martes, 23 de septiembre de 2014

ay, esa boquita...

Tras seis años en el gremio librero, me ha dado tiempo de experimentar varios “booms” literarios –por desgracia. De hecho, mi estreno con chalequito en aquella multinacional coincidió con el boom de la saga Crepúsculo, y yo fui directa a la sección Infantil, primordialmente para cerciorarme de que la estantería de Juvenil siempre estuviera repleta de aquellos cuatro tomos negros, con la manzanita, la pluma, el lazo y la pieza de ajedrez, que tanto llegué a detestar. Sobre todo cuando me quedaba sin.

En Rambla St. Josep 88-94 vivimos de pleno el “boom” de Cincuenta sombras de Grey que, por suerte, en Balmes 129 bis ha remitido hasta ser una copia de cada tomo en la estantería de Romántica, en el lugar más marginal posible. Pero en algún sitio tienen que estar, supongo –y muy a mi pesar. Recuerdo aquellos primeros días cuando la saga se había hecho popular fuera y todavía no la habían traducido; nos preguntábamos inocentes por qué todos nuestras clientas extranjeras andaban como locas buscando dichos libros. Incluso S. se aventuró a preguntarle a una turisa, y ella le dijo que estaba muy enganchada porque era muy picante. Tanto que no podían esperar volver a casa, que emocionadas encontraban el objeto del deseo en aquellas pocas estanterías que teníamos de literatura en inglés. No sabíamos lo que tramaba Grijalbo, no estábamos hartas de oír indecencias sobre Christian Grey. Excuse me… You said E.L. James? Y se tradujeron. Se produjo un boom, o más bien una hecatombe de miles de cerebros. Y muchas editoriales se sumaron al carro de la tendencia del momento: vamos a publicar literatura “erótica” sin que hubiera un mañana. Cincuenta sombras preparó el terreno para el boom patrio de Sant Jordi de 2013: Megan Maxwell. No, no la tengo en inglés, verá, es que es castiza. Sí, efectivamente, ni ella misma lo sabe por qué semejante seudónimo.

El verdadero Christian Grey (el marido de E.L.James) no es precisamente un Don Drapper, queridas.


Recuerdo a aquella chica del grupo de aquella multinacional a la que pertenecía Rambla Sant Josep 88-94, con la que solía entablar conversación. Los demás la creían pesada, y aunque a veces me hacía dar mil vueltas, la apreciaba mucho. Sobre todo por su sincera confesión: resignada, me dijo en voz baja que trabajaba en Esencia, responsable de tantos clones baratos de E.L.James, pero que a ella le gustaba leer otras cosas. Era muy maja, pero en aquel momento yo le hubiera espetado un pídeme lo que quieras ya y huye. Cómplice de una barbarie intelectual sin igual. 

Durante la campaña navideña del boom 50 sombras, colocamos incontables pilas de Literatura erótica. De Romántica. De Chic Lit. Se nos mezclaban con los tomos de Fantasía y ciencia ficción en comodillas ajenas porque, por muchos esfuerzos y empeños vanos en ocultar aquellas vergüenzas, no había forma de que cupiera todo aquello. Portadas horrendas para olvidar. Títulos para tirarse de los pelos e imposibles de memorizar. Toda la caspa de la sociedad del patriarcado condensada en aquella estantería de Romántica que te recordaba que los libros arden a 451 grados Fahrenheit cada vez que pasabas ante ella.

Y entonces un día A me preguntó:

—Oye, ¿dónde hemos puesto la pila de (insertad el título de Esencia que queráis)?

Y yo dije, sin percatarme de que la clienta estaba justo detrás de A, con toda la capacidad pulmonar que tuve a bien emplear, mientras me peleaba con la góndola de Novela negra:

—Ahí, en la comodilla de las MARRANAS.

A puso cara de circunstancias. Pasmado, supongo, me dio las gracias. Y yo me di cuenta de que la que se giraba airada hacia donde les había indicado no era otra que la clienta que codiciaba dicho título y que en dos desafortunados segundos, sin saber nada de ella, le había dicho marrana. Con desprecio. Y no penséis que soy una mojigata, o una estrecha, o que estoy en contra de leer sobre sexo. No, para nada. Bien podría haber dicho, y gracias a Muriel que no fue así, que aquel título estaba con la demás BASURA CULTURAL. Podría haberlo dicho. Podría haber dicho algo peor: caca, mierda y todos sus derivados. Porque a veces tengo una boquita que cualquier día me va a poner en una situación muy embarazosa. Pero entended que, a veces, sobre todo en librerías de cadena, una gana en desidia cuando la verdadera cultura, las exquisiteces de verdad, pasan sin pena ni gloria, aplastadas por tanto mal gusto, márketing de masas, y poco convencimiento librero. Allí era muy difícil persuadir al cliente sobre la verdad que nos haría libres; ese chaleco de felpa verde pesaba como un yugo y recortaba como una podadora todo nuestro ingenio, ilusión y perspicacia librera.

Y lo repito, nada tengo contra la literatura erótica, si es de verdad, si es de la buena. Si no es una moda que propaga el machismo y la idea caduca y rancia de que todas seremos felices con un príncipe azul que nos ponga un anillito en cierto dedo. Si queréis un anillo, que sea entre las piernas, y os haga libre.

Me acordé de esta anécdota porque estoy a punto de empezar lo siguiente:

ACTUALIZO: Tras 38 páginas leídas en el tren, en el trayecto de ida y vuelta al trabajo, he hundido en las profundidades de una papelera el clásico de la literatura erótica Historia de O, con toda la rabia acumulada tras 11 largas horas de trabajo (Campaña de texto, ya se sabe). He decidido no proseguir con esta denigrante lectura, no puedo encontrar placer en que una mujer se deje azotar, o que se diga "tú sólo estás para subirte la falda". Si tuviera a Pauline Réage delante, le potaría en la cara, a ver si le gusta ese tipo de sadomasoquismo. Me niego a confraternizar con ciertas ideas. Y a leer un libro que me produce náuseas. No hay ninguna belleza en leer sobre una violación tras otra. Y paro ya porque... 

Ya os diré si acabo despotricando también ;) 



¡Ánimo con ese lunes! Podremos, porque no puede ser de otra manera. 

5 comentarios:

  1. ¡Muy buenos días, linda!

    Café en mano, comienzo a leer con deleite la entrada y no puedo estar más de acuerdo contigo. Al fin y al cabo son modas, pasarán y se quedarán los tomos "picantes" mirando suplicantes desde las estanterías (aquí llámese, comprensiblemente, al pobre Montag para que haga una excepción;) ). Ahora sí, yo también apuesto por la buena literatura erótica (recuerdo haber leído en la Facultad al Marqués de Sade e incluso a Almudena Grandes y éstas me parecen apuestas más acordes al género). No es santo de mi devoción simplemente porque hay otros géneros que me llaman más la atención, pero he de admitir que el libro que tienes entre manos tiene muy buena pinta.

    Aquí entra en juego el dilema de: muy bien, aunque sea con este tipo de "literatura", la gente lee. Por lo menos lee. Ahora bien, ¿a qué precio?¿Vale todo si así la gente lee? :S No sé yo. Si sirviera como excusa y gancho para que luego estas personas abogaran por otro tipo de literatura, genial. Lo malo es que se queden en eso.

    Te deseo un gran comienzo de semana y que, por favor, por favor, sigas con estas anécdotas libreras que tanto nos hacen reír :D

    ¡Besitos!

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    1. Querida Lucy:
      La verdad es que a mí la literatura erótica me da bastante igual, no me interesa en absoluto. Pero Historia de O cayó en mis mano y dije, bueno, pues lo leeré. Tras 38 páginas de pura bazofia lo he hundido con profundo asco en una papelera cerca de mi casa. No te digo más. A veces soy así de radical ;) Me horroriza pensar que haya gente que lea semejantes escenas y se imagine como esa sumisa que se deja azotar y violar, o ser quien hace tales acciones. Por ahí no paso. En eso, tengo el estómago delicado.
      Quizá algún día lea al Marqués de Sade, pero tampoco me urge.

      ¿Vale todo si la gente lee? Es una cuestión muy compleja. A mí me entristece que muchas maravillas se pierdan entre toda la morralla...

      ¡Besos!

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    2. ¡Vaya! Qué faena, sobre todo por haber perdido el tiempo y haber pasado un mal rato, lo siento :S Aunque estoy contigo: yo tampoco soporto ese tipo de vejaciones, ni en la literatura ni en la vida real. No me parece sensual este tipo de truculentas historias. Ya es bastante malo el mundo ahí fuera como para encima añadirle este tipo de conductas en la literatura. Definitivamente, no.

      Yo también soy radical en este caso con las lecturas. Así que ya tienes una excusa para buscarle un sustituto :D (aunque seguro que ya lo habrás hecho jeje).

      Siento que la campaña de texto te tenga tan agotada...¡¡mucho ánimo!! Todo pasará en breve ;)

      ¡Besos!

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    3. ¡Muchas gracias por los ánimos! Que te quieran bien es de agradecer ;) Y sí, ya le he encontrado un buen sustituto, una novela corta de Le Fanu, La profecía de Cloostedd. Pega con los días de lluvia y me recuerda mi adolescencia leyendo clásicos de la literatura gótica. Ciertas costumbres mejor no perderlas nunca. Mua!

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    4. ¡Oh, gran elección!Yo leí "Carmilla" hace unos años, cuando me propuse leer/ver todo lo que pudiera del género vampírico de calidad ;-) ¡Besos!

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