martes, 18 de febrero de 2014

el efecto Charlotte

Al igual que las doctrinas, leyes o bosones reciben el nombre de pioneros y creadores, he decidido bautizar un nuevo fenómeno en mi vida como el Efecto Charlotte. En honor a Charlotte Gainsbourg, que fue la primera en provocarme un sentimiento —o revocarlo— muy determinado con respecto a su capacidad para actuar.

A mí nunca me había gustado Charlotte Gainsbourg. Me parecía la típica actriz francesa con aire trascendental que se había hecho un hueco por ser hija de. Hasta Melancholia. Hasta que Charlotte se enfundó en la piel de Claire, esa madre desesperada que quiere salvar a su hijo del fin del mundo. Que quiere escapar del apocalipsis y no se le ocurre otra cosa que correr con el niño en brazos a ninguna parte. Nunca una escena me había producido tal angustia, Claire te contagia su ansiedad sin tú esperarlo. Porque yo de Charlotte no me esperaba nada en absoluto. Ahora, hasta he empezado a escuchar su música. Véase el siguiente vídeo:



Pensé que Charlotte sería un hecho aislado. A veces hay artistas que no te gustan y, de repente, te sorprenden. Un buen guión, un personaje hecho a medida. Las apariencias te engañaron, puede pasar.

Sin embargo, una piensa que se conoce. Y además sigue aseverando que esto no me gusta, aquello me parece una basura. En ocasiones son muy tajante en cuestión de gustos, y (casi) nada está exento de mutar.

Hace poco el efecto se repitió con Julia Roberts, quien creo que se merece el Oscar por su interpretación de Barbara en August Osage County, la película basada en la obra de teatro de Tracy Letts. Lo creo sinceramente, me repito. Jamás me hubiera podido imaginar que la Roberts iba a estar a la altura de Meryl Streep, de aguantar el tipo en un duelo madre e hija con una de las grandes. No solamente interpreta a Barbara con solvencia y sale airosa, sino que además, como en la escena final, en ese momento de reflexión y cierta paz, una sale de la sala con la siguiente pregunta que no se atreve a formular en voz alta: pero entonces, ¿Julia Roberts es buena actriz? No la creía capaz de tales esferas de sentimiento, de tal fuerza de carácter y profundidad. He visto muchas de sus películas, y aunque algunas me hayan podido parecer entretenidas, siempre he pensado que sus dotes interpretativas eran más bien justitas. Ahora no sé qué pensar. La veo aquí y me vuelve a encandilar:



El broche final lo pone Matthew McConaughey, que de un tiempo a esta parte ha decidido participar en producciones más que interesantes y se ha convertido en un actor totalmente nuevo. Yo solía decir con cierta sorna que “por fin, se había puesto a actuar”. Ahora me callo, con total veneración. A excepción del clasicazo Tiempo de Matar, que es de aquellas películas que habíamos alquilado en el videoclub cuando todavía vivíamos en los 90, Matthew siempre me había parecido un actor con mal gusto. Un actor de comedias insulsas. De los que pasas por alto. Luego lo vimos en Mud y pensé sorprendentemente que su papel me gustaba. Venga, no está nada mal. Incluso en su escueta aparición en El Lobo de Wall Street su presencia me pareció notable. Pero ha sido con el personaje de Rustin Cohle en la serie True Detective con el que ha logrado que se me cayera la mandíbula al suelo. Ahí sigue, sigo intentado procesar los tres capítulos vistos hasta ahora de esta joya de serie que os recomiendo, por favor. Vedla y alucinad. En compañía de también un soberbio Woody Harrelson, Matthew lo borda como detective nihilista y abocado al abismo. Su personaje es oscuro y fatalista, una bala perdida de parte de los buenos, como él dice, lo que en filosofía se llama un pesimista. Uno de esos hombres malos que sirve para detener a otros peores. Un antihéroe de los que acabas adorando. Un personaje que echas de menos desde el primer capítulo porque sabes que la temporada, y su historia, sólo durará 8 capítulos.

No tengo claro si el Efecto Charlotte es pasajero o irreversible. Si se repetirá o no en otras ocasiones. Si es como un cometa que pasa cada cientos de años. O si es consecuencia de una mutación interna. Es un tanto inquietante, porque ahora me parece que mis juicios sobre el cine son totalmente falibles. ¿Es que no me conozco a mí misma? ¿Ya no sé lo que me gusta y lo que no? Al principio no le quise dar importancia, pero todo lo aprendemos por repetición, supongo.


Despejaré todas las dudas escuchando música experimental derivada del country folk. Y viendo los capítulos restantes de True Detective. Qué ganas. 


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