miércoles, 28 de mayo de 2014

mi vida la semana pasada


Todas las semanas, el trabajo en Balmes 129 bis tiene un tema principal. Ni las tareas más mecánicas, como colocar y el orden alfabético, ni las rutinarias, como la reposición lunes, miércoles y viernes acaban definiendo el espíritu de esa semana. No, lo que verdaderamente se acaba imponiendo por derecho es la compra/venta espinosa de turno, o las negociaciones con X, o algún evento que se tiene que organizar a contrarreloj, o la ambición por conseguir algo determinado, ya sea que nos aumenten un crédito, nos mejoren el descuento o nos quiten –por fin- el VAT inglés de las facturas. La semana pasada tuvo como protagonista un codiciado expositor de Lonely Planet que, como las meigas, haberlos haylos, pero yo únicamente he logrado encontrar una foto de 90 x 200 píxeles para que os hagáis una pequeña idea:



Un breve inciso: normalmente, los comerciales de distribuidoras y editoriales no suelen poner excesivas pegas con el tema de los expositores. De hecho, si tienen expositores, te los suelen ofrecer, porque siempre va acompañado de una potente compra de un material o de una colección de libros. O eso pensaba yo. Hasta la semana pasada (empieza la exageración).

En contra teníamos que el distribuidor nacional de Lonely Planet había dicho simplemente que no tenía. Y ya nos quedó claro que tampoco pensaba buscarnos uno. A nuestro favor, que yo puedo ser una auténtica pesada cuando me lo propongo. Así que me fui directa al “Contact Us” de Lonely Planet.com. Y me topé con algo peor que ese dichoso formulario de contacto cuando no quieren poner teléfonos directos (que sí los había en este caso, de las distintas filiales) o los emails: una guía, un FAQ, un no-me-llames-si-no-es-un-caso-de-máxima-urgencia. Bueno… Recobré un poco la esperanza porque más abajo había un apartado de “Contact Details” y encontré un mail de prensa. Siempre que contactéis una empresa, o distribuidor, etc. por primera vez, yo recomiendo usar el email. De hecho, siempre que podáis negociar por esta vía, mejor que mejor. El email es el aliado de los libreros: que todo lo que te digan quede por escrito, que te dé tiempo a pensar y a formular la estrategia Drama Queen (de esto también hablaremos otro día, si os apetece). Así que me marqué un “May I take this opportunity to introduce myself” de lujo. Que siempre debéis intentar cerrar con un Many Thanks and Looking Forward que suene a que os están salvando la vida.

A las 48 horas de haber enviado el mensaje debes empezar asumir un par de cosas, y más sin un recibo de entrega del mensaje a una persona en concreto, o un Departamento, algo que te diga que lo leen y te contestan en breve. A las 48 horas, sin respuesta, empiezan las dudas: creo que no lo tendría que haber enviado aquí, quizá no me quede otra que rellenar el formulario. A buscar otra correo, encuentras el teléfono y, piensas, va, le damos un poco más de tiempo, imaginaros la cantidad de emails que Lonely Planet debe de gestionar al día. Tras cinco días sin respuesta, uno empieza a aceptar la derrota. Y a buscar otra vía de contacto: pues llamo por teléfono y cruzo los dedos para que el «queremos un expositor, queremos un expositor» suene lo más normal y coherente posible.

Por lógica, en nuestro caso, decidí llamar a Londres. Aquí es donde empezó lo verdaderamente frustrante: centralita. Más de 7 opciones y ninguna mención de expositores, material para librerías, o si quieres pedir algo: aquí. No. Información de cómo estar incluidos en alguna guía (oye, pues no estaría mal), o sobre hoteles, o si sabe usted la extensión, márquela. O tras 7 opciones, si sigue desesperada, pues espere al agente que la atenderá lo antes posible. La ligera musiquita de turno. Pero esta vez con un añadido para tu tranquilidad, o bien, para acabarte de desquiciar: You are number 1 in the queue… Diez segundos más… You are number 1 in the queue… Diez segundos más y voz del metro de Londres… You are number 1 in the queue… Y no me siento número 1, ni que ya estoy a punto de que me atienda alguien. Abran las apuestas: decidme cuántos numbers 1 aguante hasta  que... Tuve que colgar. Y entonces caer en la desesperanza total.

Que ya se ha intentado con el proveedor nacional, pues habrá que volver a probar. Que nos arriesgamos a probar con otro intermediario. Que, yo no lo veo, pero si es necesario llamo a Lonely Planet India. Que, bueno, siempre puedo volver a llamar mañana. Y mañana decir que mañana, sí, seguro, sin falta lo hago. Si hace falta, seré un auténtico corcón, y cuando todo el mundo se haya resignado a no tener expositor, yo seguiré insistiendo. Como si la cuerda que me dan fuera infinita. Me iré poniendo avisos en Outlook para intentarlo una vez al mes. Volveré a escribir otro email, y otro, y otro, y…

Más de una semana y media después, ayer respondieron a mi primer email. Que nos supo a victoria. Hay que empezar a cuadrar el espacio. Y Thank you very much. Que X (el grupo al que pertenece el proveedor nacional) os contacta en breve para acordar la gestión. Y D1 que felicidades. Pero no es por falsa modestia, no es que agache la cabeza por no ser una librera suficientemente meritoria, oigan, es que todavía no tenemos expositor.

Así que…


Este post puede que tenga segunda parte: la Gran Desilusión, o El expositor que por fin llegó. Todavía no tengo clara la programación. Pero ya pienso que qué bien va a quedar a rebosar de libritos de lomo azul y verde, de ésos que la gente se lleva por todo el mundo y se hace fotografías con ellos junto a las pirámides, o el Taj Mahal, o el Coliseo romano. Que ahora sí que ha llegado el verano. Mira que yo nunca había sido fan de los expositores (también podemos hacer otro post sobre eso), pero les estoy pillando el gusto. Ay… 

2 comentarios:

  1. Jen,
    como disfruto de tus entradas :) Ahora que, lo que más me gustaría es darme una vuelta por Balmes 129 bis. Las buenas libreras son como las meigas, ¡haberlas haylas!
    ¡Un beso!

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  2. Jo, Marie, muchas gracias. Tenerte como lectora es un honor :)

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