lunes, 18 de agosto de 2014

afán de coleccionismo

El libro que mis compañeros más me han oído recomendar/mentar en todos los años en que he ejercido de librera es, sin duda, El maestro y Margarita de Mijaíl Bulgákov. Al menos, mis compañeros de Rambla Sant Josep 88-94, donde me propuse vender tantos ejemplares de esta obra como fuera posible. Y a lo largo de tres años, fueron más de 80 copias, aunque no recuerdo bien el último recuento. Debo decir que a muchos clientes les hacía gracia llevarse el libro favorito de la librera, por lo que les agradezco su total consideración y colaboración con mi causa personal. En Balmes 129 bis no lo recomiendo tanto, porque soy de la opinión de que, puestos a leer una traducción, mejor en tu propio idioma, y más que ahora tenemos en español una estupendísima nueva traducción de Marta Rebón. Pero en algún momento u otro, estoy segura, les debo de haber dado la lata a mis amigos y conocidos con el libro en cuestión. Amarás a Bulgákov sobre todas las cosas, o Bulgákov para el alma son mantras recurrentes en mi vida.

Por eso, colecciono El maestro y Margarita en distintos idiomas. Como homenaje al desdichado escritor, pues ya se sabe que la URSS no fue el paraíso para muchos artistas.

La primera vez que leí El maestro y Margarita fue en 2006, en la traducción de Amaya Lacasa, que tiene más laísmos de los que vais a querer leer. Fue un descubrimiento curioso, porque lo encontré en una mesa de recomendados de bolsillo en Fnac. Me pregunto quién lo pondría allí, si fue con intención como tantas veces yo lo he colocado en lugar visible, o porque de repente se habían juntado con más de tres copias y falta de espacio en la estantería. Fue la primera y última lectura de un book club selecto, pues sólo me incluía a mí y a una amiga mía, y sólo hicimos esa lectura, con su correspondiente sesión comentándola en un bar mal iluminado en la calle Valencia. Hubo una segunda tentativa, pero nunca cumplimos. Solía tener ideas muy románticas por entonces, y por eso, la copia tiene tantísimas notas, aunque yo no suelo marcar los libros de esa manera. Todas esas frases subrayadas por todas esas verdades encontradas. Ese ejemplar se lo he dejado a un par de personas, y lo he releído un par de veces.

Empezar a coleccionarlo fue una evolución natural.

El último añadido viene directo del barrio de Grünerlokka


Tomé la idea de los coleccionistas de El principito en otros idiomas, que siempre hicieron que la obra de Saint-Exupéry estuviera en el top de ventas de Rambla Sant Josep 88-94. Tanto es así, que sobre todo en verano se reponían de diez en diez, de quince en quince, y siempre los teníamos cerca de caja. Lo que más compraban los turistas junto con el mapa de rigor. Al principio, me pareció un suceso gracioso, que se convirtió en una acción insulsa y poco original: no os podéis imaginar la cantidad de personas que coleccionan El principito. Tantas, que podría haber llegado a aborrecer el libro si no hubiéramos tenido superventas mucho peores (por ejemplo, Grey y amigos). Pero un día, apareció una chica que coleccionaba La caperucita, a ser posible ilustrada por algún artista del país. Otros coleccionaban Alicia en el País de las Maravillas en otros idiomas, y en distintos formatos. La obra de Carroll se presta a eso, lo reconozco, ni que sea por ese maravilloso libro carrusel que edita Kókinos.

Esas personas, con esas peticiones curiosas, que siempre me explicaban por qué estaban comprando ese libro en cuestión si no lo iban a poder leer en castellano/catalán dejaron un poso en mí, estoy segura. Entonces, S. se fue de vacaciones a Kíev. Y me preguntó si quería algo. Me dijo que visitaría la Casa Museo de Bulgákov, porque a ella también le di la lata hasta que leyó el libro. Le insisto a todo el que me deja. Bulgákov nació en Kíev en 1891, y no pude resistirme a pedirle que me trajera una copia de El maestro y Margarita en ruso. Cosa que hizo, y que además me trajo ilustrada.

Aquella memorable tarde en que S. me entregó el libro en aquel bar de Sants


A las pocas semanas, yo visité Berlín, en noviembre de 2012. Es deformación profesional querer entrar en todas las librerías que una se encuentra callejeando, y esta ciudad no fue una excepción. Lo vi en inglés y entonces una lucecita se encendió en mi cabeza: ¡me lo llevaría en alemán! Así que le pedí al librero, si no tendría el mismo libro, pero en alemán. Y le dije aquello que tantas veces me habían dicho:

—I collect this book in different languages.

Me preguntó entonces que cuántos tenía. Y, por supuesto, hice el soberano ridículo porque en mi haber solamente tenía dos, el que había traído S. de Ucrania, y el que estaba comprando en esos momentos yo misma. Debí parecerle una tipa muy extraña, pero le decía la verdad: los coleccionaba, decidí empezar ese mismo día.

Este verano he añadido dos a mi pequeño panteón bulgokaviano: la edición italiana, que compré en Roma en junio, y el que me acabo de traer de Oslo, en noruego, con una portada horrenda. En esta ocasión, le volví a comentar al librero que los coleccionaba porque era mi libro favorito, y él, me recomendó su propio libro favorito: A Fine Balance de Rohinton Mistry. Le dije que no me llevaba aquél porque lo tenía en Balmes 129 bis, pero lo que lo leería. Palabrita de honor de librera. Él me dijo que tenía una copia de El maestro y Margarita en casa, y que lo leería. Si lo hace, seguramente le hará feliz.

Como a mí. Como a vosotros si os decidís, o si lo habéis leído ya. Espero que me lo digáis, y que me comentéis que os parece/pareció. Me pregunto quién más lo considera su libro favorito. Me haría gracia tal coincidencia.

Lo curioso es que no tengo una copia ni en inglés ni francés, porque no las compro por Internet, sino en los viajes. En Canadá me llené la maleta de cómics, así que decidí no comprar novelas. Y, horror, la última vez que estuve en Londres durante un fin de semana no entré en ninguna librería. Que no cunda el pánico, me quedé a gusto en el mercadillo de segunda mano del Southbank. Pero es de lo primero que compré para Balmes 129 bis. Y lo tenemos en todas las ediciones posibles, por supuesto. Y todo el resto de obras maravillosas de este genial autor. Porque de él, os recomiendo hasta las cartas que le dirigió a Stalin. Ya os enseñaré la joyita que me he regalado hace nada ;)

Francamente, la colección es muy pequeña todavía, pero crecerá ;) 


Ánimo con este lunes. La anécdota librera de hoy es más bien anécdota lectora. Pero hoy es día de rentrée tras dos semanas de vacaciones, y de lo que menos me apetecía era hablar de trabajo.


Bulgákov para el alma… 

4 comentarios:

  1. Me has alegrado el lunes :) ¡Me encantan las anécdotas libreras y lectoras! Pues ahora que lo dices, me haré con esta obra porque no la he leído ;) Ya te diré qué tal.

    Te comprendo perfectamente porque yo colecciono obras de las Brontë, especialmente "Cumbres borrascosas" (aunque como no he viajado apenas, lo que hago es buscar por los mercadillos ediciones antiguas de la misma).

    Preciosa iniciativa: coleccionar las distintas ediciones del libro que nos apasiona (sólo lo entenderemos los propios bibliófilos, jeje).

    Un beso, preciosa. Y gracias por alegrarme el inicio de semana :)

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    1. ¡Lucy! Tú sí que me alegras a mí el día :) Gracias por el mensaje, y por unirte a la causa bulgokaviana. Ya me dirás qué te ha parecido. Ay, ese preciso instante en que uno va a descubrir un libro maravilloso por primera vez. Casi envidio que todavía no lo hayas leído, y no sepas qué va a pasar hasta que te pongas a ello. No sé si me explico bien :)

      Cumbres borrascosas es otro de mis libros favoritos. No tengo la misma obsesión, porque mi rusofilia es una patología aguda y pronunciada, pero también lo leí de tirón en 4 días, y me enamoré del personaje de Heathcliff. Seguro que tienes una colección la mar de interesante.

      Ánimo con la semana, que mañana ya es martes. ¡Un beso!

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  2. No sé si me gustará... pero la edición de Nevsky es para morirse de bonita. La tuve en mis manos el otro día y no terminé de atreverme... me impone este libro, la verdad.

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    1. Yo por supuesto te lo recomiendo. De hecho, nadie a quien se lo he recomendado me ha dicho que ha odiado el libro, les haya gustado más o menos. En lo que sí suelen coincidir es en que es un libro que no se parece a nada que hayas leído antes. Y si te atrapa, Corazón de perro también es fantástico.

      La edición de Nevsky es preciosa, pero entiendo que el precio pueda tirar un poco para atrás. Sin embargo, Marta Rebón es de las mejores traductoras que tenemos, así que creo que vale la pena. Cuando veo un libro que me interesa traducido por ella, me alegro XD

      No sé, quizá alguna biblioteca ya tenga esta nueva edición, y le puedas dar una oportunidad?

      ¡Un beso!

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