lunes, 8 de septiembre de 2014

conversaciones telefónicas

Empieza esa época en Balmes 129 bis en la que el teléfono no deja de sonar y se sucede una serie de conversaciones prototipo: ¿puedo preguntarte por un libro para el colegio? Sí, puedes. Necesito un workbook de 2º de ESO. ¿De qué editorial, qué colección? ¿Os queda la siguiente “novela” de la editorial Black Cat? Te lo miro. ¿Tienes el Objective PET? ¿Con o sin respuestas, con o sin CD, o edición escolar? ¿Te quedan guías de TOEFL? Me quedan. No es mi departamento, pero septiembre y octubre vivimos entregados a la temible Campaña de texto. Por eso, aquella tarde de miércoles no estaba preparada para la siguiente llamada telefónica:

—Buenas tardes, ¿podría hablar con Jennifer?

No sé por qué motivo, pero siempre que la llamada es directamente para mí, todavía me pilla por sorpresa. Y por alguna extraña combinación cósmica, casi siempre la acaba cogiendo otro compañero, y entonces me la tiene que pasar. De la misma forma, yo suelo coger más las llamadas que preguntan por J o D. Y entonces le tengo que pedir “un momento por favor, te paso”, y decir que “está ocupado con un cliente, ¿quieres dejarle un mensaje?”. De ahí, que contestara con un absurdo:

—¿De parte de quién?

Después de perderle el miedo a que una academia me haga un pedido de muchas libros por teléfono, no me veo en la necesidad de averiguar quién pregunta por mí y tener que decidir si lo cojo o no. Sin embargo, ahí me tenéis, preguntaban por mí al otro lado, y antes quise saber quién era. Lo desconcertante fue escuchar:

—Es que ella no me conoce…

Silence.

Soy una clienta.

Ya no pude posponer más aquel mensaje, así que apresuradamente añadí:

—Soy yo misma.

¿Os podéis imaginar por qué me llamaba? Fue algo tan increíble… Ni pedido, ni reclamación, ni si ha salido el último libro de Follett, resérvame uno. No, a aquella mujer, a la que reconocí al poco, porque ya me había sorprendido hacía unos meses, al venir personalmente a agradecerme que le hubiera traído la Autobiography de Morrissey, después de pasarse por caja a recogerla, le había apetecido llamarme para comentarme que Morrissey tocaba en Barcelona el 10 de octubre y que ya habían salido las entradas. Que había pensado en mí, porque cuando vino a agradecerme lo del pedido, tuvimos una mínima conversación de 2-3 minutos donde dio tiempo a reconocernos como fans de The Smiths, por supuesto. Fueron los diez minutos al teléfono con un cliente más agradables en mucho tiempo. Le agradezco sinceramente que me llamara, que se acordara de mí, de la librera, de forma tan personal. Es para recuperar un poco la fe. No sé cuántas veces le di las gracias, no por la noticia, por el detalle.

El libro que ni la clienta ni yo hemos sido capaces de terminar por el momento.


Aunque no ha sido la conversación más extraordinaria/bizarra que he mantenido por teléfono trabajando…

La que sigue es otra anécdota de Rambla Sant Josep 88-94. Una tarde de no sé cuánto tiempo hace ya. La recordaré toda la vida, aunque no recuerde el nombre de la mujer al otro lado del teléfono, ni el día en que sucedió, ni si nos despedimos a buenas o malas.

—Buenas tardes, le llamo desde Montevideo.

Librera procesando dicha información… Intentado explicarle que nos podía mandar un correo, o comprar a través de la web. Pero no me dio tiempo, aquella mujer iba lanzada, tenía una misión:

—Estoy buscando a la autora Cristina Pérez Rossi porque de pequeñas fuimos juntas al colegio.

(Esto me lo explicó de forma más larga, mientras mi boca se iba abriendo en una O perfecta).

—Disculpe, pero es que está usted llamando a una librería.

—Lo sé, ¿pero no tendría ni siquiera el teléfono de su editor?

Me salió automático:

—Es que está usted llamando a una librería, es decir, no, no lo tenemos.

—¿Y no lo puede averiguar?

Juro y perjuro nunca más en la vida caer en las garras de un “cliente” a tantísimos kilómetros de distancia, con semejantes exigencias estrambóticas. Ella insistía por teléfono en que debía reunirse con Cristina y yo me perdía por la página de Lumen buscando un “Atención al cliente”, y de fondo mi jefe me insistía: «Di que no oyes bien, que lo sientes, que se corta y cuelga». Pero a veces, por ser servicial, una puede ser muy tonta. A todo esto, corrían los minutos, y la mujer perdía la paciencia (yo, estaba totalmente desesperada, colapsada, gente que quería preguntar algo, pagar el libro, y le importaba un pimiento Cristina Pérez Rossi).

—Piense que estoy llamando desde Montevideo.

(y no será barato).

La librera al más puro estilo Bernard Black, explotó:

—¡Y piense que YO le estoy buscando el teléfono!

Por eso, no sé si acabamos bien o mal, si encontré un teléfono o no. Creo que le di el de un Atención al cliente de una de las editoriales que publicaba a Pérez Rossi y colgué lo más rápidamente posible, un trocito de alma al Infierno, porque otra persona incapacitada para orquestar semejante encuentro tendría que aguantar la misma conversación. Y encima, no llegué a descubrir por qué era tan importante que se comunicara con ella. ¿No había nadie en Montevideo, en su círculo de conocidos, que pudiera proporcionarle el teléfono, o un email? Vale que la autora ahora viviera en Barcelona, ¿pero no había dejado ni rastro en Uruguay: padres, hermanos, primos, compañeros de colegio, antiguos amantes? Cada vez que veo un libro de Cristina Pérez Rossi, me da un pálpito y aparto la mirada.

Por suerte, la mayoría de las llamadas son más triviales. Gente preguntando por tal libro, por el horario, por si hacemos fotocopias. Gente que tiene el “aisbí” del libro, que si lo necesito para localizarlo, me lo da.

—Sí, por favor, démelo si lo tiene.

—Vale, I de Italia, S de Sevilla, B de Barcelona, N de Navarra… 978…

A veces, no veré la cara al otro lado, y seguramente no me llaman para que me ría a carcajadas, pero hay conversaciones que se vuelven muy graciosas.

—Sí, por favor, démelo si lo tiene. 978…

—¡Ala! ¿¡Y cómo lo sabes que empieza así!?

Por vuestra seguridad mental, si os dictan los guiones del ISBN, no intentéis convencerlos por teléfono de que no es necesario.


Hoy es lunes. El teléfono ya está sonando. No contaré las veces que descuelgo esta semana. Librera telefonista. Cruzo los dedos. Por favor, sólo preguntas mundanas. Y si hay alguna otra sorpresa tan agradable como la semana pasada, mil gracias, no sé si la merezco, pero MIL GRACIAS. 

10 comentarios:

  1. QUIERO. Bueno, no... NECESITO, mucho, ir a ver a Morrisey. También va a Madrid y AY. :_____

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    1. Pues yo tengo el corazón dividido. Porque esta noche también tocaban Swans. Y ya los he visto. Pero quiero volverlos a ver. Digamos que si me dieran un billete para plantarme en 1985 y poder ver a The Smiths, ni pensarlo, con taquicardia incluida. No sé qué hacer.

      Yo creo que deberías ir. Y berrear como una loca que te cante Alsatian Cousin, por favor ;)

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  2. ¡Buenos días!Vaya anécdotas, jajajaja.¡Para tenerle pavor al teléfono! Ánimo, que seguro que la mayoría serán preguntas sencillas, aunque las extravagantes también le ponen sal a la vida :)

    Feliz semana, linda. Sé fuerte y que la campaña de libros escolares no pueda contigo ;)














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    1. ¡Gracias, Lucy! Me guardo los ánimos para la semana que viene, que es cuando empiezan los dobletes de 5 días, de 11 horas, de cuatro semanas, de padres locos. Los voy a necesitar.

      Hoy no hubo ninguna experiencia telefónica rara.

      ¡Mua!

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  3. Tendrías que hacer un post sobre las situaciones en que la llamada es difícil simplemente porque no entiendes la pronunciación del título del libro que te piden.

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    1. Jajajaja, por Sherlock, cómo me he podido dejar esa en el tintero. Con espectadora incluida XD Gracias por recordármela, "Mailaifu" :)

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  4. Conozco esa sensación de ser servicial aunque te pidan la cosa más rara del mundo. Yo también la sufro. Y qué bonito detalle lo de la clienta de Morrisey...

    Voy a cotillear entradas más antiguas ;)

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    1. ¡Gracias! La verdad es que me alegró el día :) Los clientes así compensan las hordas que nos colapsan durante la campaña de texto. Hoy soy incapaz de procesar más ISBN...

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  5. Jen llévame contigo a 1985 y vayamos a ver a The smiths. Me he enamorado de esa clienta, que gusto que todavía puedas recibir llamadas así, por lo menos compensa las otras :)

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    1. Creo que ya soy más fan de ella que de Mozz. Y mira que soy muy fan ;) A 1985 de cabeza. Y de paso, nos vemos a algunos grupitos más :)

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