lunes, 29 de septiembre de 2014

convencer a los estudiantes de que pueden leer libros de una sentada

Por fin, entré ayer y viernes llegaron una serie de “pilas” que estaba esperando porque son las lecturas que recomiendan en la Universidad y en varias Escuelas Oficiales de Idiomas. Algunas las piden cada año, pero por mucha previsión que hubiera podido hacer semanas antes, la cantidad de clientes es tal que siempre se me acaba lo más insospechado. Por favor, ¿cómo nos pudimos quedar sin Hamlet y Oliver Twist? Cuando vienen y te preguntan si tienes Dr. Jekyll & Mr. Hyde y te das cuenta de que ya no te queda en ninguna edición de las posibles, sientes una punzada de vergüenza. Y te justificas a prisa y corriendo: «Pues los hemos terminado. Pero entran más a principios de la semana que viene. ¿Te aparto uno?».

No os podéis imaginar la de veces que he repuesto en poco más de un año en Balmes 129 The Curious Incident of the Dog in the Nigh-Time de Mark Haddon. Ya lo llamamos el “perro” o el “curious” a secas, y lo compro en las tres ediciones que publica Vintage, porque no hay más. Está en el primer puesto de lectura fácil para los que se quieren iniciar en eso de leer en versión original. Una vez le confesé a una clienta que a mí no me había gustado nada. Ella, sin ningún tipo de pudor, me miró fijamente y como si tuviera la verdad absoluta vedada, pobrecita de mí, sentenció: «Es que es muy especial».

Este libro sí que nos da de comer

Me consta que mi profesora de Inglés B1 de la Facultad de Traducción e Interpretación de la UAB ya no trabaja allí, pero alguno de los profes sigue poniendo en la lista de lecturas recomendadas The Bridget Jones’ Diary de Helen Fielding, como en mi época de estudiante, lo que para mí fue y continua siendo una decepción. ¿Sabéis cuáles son las primeras lecturas que piden en Filología? Anne Brontë, Joseph Conrad, Stevenson, Henry James y Charles Dickens. Y de paso el tomaco de DK sobre la historia de Gran Bretaña e Irlanda, y los más aplicados también comprarán el tomo de Maureen Moran sobre literatura y cultura victoriana.

El profesor que todo los años pedía The Van de Roddy Doyle, ha decidido que este año se pasaba a The Snapper del mismo autor. Me encantaría que se presentara en julio y me comentara sus intenciones, o que pidiera el nuevo libro del autor, que ya está en bolsillo. Porque de Roddy Doyle tampoco os penséis que los proveedores tienen cientos en stock, y son siempre sus estudiantes lo que tienen que comprar bajo pedido, o esperar un par de semanas mínimo a que por fin, por fin, ya hayamos conseguido llegar a la pilita de 5. Sé que no es justo, pero las obras de Roddy Doyle no son como Wonder, otra de las lecturas fáciles predilectas, que compraré de 10 en 10, de 15 en 15; 50 a la vez para una EOI y volverán muy pocos cuando se haya terminado los días de venta allí y los súper madrugones de parte del equipo de Balmes 129 bis. Los proveedores tienen Over 99, o 999+, o cuantos quieras en 3 días. Pero no pasa con la mayoría de los libros. Hasta las naves de Sussex tienen un límite espacial.

Aunque lo que más me preocupa estos días es The Professor’s House de Willa Cather. Otra lectura que buscan los universitarios que tienen que entregar ya mismo el trabajo, el día 9. Y cuando se nos acabaron las copias y me fui decidida a reponer como mínimo 5 ó 7, terror: cinco proveedores y una sola copia en stock. La edición americana de Vintage USA, que era la más bonita, tiene pinta de estar agotada para siempre. Una lástima, porque esa botánica en la portada era preciosa. De la edición inglesa solamente quedaba una copia, y en estos casos existe un 30% de probabilidades de te lleves el gato al agua, y no se te queden en pendientes, más si se trata de un clásico. Mis aciagas premoniciones, porque al final, llegó la última copia.

Fingers crossed there is a reprint scheduled 


Él era estudiante de primero, de segundo a lo sumo, la carpeta prácticamente vacía, nuevecita, limpia. Seguramente había preguntado en más de tres librerías ya, y estaba cansado, estresado y nervioso, y me preguntó por:

—Hola, ¿tendrás The Professor’s House de Willa Cather?

¿Por qué dioses libreros, por qué?

—Pues te lo tengo que encargar.

Ufff, primer resoplido de no-me-puede-estar-pasando-esto por parte del muchacho, que o bien estaba al borde del infarto, o de comprarlo en castellano, o colgar el hábito y hacer un ciclo formativo. Yo me vestía casi igual que él. Casi se me escapa una sonrisa, pero las circunstancias no eran las propicias.

—¿Para cuándo lo tendrías?

—Pues verás…

¿Por qué tenía que ser yo quien le diera un disgusto?

—Está temporalmente agotado en el proveedor, así que yo calculo que mínimo tardará unos 10 días en llegar.

No se desmayó de milagro. Se le escaparon unos cuantos uuuuuffffsss, “joder”, buaaahhh, y me empezó a caer un poquito estúpido, porque tampoco se acaba el mundo, y si realmente la fecha de entrega del trabajo era el 9, como creo que me habían dicho otros estudiantes, llegaba, llegaba de sobras, y así le dije:

—Bueno, yo creo que estás a tiempo. Te lo puedes leer de una sentada. Tranquilo.

¡Ay, por favor! Pero qué dices esta loca librera. ¿Leer de una sentada? Su reacción fue tan desmesurada, tan incrédula, como si hubiera dicho una barbaridad. Mejor ya no insinuarle que si se tenía que pasar la madrugada del 8 al 9 haciendo el maldito trabajo, para eso era estudiante, que aprovechara, que estos límites no los iba a poder experimentar en otro momento de su vida, o quizá sí, pero por añadir dramatismo. Pero callé. Pero él resoplaba demasiado, y añadí:

—Que sí, hombre, ¿cómo no vas a poder leer un libro de una sentada?

Ay, qué graciosa la librera.

Él se fue de Balmes 129 bis casi al borde de las lágrimas, con nuestra tarjeta en la mano, porque yo quería insuflarle esperanzas, aunque él ya quería alejarse de mí y no volver a verme, y dijera semejantes obscenidades. Y menos mal que se fue rapidito, pues lo descrito pasó en cuestión de un par de minutos. Porque me podría haber entrado el arrebato, obligarlo a sentarse en mi silla y ponerle los puntos sobre las íes. Decirle:

—Mira, muchacho, menos drama y más coraje. Que estás en una de las etapas más bonitas de tu vida, disfrútala. Aunque no tengas un puto duro, o tengas un trabajo de fin de semana que no te da para nada, para menos, si son clases particulares que casi vas a regalar. Disfruta de leer libros de una sentada, de hacer trabajos de madrugada, de saltarse clases por tomarse un café en el bar creyéndose intelectual, de las horas de biblioteca, de poder dedicarte a la contemplación, exclusivamente a cultivarte, pero no solamente con lo que se diga en clase, sino con lo que vas a hacer después, en todas esas horas para ti, aunque sean en kilométricos trayectos de ferrocarril. Porque un día se acabará y no se repetirá, y aunque se repita, ya no será igual.

Qué bonito. Pero aunque tópico, es un poco mi verdad.

En la mayoría de los casos los universitarios tienen muy poca perspectiva, me temo. Bueno, no lo temo, lo sé. Porque yo no la tuve, para poder disfrutar el doble de aquella etapa, para haber elegido mejor. Aunque disfruté mucho, disfruté todo lo que pude, y lo eché de menos durante mucho tiempo. Y sigue siendo una etapa maravillosa. Yo creo en todos los que estudian carreras de letras y arte, por pasión. Bravo, sois unos valientes.

Así que esa es mi misión: convencerlos de que se pueden leer libros de una sentada. Que se puede disfrutar de esas obligaciones, que al fin y al cabo han elegido.


Lo dejo aquí porque me pondré nostálgica. Acabaré el café y marcharé a Balmes 129 bis, a ver qué pasa con el maldito The Lemur de Benjamin Black, que si no llega entre hoy y mañana, me voy a convertir en una librera mentirosa. ¡Ánimo con el lunes! 

Por favor, ven ya a mí.

3 comentarios:

  1. Cuando leo tus entradas, sólo puedo decir que me reconcilian un poco con la vida...qué tiempos aquellos en que podías leer libros de una sentada, o vaguear una tarde entera viendo un partido de tenis por la tele, o pegarte un atracón de estudio en tres días de toda una asignatura....
    Yo tampoco tuve la perspectiva necesaria y de hecho la universidad no fue un período grato para mí. Me hubiera gustado que alguien me hubiera dado plas, plas! Dos tortazos bien dados en el plano mental que me hubieran resituado, pero no fue así.
    Ahora corro de un lado para otro como pollo sin cabeza, leo dos capítulos hoy, uno mañana, y suspiro por sacar tiempo para mí misma...ojalá existiera el rebobinado y reinicio en nuestras vidas, pero la sabiduría nos llega cuando ya es demasiado tarde!
    Un abrazo Jen! Y gracias por tus entradas tan conmovedoras

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias a ti, Marissa! Por compartir un poquito de tu intimidad ;) Justo ayer hablaba con un buen amigo de la posibilidad de volver atrás para hacer ciertas cosas de manera distinta. Y la conclusión es que no sirve para nada pensar en ello, pero sí al menos tenerlo en cuenta para no repetir.

      Creo que me encantaría hacer una segunda carrera por gusto, aunque la experiencia sería totalmente diferente. ¡Un besote! Y gracias a ti por leer :)

      Eliminar
    2. Ay cómo me gustaría hacer una segunda carrera!! Con la primera me equivoqué como en tantas otras cosas, y ahora si volviera atrás estudiaría otra....pero claro, al ser licenciada no tienes ya derecho a beca! Me parece indignante pero es así, y con me ingresos no estoy yo para pagarme otra carrera....ains! ! Qué injusticia!

      Eliminar