miércoles, 21 de mayo de 2014

lo mío con Orwell

Ahora que el Lector Profesional se va de vacaciones hasta otoño, y que ya le había pillado el gusto a eso de narrar mi vida profesional, me veo en la tesitura de dejar de hacerlo durante unos meses o seguir por aquí. Y aunque no vaya a tener la misma repercusión, he pensado que por no perder la costumbre, y como alguna vez ya ha caído alguna que otra anécdota librera, que no estaría mal contaros alguna que otra historieta de Balmes 129 bis o Rambla St. Josep 88-94. De vez en cuando.

Así que vayamos al grano. Que no os extrañe más el título de esta entrada:
¿Qué me pasa a mí con George Orwell?

Esto es una confidencia. Bueno, en realidad, la confesión de una fechoría. Me encantan los clientes que leen ciencia ficción, sobre todo aquellos que adoran los universos distópicos y se aferran a la desesperanza de los antihéroes como los que no pueden despegarse del televisor cuando echan el reality de turno. Pues bien, siempre que uno de ellos me dice algo como:

—A mí es que me encanta Orwell. 1984 es uno de mis libros favoritos—y sonríen, saboreando ese momento de verdad absoluta, recordando quizá la revelación que supuso en sus vidas. Quizá le deban a esa obra su afición a la literatura.

De acuerdo, Orwell ha ganado muchos adeptos para el género. ¿Y entonces qué me pasa?

Que se apodera de mí la malicia más supina y tengo que decir algo como:

—Pues fíjate, y eso que Orwell copió/plagió/se inspiró demasiado en Nosotros de Zamiatin.

Recuerdo que cuando tenía 15 años leí 1984 en cuatro días. Y que en su momento, lo consideré una obra maestra bella y terrible a la vez, una lectura dolorosamente maravillosa. Inmediatamente puse aquella obra y a su autor en un pedestal. Pero fue en una clase sobre la historia de Rusia donde aquella profesora hizo lo mismo que hago yo con mis queridos clientes amantes de la ciencia ficción: reivindicar la obra de Zamiatin, otro gran autor soviético olvidado y maltratado por la censura. Porque es la verdad: si Zamiatin no hubiera escrito Nosotros y creado al Gran Benefactor, nunca hubiera existido 1984 y el Gran Hermano.

Tras leer Nosotros en cuatro días también, me enfadé muchísimo con Orwell. Y la costumbre de sembrar el mal, la discordia y la incomodidad, de darse cuenta de que un poco sí te han defraudado, de que se ha caído una leyenda del pedestal, empezó un poco por casualidad. Primero se lo dije a un amigo. Y luego a otro. Luego a algún cliente. Luego también a una compañera de Balmes 129 bis aunque acababa casi de conocerla. Y entonces luego, sin darme cuenta, a todos aquellos clientes que reconocieran que 1984 había sido importante en sus vidas, que había sido una de sus lecturas favoritas, etc. Con alevosía.

Y ahora en este blog. Alevosía infinita.

Tras este intento de desprestigiar un poco al que indudablemente es un clásico, un narrador fabuloso, creo que he podido reconciliarme un poco con él. Estamos en paz. Porque no sólo escribió 1984. Por eso, a veces suelo apostillar:

—A ver, 1984 está escrita de forma fantástica. Y Orwell siempre ha reconocido haberse inspirado en Zamiatin. En alguna entrevista que otra. Pero bueno, puede decirse que hay algo más que inspiración.

Por favor, perdonadme. Es la verdad. ¿Acaso preferirías que las libreras mintieran? Es una de mis mejores anécdotas, y no hay nada como hablar desde la experiencia. No hay nada como que de repente aparezca alguien y te pida Nosotros. Nada como todos esos que se unen a la causa, a pesar de una cierta reticencia, una cierta sensación de vergüenza, de reivindicar al verdadero creador. A algunos conozco que también sacan a relucir a Zamiatin cuando oyen cantarle las alabanzas a 1984. Al fin y al cabo, es un daño mínimamente colateral. Nuestro alcance es muy limitado. Pero necesario.

Sé que a algunos os he hecho una jugarreta con esta información, que es algo que no queríais ni necesitabais oír. O no. Quizá hayáis encontrado una nueva obra. Quizá os dé igual.

Espero que podáis tolerar estos niveles de maldad librera. Todavía nos queda Rebelión en la granja, con la que no tengo ningún problema porque todavía no he encontrado la obra en que está basada, según una clienta de Balmes 129 bis. Esto es una broma. Pero lo de 1984 no. Lo de 1984 es la pura verdad. Y hay que asumirla. Porque todos, en algún momento, hemos tenido que superar que los Reyes Magos eran los padres.

El verdadero creador, yo lo encuentro la mar de guapo




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