelar tener la edad suficiente para entrar en una discoteca XD. ¡Un besote!

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