miércoles, 16 de julio de 2014

mujeres tan distintas a mí

No puedo imaginarme una personalidad más opuesta a mí que la de una monja. No creo en Dios, ni conozco a fondo los preceptos de una vida religiosa. Nunca estudié Religión en la escuela, y aunque hice la Comunión, lo cierto es que pasé por los dos años de Catequesis sin prestar la más mínima atención, nunca me había puesto a hacer aviones de papel en clase hasta que llegué a ésa. La única vez que me he confesado en mi vida fue en los últimos bancos de la Parroquia del barrio, nada de confesionario, y el padre Julián se inventó casi todo el discurso de mis pecados. Pero claro, ¿qué pecados puede tener una niña de 10 años que puedan ofender a esa figura "omnipotente" que es Dios? No sé si estoy capacitada para respetar las Religiones, porque me cuesta mucho trabajo entenderlas y, sobre todo, tengo cero interés. Como vestigio de épocas pasadas, como Historia de la Humanidad (por desgracia), vale, pero el sentimiento religioso es algo que nunca he llegado a experimentar y que, por lo tanto, me resulta difícil asimilar en otras personas del s. XXI, aunque llevo unas semanas viendo monjas por la calle, en el tren y en todas partes (y no solamente cuando estuve en Roma el mes pasado).

Sin embargo, Mariana Alcoforado era una monja portuguesa del siglo XVII. Le escribió cinco desgarradoras cartas de amor a su ex amante el conde Noël Bouton de Chamilly, que tras dos meses de romance, la abandonó para regresar a Francia. Mariana se consume y enferma de amor de tal forma que lo que escribe ha sobrevivido a nuestros días, y se ha convertido en un bello ejemplo del amor más atroz. En su época, las cartas llegaron a ser tan populares que hasta la palabra “portuguesa” se relacionaba con la pasión más fervorosa. Leerlas hoy es una prueba de que el sentir humano se repite una y otra vez, y esa es la forma en que nos perpetuamos. El amor y el desamor son partes indivisibles de la condición humana. Desde una primera momento, se sabe que Mariana ha sido traicionada por su amante; repudiada por su familia; reprimida por su condición de religiosa y, lo peor de todo, anulada su mínima capacidad de ser independiente, si es posible siendo monja, al sentir ese amor obsesivo que nubla sus sentidos y su razón. Lo más terrible de su situación es que no pueda ver más allá cuando el abandono se comprueba irreversible; no puede avanzar, no puede superar la ausencia del que le ha roto el corazón y no queda esperanza para ella, hasta llegar casi al final de la última carta, donde por un breve momento se promete a sí misma sobreponerse a las circunstancias. Y en tanto reproche, no lo vamos a negar, una monja firma las palabras más bellas que se le pueden dedicar a otra persona. No dejan de ser amargas y devastadoras, producto de la locura, puesto que se trata de un amor no correspondido, mejor dicho, un amor que él termina y ella es incapaz de dejar atrás. 

Oops, se colaron mis pies en la foto


A partir de los años 20 del pasado siglo, una serie de estudiosos concluyeron que la autoría real de las cartas pertenece a Gabriel-Joseph de Lavergne, vizconde de Guilleragues, y que por tanto, se trata de una obra ficcional. Algo que imagino se debe anunciar en todas las ediciones que existen hoy de estas cartas, antes de que uno pueda empezar a leerlas. Pero en 2006, a partir del libro de Myriam Cyr, Letters of a Portuguese Nun: Uncovering the Mystery Behind a 17th Century Forbidden Love, queda un resquicio para la duda: la monja Mariana Alcoforado existió y Cyr defiende que estaba perfectamente capacitada para escribir esas cartas. Es posible que este misterio nunca llegue a resolverse. Pero a mí me da un poco igual, porque mientras las leía, he sentido que Mariana fue real, que enfermó de amor y que escribió semejantes barbaridades, a la par que pura poesía, y sólo deseo que llegara a recuperarse de tal desengaño, aunque fuera a través de su fervor religioso. Que volviera a Dios y viviera tranquila.

Si no fuera por la potencia del texto, hubiera comenzado esta reseña hablándoos de la edición: una edición ilustrada por Milo Manara que edita Libros del Zorro Rojo y que, por supuesto, es una pieza de orfebrería, y una de las maravillas de mi humilde biblioteca. La compré en el Salón del Cómic en el stand de Zorro Rojo, que como ya dije, fue para mí el mejor stand y la mejor compra de todo el Salón. Parece que siempre acabo diciendo lo mismo cuando reseño un libro, pero esta edición es para paladares muy exquisitos, un auténtico capricho, y las ilustraciones son espectaculares. Si no conociéramos a Manara y al erotismo que siempre imprime en sus trabajos, su monja le haría merecedor de la excomunión directamente. Pero Milo Manara es quien es, y celebramos que Zorro Rojo haya recuperado su trabajo, porque es brillante, y le da a Mariana ese carácter terrenal y más animal que tan alejado parece estar de la figura religiosa. Tuvieron un romance, con todo lo que eso implica. Ella no lo llega a decir, pero fue un amor consumado, y las ilustraciones de Manara no dejan lugar a duda. Si hubiera sido platónico, quizá no hubiera sufrido tanto.

El Sr. Manara mostrando las intimidades de una monja


Es cierto que la edición de Zorro Rojo, que es bilingüe, pues incluye las originales en francés, y está editada como si fuera un álbum ilustrado en toda regla (bravo), es un poco cara: 19,90€. Pero en estas cosas, yo no me puedo contener, y como siempre digo, invierto en mi felicidad. Pero si el libro os interesa, Acantilado, que también es sinónimo de trabajo bien hecho, las edita por tan sólo 9€. Y se las recomiendo a todo el mundo, puesto que experimentaréis un shock ante semejante belleza. 


Si lo probáis, ya me diréis. Y con permiso de la Alexandra de Muriel, aquí os dejo con una de mis monjas de la ficción preferidas. ¡Feliz miércoles!:

Vanessa Redgrave ocultando bajo el hábito su gran belleza en The Devils





4 comentarios:

  1. No sé si sería beneficioso para mí trabajar en una librería! Cada vez que entro, veo ediciones preciosas de editores que realmente se preocupan por sus lectores, y no dan un producto en serie, sino bien cuidado y mimado. Anotado queda en mi lista de pendientes, que ya parece la historia interminable.
    Lo que más me llama la atención no es que sea monja, sino que todas las mujeres caemos en algún momento de la vida presas de una pasin que nos consume y no podemos olvidar, aunque por momentos nos cueste la salud.
    Parece un sinsentido, pero cuesta tanto salir de ello que me gustaría leer cómo se refleja eso en esas cartas sin respuesta, tienen que ser un texto desgarrador.
    Gracias Jen por la reseña, un abrazo!!

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  2. Gracias a ti por el comentario :) :) :)

    La verdad es que trabajar en una librería implica que sí o sí una parte de tu sueldo se va en libros; en ocasiones, si la calculas en porcentaje, es para llevarse las manos a la cabeza. Pero yo siempre digo que hay vicios mucho peores ;)

    ¡Un abrazo!

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  3. Jen, yo he hecho toda mi escolaridad en un colegio religioso y créeme salí de allí creyendo como mucho en meigas y brujas :)
    Como me gusta venir aquí y descubrir joyitas como esta. Había oído hablar de este libro, pero nunca le presté la necesaria atención; ahora me encantaría tener la edición que presentas en las manos. No se si le valdrá la excomunión a Milo Manara, pero esa ilustración es una absoluta maravilla.
    ¡Gracias por el descubrimiento Jen y un abrazo!

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    1. Un placer, Marie ;) Con la de cosas que he aprendido yo de ti... La verdad es que el señor Manara en este álbum está divino. ¡Un abrazo!

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