miércoles, 4 de junio de 2014

me he enamorado

Ni siquiera era mi tipo de hombre. Pero sí de lector. Alguien que pregunta y compra Foster Wallace, Fante, Borges, Cortázar y compañía en menos de veinte minutos y que encima alucina con el fondo que tenéis, y te sonríe sin parar, y te da las gracias, es capaz de hacer explotar el corazón librero en un nanosegundo. No hagáis la prueba, no podría sobrevivir a dos en una misma semana. Gracias. Que sí, que paseando por la calle no me hubiera fijado en él, que los rubios con ojos azules y que aparentan de 5 a 10 años menos que tú (y que probablemente los tengas), vestidos un poco a lo surfero fan de la generación beat, no es la idea que tú tienes sobre tu galán personal (aquí, tantas disfrutarían dándoos una descripción más específica…). Pero como comprador era encantador. De los que te alegran el día y dan sentido a tu trabajo. Me tuve que enamorar. Era de justicia.

Lástima que sólo estuviera de paso y que regresara pronto a su lejano país del este…

Los “enamoramientos” empezaron en los primeros días de Rambla Sant Josep 88-94. Casi por casualidad, porque al principio ni siquiera me fijé en él, en el que luego se acabó convirtiendo en “el Connelly” por la mucho que le gustaba el autor, y porque era incapaz de recordar su nombre, y tras tanto tiempo ya me daba hasta apuro volvérselo a preguntar. 

Debo aclarar antes de continuar que todas estas relaciones que aquí describo son totalmente platónicas. Que tampoco sé muy bien por qué me ha entrado la vena sincera y comparto con vosotros este retazo de mi privacidad. Pero es lo que tiene hablar de la vida de una misma, que al final, sin querer, te acabas desnudando. Así que supongo que era inevitable llegar a tocar este tema.

También debo añadir que estos “enamoramientos” debéis entenderlos como parte de mi personificación librera. Yo salgo del trabajo, y no tengo contacto, ni me preocupa, ni me relaciono con estos candidatos a mi corazón (a excepciones).

Pero volvamos a Connelly, al que le perdí la pista hace casi un año cuando abandoné Rambla St. Josep 88-94. Alguna de mis compañeras sugirió que le diera mi teléfono. De hecho, le comenté mi nueva futura situación laboral, cosa que no hice con otros clientes favoritos, cuando nadie sabía todavía el cambió oficial y… yo creía que mi destino iba a ser otro. Ya tenemos historia para otro día. Lo más gracioso es que uno de mis clientes favoritos en Balmes 129 también es muy fan de Michael Connelly. Sin embargo, en este caso la conexión es totalmente espiritual. Bueno, más bien es que yo soy su fan. En todo caso, de este hombre, sería hija o sobrina, o pupila.

El Connelly sigue en el top de los hombres compradores de libros en mi panteón particular. Sobre todo porque toda librera se siente muy halagada (vanidad, queridos, vanidad) cuando te hacen caso con las recomendaciones y se llevan lo que les das con los ojos cerrados. Además, que era muy atractivo, muy guapo, y estaba bastante en forma, y esos detalles también se agradecen, aunque a mí me puedan más cierto tipo de detalles que ensalzan la singularidad de cada uno (y aquí algunas os hablarán de tuertos, y yo apunto que son ojos vagos: click here).

El segundo flechazo importante también sucedió durante mis días en Rambla Sant Josep 88-94, y esta vez llegamos a quedar. Que era guapo es innegable. Que elegí el peor sitio para quedar, más ruidoso imposible, y que estaba muy poco inspirada en la conversación, también. Que quizá me marcó esos puños de la camiseta agujerados por donde metía los pulgares, puede. Sin embargo, de vez en cuando volvía por la librería. Y le gustaba la música mucho, como tiene que ser. Como me gustan a mí. De la misma forma que nunca me vería al lado de alguien que dijera categóricamente “no me gusta leer” (y aquí hasta las amistades de este tipo se han ido muriendo), yo no concibo que alguien no encuentre la panacea en escuchar su disco favorito mientras se toma algo. Simplemente no puede ser. Ya divago…

El encuentro fue muy casual. Me invitó porque había tardado siglos en contestarme a un email exhaustivo sobre distintas lecturas que le podrían interesar. Ay, si todos aquellos que me piden guías sobre bucear en Malasia, o sobre aprender a ser DJ tuvieran estos detalles y yo acabo volviéndome loca para buscar libros y mando un mail siempre bien larguito… Ni que fuera simplemente dando las gracias. Por lo menos, todavía existen galanes decentes. Hay esperanza.

En Balmes 129 bis, lo cierto es que el surfero beat ha sido el primero por el momento. Aunque digan las malas lenguas que cierto bibliotecario también me pone. Pero eso fue un espejismo, hablé demasiado pronto, como se dicen comúnmente, y se me ha pasado totalmente la magia, creo.

Lo que sí tengo es cierta predilección por varias personas, y la oportunidad de conocerlas más a fondo que en mis días de chaleco verde de felpa. También porque las circunstancias medioambientales son más favorables para que alguien venga y pueda hablar un rato conmigo (aunque en esto también pueda haber tenido malas experiencias).

Tras este breve repaso, sólo puedo deciros que gracias. Gracias a todos los que tenéis la capacidad de enamorar a las libreras. Que ya os imaginamos ofreciéndonos un ramo de gladiolos mientras con una sonrisa nos preguntáis si os podemos conseguir una edición completa de los cuentos de Oscar Wilde en tapa dura, que sea bonita. O por supuesto, que queréis pedir de una vez diez copias de El maestro y Margarita, como regalo para todos los cumpleaños que tenéis ese año. Y ya divago otra vez… Mis más sinceras disculpas, la primavera ya se sabe.

Que no sé por qué motivo estos tres hombres me encandilaron. Que lo mejor era que no lo supieran, porque en el fondo, cuando mitificas a alguien lo mejor es no profundizar y llevarse desagradables sorpresas. O sí. Quizá cualquier día entra a vuestro trabajo esa persona, si estáis de cara al público, o tratáis con clientes y proveedores, o estáis en una gran empresa donde siempre hay caras nuevas; quizá precisamente es como tiene que ser: que entre alguien inesperado y desconocido en vuestras vidas y la ponga patas arriba, y tenga vuestros mismos gustos, y no es que suenen campanas, es que directamente suena ThisCharming Man/There Is a Light That Never Goes Out* de fondo. Y no lo voy a negar, ya que hablo de mí, a mí me encantaría que pasara. Hoy mismo si es necesario.

¡A enamorarse!


*= imposible escoger sólo una. 

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