viernes, 8 de agosto de 2014

rodearse es un concepto importante


Pero adecuadamente. Este detalle me recuerda que M.O., una de las primeras profesoras de Traducción que tuve, decía que comenzar un párrafo con “pero” en castellano no era lo más adecuado. Sin embargo, es importante el énfasis que esa única palabra de cuatro letras le da a esta afirmación, y que debo ampliar para que sea más precisa: rodearse de las personas adecuadas, que sean educadas y respetuosas, es un hábito que todos deberíamos promover en nuestras vidas. Dígase personas, dígase ideas y mensajes. Yo además tengo la suerte de que casi todas las personas que me rodean son ávidas lectoras, a las que les interesa la cultura mucho; muchas son personas viajeras, muchas no pueden vivir sin la música ni el cine, etc. 

Como siempre que tengo una semana de vacaciones, me había prometido a mí misma dedicarme a leer y ver películas a diestro y siniestro. Pero como siempre, me ha faltado tiempo y he tenido una agenda bastante apretada. Conclusión: que he leído cuatro páginas, y he visto un par de películas a lo sumo. Me he pasado la semana entregada a la vida social. Debe de ser como dice una de mis más queridas amistades, a la que he visto en dos ocasiones esta semana, que soy de esas personas extrovertidas que recargan pilas cuando se relacionan con los demás. Tiene toda la razón.

E insisto: es un deber, y un gustazo, rodearse de personas respetuosas con tus ideas, con tu forma de vivir; con tu trabajo, tu forma de vestir, tu forma de sentir...; respetuosas y educadas, que sepan dónde empieza tu privacidad, tu autonomía, que, en pocas palabras, no se metan donde no les llaman. Porque tu vida es exclusivamente tuya. Veo terriblemente maleducado la gente que opina sin saber; que les dice a los demás cómo tienen que comportarse en su vida; qué es lo que tienen que hacer, y sobre todo, esa fea costumbre de indicar y ver faltas en los demás. Esa sinceridad sobrevalorada, que no es un favor, es una falta de educación. Muchas veces, en base a opiniones que pueden ser totalmente desacertadas. No digo que no seamos sinceros con los demás, con nuestros amigos, pero hay que tener tacto y pararse un minuto a considerar si esa persona necesita tu opinión, o simplemente que la escuches. De verdad, por cuestiones medioambientales y de supervivencia, es una evolución natural apartarse de ciertas personas y sólo rodearse de las afines. Entiéndase “afín” como un concepto amplio, no con personas que piensan como tú. No, no tengo ningún problema con las personas que piensan diferente si son respetuosas y educadas. Creo firmemente que con las personas coincides en un momento y lugar determinados, durante un tiempo X, más prolongado o menos; que a muchas las volverás a encontrar por el camino, o no. Por lo que no debemos aferrarnos con uñas y dientes a ciertas situaciones y personas; como se suele decir: todo fluye. Las personas a nuestro alrededor también.

Cuando leo en blogs artículos sexistas, o veo anuncios sexistas, como por ejemplo el de ING, me sigo sorprendiendo como una boba, como si fuera naíf al respecto. Me pillan desprevenida. Porque me rodeo de gente que no tiene esas feas costumbres, por no decirlo de una forma peor, y que no me ven como mujer-tenías-que-ser. A veces, parece que viva en un mundo paralelo donde nadie traspasa los límites establecidos por la educación, el respeto y, en general, el buen gusto. Luego estoy en el baño, y oigo cómo el _____ del primero grita a su hermana y a su madre. Oigo toda esa violencia verbal que sale por su boca de forma atropellada, a todo volumen, y pienso, ¿es que no se va a parar nunca? Siento que él suelta todos esos improperios con odio. Y a veces, también oigo las réplicas de ellas, que nunca son suficientes para para aplacar toda esa furia, y que también traspasan los límites del respeto y la buena educación. No lo entiendo: llegados a ese punto, ¿por qué siguen viviendo los tres juntos? Ellas también se apuntan a gritar, a insultar, pero el cabecilla de la contienda diaria es él sin duda. Actúa como el macho del clan, como si su palabra fuera ley. Cuando me lo cruzo en la escalera, si no está demasiado enfadado, supongo que preparando la nueva verborrea venenosa, me saluda con cierta amabilidad. Y lo siento como un descaro. Estas cosas no pasaban en tiempos de su difunto padre. Nadie gritaba en aquella casa entonces. Y me encantaría preguntarles, ¿pero por qué seguís juntos si os tratáis de semejante forma? ¿Por qué os emperráis? ¿Por qué ellas, que son dos, no están unidas y cortan de raíz toda la mierda que sale por la boca de él? Son dos. Los números no engañan. ¿Por qué lo toleran si las trata así? Ni por necesidad económica, ni por los lazos familiares, deberíamos permitir semejante maltrato.

Parece que me haya unido al club de la teoría sobre las personas tóxicas. Pero no temáis, que todavía no me ha dado por leer Autoayuda, y no creo que me dé en un futuro cercano. Es una reflexión que hice ayer al llegar a casa, y que quería compartir con vosotros. Y de paso, despedirme hasta la semana del 18. Un pequeño parón y, por supuesto, volveremos con una anécdota librera. Para no perder las buenas costumbres.


¡A comerse el viernes! 

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