lunes, 23 de junio de 2014

la gente que no compra en librerías


En Balmes 129 bis tenemos un tipo de cliente que empieza a frecuentarnos tímidamente en el mes de junio para convertirse en una masa descontrolada durante septiembre y octubre: el que nunca compra en librerías. Es un cliente que suele tener hijos en edad escolar y necesita comprar los libros de texto. También puede ser una persona muy joven, ya en edad de encargarse de sus propios asuntos, que viene a por el libro del ciclo de Turismo o Comercio en inglés —a veces, muy a su pesar. Es posible que durante el resto del año sigamos teniendo clientes que en realidad no son compradores de librerías, y que desesperadamente intentan encontrar la fórmula mágica para poderse sacar ese curso de inglés que le exigen en el trabajo. Pero la temporada alta de este tipo de clientes empieza ahora.

Nuestro cliente no asiduo tiene una serie de características, sobre todo conductivas, que lo diferencian del resto. Algunas me han parecido notables y curiosas, y por eso las quería compartir con vosotros. Por si este año es vuestra primera campaña de texto.

Sin mayores preámbulos, el cliente que no suele frecuentar librerías se caracteriza por todas o algunas de las siguientes características:

A)   Su miedo. Se acerca a ti con temor, con paso sigiloso, con cierta reticencia. Y de forma tímida y respetuosa, con el pulso ya acelerado, te interrumpe, o te formula una pregunta: «Disculpa, es que…». Llegados a este punto, puede que ya haya empezado a sudar aunque el aire acondicionado esté a tope. Y tras unos cuantos clientes así, llegas a la conclusión de que les das auténtico pavor. El cliente pretende disimular porque ha venido con su hijo menor de 10 años, al que le inculca el mismo temor a esa tipa con pelo rojo y cara de extraterrestre de Jupiter que está ante el ordenador mirando catálogos de Faber & Faber. Se quiere hacer el valiente, pero la gestualidad indica otra cosa.

B)   Su desconocimiento de lo que tiene que comprar. No sé muy bien qué tipos de listas se reparten en las circulares de las escuelas, pero las notitas escritas a mano que les llegan a los libreros, desde luego, no reflejan bien lo que este tipo de cliente necesita. Notas como “Zombie Attack” o “Frankestein” o “Libro de inglés de 2º de ESO”, queridos, estoy segura de que no os hace pensar en ninguna referencia concreta. No, no penséis en Mary Shelley, que el niño, hemos dicho, tiene 10 años y no va a una escuela internacional, ni es nativo. Y entonces, la pregunta del millón que la librera sí o sí ha de formular para cumplir su función es un dardo mortífero para el cliente: « ¿De qué editorial?». Una simple pregunta que se transforma en algo más complejo y metafísico que «¿Qué es el yo? ¿Qué es el arte? ¿O qué es la conciencia?». El padre ya anda desesperado. Si me apiado de él, miraremos en Google, en los proveedores; a ver si el chico me dice escuela, o cómo es la portada. Creedme, preguntadle al niño, que de forma pasiva seguramente sabe más que su progenitor. Con los adolescentes, no lo intentéis, la mayoría vive en el letargo inducido por no quiero saber qué. Si os topáis con el enterado de turno: «Bueno, tú enséñame dónde están, a ver si lo veo», no insistáis en ahorrarle el mal trago, lo lleváis ante la pared de libros de texto de ESO y que se sienta como en el cuadro de Escher de las escaleras. Lo que os pida vuestro cliente va a misa.

C)   Sus gracias. Esta es una característica totalmente alternativa. No está presente en todos. Pero desde luego, una gran mayoría de clientes no compradores de librerías os darán las gracias como si les estuvierais salvando la vida. De hecho, le habéis encontrado Zombie Attack de la colección de Oxford Dominoes, nivel Starter, casi por casualidad. «En la portada hay un dibujo», y de ahí, sacaste que Frankenstein era de la misma colección pero nivel 1. No se arrodilla ante ti porque sería totalmente inadecuado. «Pues muchísimas gracias». Gracias por no despacharme sin libro y tener que preguntar a no sé quién, o recuperar la lista, o reñir al niño por no apuntar todos los datos en la agenda. Profesores del mundo, no enseñéis el libro en clase como un trofeo, apuntad todo lo que sepáis sobre él en la circular del colegio. Y después de tantas gracias, a ti te entra casi la vergüenza y empiezas con un poco de pudor a esgrimir que gracias por nada, que es tu trabajo, que para eso estás. Y que muchas gracias, gracias otra vez. Ya estás tan roja como tu pelo y deseando que se marchen ya. Y que gracias. Y que están a punto de hacerte la ola, cuando metes corriendo el libro en la bolsa y que se vayan o te mueres. También está el caso contrario de chulería extrema que te entra con el saludo “El libro de no sé qué”, pero esto puede ser un rasgo común a todo tipo de clientes.

D)  Su ingenuidad. Es un cliente que sin querer va a despertar tu ternura. Cuando veáis el punto de indefensión en que se mueve por entre las estanterías repletas. Sin saber qué hacer, hasta que tú le preguntas si le puedes ayudar. Y aunque a veces saca de quicio eso de que no entiendan qué es descatalogado, qué es un ISBN, qué diferencia hay entre el libro de curso y el de actividades, uno se da cuenta de que es como un niño, respiras hondo, y empatizas. La librera superhéroe, oigan. Son clientes tan ingenuos que seguro que se pregunta por dentro si me habré leído todo lo que hay en las estanterías. Seguro que se imaginan que hago rituales paganos y todo se coloca por arte de magia. Y a veces esa misma ingenuidad ante las convenciones sociales a guardar en una librería, les hace ser un poco toscos. A cagarse en el niño si no ha apuntado bien la referencia y no quiere llamar a Marta porque le da vergüenza. En aquella ocasión, con la madre casi al borde del llanto o de dar una hostia, estuve a punto de decirles que me dieran el teléfono de Marta, que ya llamaba yo. Son padres manipulados por sus hijos adolescentes sin saberlo, que van donde su hijo les diga a comprar algo que podrían comprar ellos. Yo en estos casos, si la relación no es exitosa, le digo al padre o madre en cuestión, con todo el morro, oye, que me manden al niño. El otro día una mujer me preguntaba por libros del First Certificate mientras su “niño” de unos 13-15 años se despistaba en cómics. Y ni corta ni perezosa, por mucho que me encante que me toqueteen esas cosas, me fui para él y le dije: «Si es para ti, ya puedes venir a que te lo explique». A ti.

Por supuesto, este breve recuento está exagerado (o no) y solamente lista unas cuantas características. Imagino que mis compañeros podrían alargar la lista con sus propias experiencias y opiniones. Yo he querido aportar mi visión general porque, sin ser mi tipo favorito de cliente, reconozco que es necesario y que toda librera tiene que intentar encandilar al cliente que pisa por primera vez una librería y se siente perdido. Le tiene que demostrar que la librería es un sitio acogedor y placentero, intentar que lo vea como un antro de perdición donde puede tener auténticas bacanales (me estoy pasando) y que no es como la consulta del médico, ni las oficinas de Hacienda. Que comprar en una librería es una experiencia indolora; que puede ser satisfactoria, aunque te vaya a cobrar casi 70€ por dos libritos de inglés para el niño. Que la librera no es marciana, aunque su trabajo te parezca tan raro, sino alguien que debería estar presente en tu vida.

Balmes 129 bis



Por mucho que a veces cuente los minutos que quedan para acabar mi turno, ay señor, llévatelos pronto, el cliente siempre asegura nuestra supervivencia. Y queridos, en un país que cada vez lee menos, estamos entre el bien y el mal, en sector en peligro de extinción, población en riesgo. Así que nos armamos de paciencia, y a vosotros que teméis nuestra casa, os decimos, que coraje, que os va a acabar gustando. Y os veremos partir con un único mantra en la cabeza: volved, volved, volved. 

6 comentarios:

  1. Jen, me declaró fan incondicional de tu blog. Llevo un mes solamente leyendo tus entradas, pero es que son tan descacharrantes, o tan nostálgicas, o tan incisivas , o todo a la vez, que solo puedo decir: quiero ser como Jen.
    También trabajo de cara al público aunque ya quisiera yo que fuera en una librería....al menos estaría rodeada por mis objetos favoritos. Así que me has hecho reír tanto con esta entrada, y me he sentido tan acompañada por tu voz escrita, que no puedo por menos de agradecertelo por escrito. Un abrazo Jen!!

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    1. Marissa: salgo del trabajo y lo primero que veo es tu mensaje. Y como dicen mis adorados anglosajones: this made my day! MUCHAS MUCHAS GRACIAS, así en neón y fosforito. No sabes cuánto te agradezco que me des tu opinión sobre las entradas sobre libreras. Que te haya hecho reír es todo un halago para mí :) De verdad, mil gracias a ti. ¡Un beso!

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  2. Ay, muchas de nadas Jen! Descubrí tu blog por casualidad, porque vi que también sigues a Marie de A Book a day keeps the doctor away. Así que me planté por aquí , y como todo lo que cuentas me hace sentirme identificada, aquí me quedo. Soy lectora impenitente y me anima mucho ver que no soy la única. Yo en las librerías me quedaría a vivir, de hecho cuando voy a comprar ropa siempre acabo comprando también libros....
    Un abrazo desde Bilbao Jen, y felicidades por tu blog!

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    1. El blog de Marie es ideal. Qué maravilla de biblioteca debe de tener :) :) Sus entradas me han descubierto a muchos autores que ahora tienen representación en Balmes 129 bis. Y Bilbao, a ver si la próxima vez que suba de nuevo a Euskal Herria, me vuelvo a pasar. Me encanta. Mil gracias :)

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  3. ¡Hola, Jen! Acabo de descubrir tu blog a través del blog de Little Emily, pero mi sorpresa a venido cuando he visto que trabajas en la libreria "Come In". ¡La de veces que he ido yo por esa librería! Me encanta y debido a mi carrera de Estudios Ingleses he ido a comprar libros de literatura para mis clases y también libros para uso personal jeje ¡Un beso!

    http://elblogperdidodelaura.blogspot.com.es/

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    1. ¡Gracias, Laura! Un placer tenerte entre nuestras clientas :) :) :) Ahora echaré un vistazo a tu blog. ¡Un abrazo!

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