viernes, 5 de septiembre de 2014

"funny, whenever people hurt your feelings, they are always doing it for your own good"

Ayer me apetecía disfrutar de una película sin tener que pensar en nada más. Así que opté por Cactus Flower, una comedia del 69, protagonizada por Walter Matthau, Ingrid Bergman y una jovencísima Goldie Hawn, y basada en una obra de teatro francesa de Pierre Barillet. Suelo decir que una de mis décadas favoritas del cine son los 70, y aunque esta es más bien una película de transición entre una década y otra, confirma la teoría de que en aquella época los estándares del cine mainstream eran bastante más elevados, cuando menos en el cine cómico. No sé si estaréis de acuerdo.

Los pósters también eran más guays


Resumiendo en pocas líneas el argumento: Julian (Walter Matthau) es un afamado dentista que tiene una relación con una chica bastante más joven que él, Toni (Goldie). El problema es que la relación va en serio, y se sostiene en la mentira de que él está casado y tiene tres hijos. Cuando parece dispuesto a confesar que ha mentido y reconocer su soltería, para así afianzar la relación, se le hace totalmente imposible, pues Toni detesta las mentiras. Ahí es donde entra Miss Dickinson (una soberbia Ingrid Bergman), la enfermera de Julian, que enamorada en secreto del jefe, se hará pasar por la esposa que le exige el divorcio para que Toni se quede tranquila.

Hay tantas escenas que podría comentar, tantos motivos por los que invertir 90 minutos en esta fantástica película, con un trasfondo bastante serio e interesante sobre el amor y las convenciones sociales sobre la pareja. Que todavía no son cosa del pasado, porque parece que avancemos a pasito de caracol en ciertos aspectos. Por ejemplo, SPOOOILER, uno de mis momentos preferidos es cuando Miss Dickinson y Julian vuelven a casa en coche, tras haber ido a una fiesta con Toni y Harvey (amigo y paciente de Julian), en la que la enfermera ha interpretado el papel de despreocupada ex que ha encontrado de nuevo el amor (en Harvey, a quien detesta en realidad). Aunque adore a Walter Matthau, en esa escena, su personaje se merece un sopapo: Julian acusa a Miss Dickinson de que la velada ha sido un desastre por su culpa, porque insiste en “desfeminizarse” constantemente, y porque tiene miedo de emocionarse, de la intimidad, de vivir. La tópica dicotomía entre el soltero de oro y la solterona. Aunque ambos tienen la misma edad y nunca se han casado, la percepción que la sociedad tiene de Julian es mucho más positiva que la que se tiene de Miss Dickinson, que por fuerza tiene que tener a alguien para ser feliz. A quien constantemente cuestionan esa aparente felicidad y bienestar en una vida tranquila y sencilla, en casa de su hermana y cuñado, y encargándose de sus sobrinos los sábados. Todo el mundo parece saber lo que Miss Dickinson necesita, quien para nada es un carácter débil, y sabe contestar todos los envites. Julian le dice en el coche que todo esto se lo dice por su bien, y ella pronuncia una de las mejores líneas del guión:

—Funny, whenever people hurt your feelings, they are always doing it for your own good.

(Qué gracia, cuando los demás hieren tus sentimientos, siempre lo hacen por tu bien).

Julian y Toni, incapaces de procesar el comportamiento de la futura ex Mrs. Winston


He ahí otra cuestión interesante: la incapacidad que tiene esta sociedad de saber dónde acaba la intimidad de uno y empieza la del otro. La gente tiene una tendencia irrefrenable a opinar sobre la vida de los demás, sobre sus sentimientos y acciones, como si fueran videntes y estuvieran dentro de la otra persona. Eso sigue sucediendo, y creo que en eso no hemos cambiado nada, aunque hayamos aprendido a que nos importe un rábano. Eso hemos aprendido al menos, ¿verdad? Aunque en ocasiones los clientes nos digan cómo tenemos que hacer nuestro trabajo; los conocidos nos pregunten por qué nos hemos puesto ese color de pelo, o los vecinos se crean con el derecho de interrogarte sobre tu vida sentimental. En todos esos casos no estamos obligados a contestar, es más, tenemos permiso para soltar una bordería. Ya me voy por las ramas…


Terminaré con algo que llevo queriendo decir desde el principio de este post: ¡no os podéis perder a Ingrid Bergman y Goldie Hawn, preciosas cada una en su estilo, bailando! Una escena gloriosa, irrepetible, divertida, y que provoca unas ganas increíbles de que llegue el sábado. Por suerte, ya es viernes. Si alguien ha visto la película, ya me comentará. Si hay alguna otra comedia que valga la pena, también, por favor, decídmelo. O vuestras pelis favoritas de los 60-70. Yo me despido con el consabido… ¡feliz viernes! Que bailéis y veáis buen cine a gusto, solos o en compañía.

En esa época también se bailaba mejor, y para salir, se vestía mejor. Ais...

2 comentarios:

  1. Nos descubres pequeñas joyas todos loss días, Jen; no conocía la película pero la buscaré, todas las comedias tipo Wilder me encantan, son deliciosas.
    Comenté también en el post sobre tu selección de cinco libros de autores rusos, pero no sé por qué sale tan abajo que dudo que lo hayas visto. Me gustó muchísimo tu lista, razonada e interesantisima.

    Un saludo, feliz fin de semana!

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    1. ¡Gracias, Marissa! Por aquí he dejado caer pocos comentarios sobre cine. Tendría que dedicarle más posts, es otros de los vicios sagrados.

      Vi el post en la anterior entrada, y contesté. Pero es que no sé por qué sale semejante espacio en los comentarios. Misterios de blogger.

      ¡Que lo pases genial!

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