lunes, 27 de octubre de 2014

el amario de mi abuela, aka la culpa es de murakami

Este post os va a parecer bastante sensiblero, pero la culpa la tiene Haruki Murakami, estoy segura de que acabaréis estando de acuerdo. Y si no, por lo menos lo culparé de haber tenido que leer la mitad de Kafka en la orilla y casi morir de aburrimiento.

En Balmes 129 bis hay un armario bajo entre Arte, Música y Cine y la estantería más denostada de la sección: Cocina, Turismo y Deporte. Es más, para disimular, creamos una falsa balda de Moda encima de dicho mueble. Es el armario donde guardamos nuestras vergüenzas: libros que queremos saldar, libros estacionales, excedentes porque ya no entra más. Y es que hemos estado un par de semanas al límite de nuestras capacidades. ¿Os han hablado del síndrome premenstrual alguna vez? Pues en libreras se conoce como el síndrome predevolución de Penguin. Crecen los libros como setas y los empiezas a ocultar en sitios insospechados.

No insista, por mucho que te guste Radiohead, lo nuestro no puede ser

Añádase a todo esto la semana en que iban a anunciar el Nobel. El año pasado sufrimos bastante cuando en una sola tarde las ocho copias que teníamos de Alice Munro se vendieron, a todos aquellos que ya la conocían de antes, pero que querían regalarle un Dear Life a un estimat. Sufrimos porque cierto proveedor británico (¡ésa me dolió muy especialmente!) nos restringiera la cuenta y se negara a servirnos 10 ejemplares de Dear Life precisamente, que en cuestión de horas pasó a estar en reimpresión. Pero lo cierto es que al final conseguimos que Alice llegara en preciosas pilas que muchos disfrutaron,  y nosotros disfrutamos vendiendo.

Así que este año quise ser previsora. Y todas las apuestas (¡muerte a las apuestas!) daban como favorito al sr. Murakami, como pasó el año pasado. Pero el año pasado quisimos esperar, el año pasado no me entró este frenesí inconcebible de dos tardes antes y querer, por lo menos, por lo menos, estocar todo lo que se pudiera de los tres primeros “nominados”. Digo yo: what on Earth? Sí, hice refuerzo de todos los títulos de Murakami, de todo lo que pude de Ngugi wa Thong’o, y por suerte, el tercer nombre era una escritora bielorrusa que no se había traducido al inglés, porque la hubiera comprado igual. Seguimos el Twitter del Premio Nobel con la expectación librera de cubrirnos de gloria, a pesar de los pesares. Yo no era yo, os lo prometo. No me hubiera alegrado de que se lo llevara Murakami, pero habríamos estado preparados. Ya sabéis que el premio se lo llevó Patrick Modiano. Y escondí los excedentes de la vergüenza en el mueble que os he comentado antes. NO-WORDS.

Hasta el sábado pasado. El sábado, tras terminar la devolución de Penguin, por fin había espacio suficiente para sacar a Murakami. Alguno puse para devolver, pero mi penitencia es quedármelo ni que sea hasta Navidad (porque se venderá, con todo mi dolor). Para mi sorpresa, el fastidio fue sustituido por un déjà vu: al sacar todo esos libros, comprobé para mi sorpresa que el mueble, el mueble de Balmes 129 bis, olía igual que un mueble de mi infancia: el armario del recibidor de mi abuela en Jaime Huguet 32. Mueble que abrí en innumerables ocasiones, sentada en el suelo, porque es donde guardaba cuentos y los ejemplares de Pulgarcito y otros tebeos de mis hermanas y primos. Estoy convencida de que el amor por ese mueble empezó casi desde el día 0, y es uno de los recuerdos más vívidos de aquella casa. Me pasé horas y días en el suelo tirada, en ese pequeño cubículo cuyo papel de las paredes imitaba el corcho, hojeando, leyendo, sacándolo todo para volverlo a guardar. Mi madre y mi abuela contribuyeron muy activamente en mi relación amorosa con los libros: yo pedía cuentos, y ellas los compraban. Doy gracias a mi suerte hasta la saciedad.

¿Cuántos habéis leído Pulgarcitos a 75 pts?


Incluso se lo he dicho a J con un ¡ay, lo que me acaba de pasar! El mueble de mi abuela revivido en espíritu, con todos los Murakamis por el suelo, en el taburete, en mis manos. ¿Por qué tal momento sublime un sábado por la mañana, por qué dicha metáfora de mis vísceras espirituales? Yo reniego de este autor, pero parece que no pueda deshacerme de él y de su obra, aunque haya jurado y perjurado nunca más volver a leerlo. Pero si lo hiciera, supongo que sería con After Dark.

Misterios que no voy a resolver un lunes. Pero gracias, Murakami, un poquito, por ese instante en que casi se me saltan las lágrimas al recordarme en otro sitio, con el mismo interés primario que entonces, ahí arrodillada, como el creyente postrado ante los iconos.


¡Feliz lunes! Aunque sea lunes… 

1 comentario:

  1. Hasta los autores denostados pueden ofrecernos "Stendalazos" que nos alegren el día...

    ¡Espero siga el éxtasis!

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