sábado, 1 de febrero de 2014

cuando daphne me reconcilió con mary yellan

Debo confesar que alrededor de las veinte o treinta páginas de Jamaica Inn, ya no soportaba a Mary Yellan, la protagonista.

Sin embargo, Daphne du Maurier es una de mis autoras fetiche. Algunos podrán considerarla, erróneamente, como una autora para mujeres, ofensiva expresión que ni siquiera los que usan serían capaz de definir. Perdonadme el inciso aquí: ¿se refieren a la novela romántica en general; a que la pluma de mujer puede ser cursi y doméstica y por eso no les interesa? Una vez, uno de mis profesores de inglés en la Universidad afirmó que Jane Austen, simplemente, le parecía literatura para mujeres. Nadie reacciónó –y ahora lo lamento- y le pidió que se explicara, lo que hubiera convertido su afirmación en ridícula. A mí me parece el recurso fácil cuando alguien no sabe definir por qué no les gusta una autora, quizá. Y están en su derecho de que no les guste, claro. Pero les recuerdo que uno de los padres de la novela sentimental era un hombre, y su protagonista masculino. Si no leen sobre sentimientos, me temo que poco van a descubrir sobre los propios. Y aquí termina la digresión, disculpad.

Daphne du Maurier también fue denostada en su época, por no escribir eso que llaman “alta literatura.” Porque lo suyo eran las novelas de suspense, y sobre todo, en esto es en lo que destaca: el suspense, la intriga, las dobleces y en dar el golpe de gracia cuando menos te lo esperas.

Jamaica Inn es un cuento gótico ambientado en el Cornualles de principios del siglo XIX. Mary Yellan se queda huérfana y decide mudarse a Jamaica Inn donde vivirá con su tía materna y el marido de ésta, Joss Merlyn. Nada más llegar descubre que vive bajo el mismo techo que un criminal, un traficante, un contrabandista; con toda probabilidad, un asesino y un tirano emocional. Mary se encuentra sola y desamparada en medio del páramo; se enfrenta a un conflicto moral que la llevará al límite: delatar a su tío o no; marcharse, o quedarse por no dejar a su tía a solas con un demonio.

Aquí es cuando empecé a juzgar a Mary Yellan, que no es mi personaje favorito de la historia. Daphne tiene un talento especial para que te enamores de los personajes detestables. Sobre todo, si son inteligentes, y la protagonista no entra en esta categoría. Mary es una joven muchacha ingenua y pura, como corresponde a su edad y su época. Ha trabajado toda su vida en una granja con su madre, viuda desde que Mary era pequeña, y está acostumbrada a valerse por sí misma. No le da miedo trabajar, ni estar sola, y en principio, se entiende que no necesita que nadie la mantenga. Mary tiene todos los ingredientes necesarios para ser una mujer independiente, y aun así, cae en las redes del dominio de su tío, que la trata como un objeto de su propiedad. Y aunque tiene un genio bastante obvio en sus diálogos, siempre hay un personaje que la obliga a contenerse y recular. Por ejemplo, el hermano de su tío, de quien acaba enamorándose.

Mary se pasa toda la novela declamando que a la mínima oportunidad traicionará y denunciara los crímenes de su tío. Pero al final parece que la casualidad, los elementos circunstanciales, y otros personajes son los que la empujan a actuar.

De acuerdo, Mary Yellan es un personaje hecho a la medida de una época y sociedad concretas. Pero en el que se entrevé un carácter totalmente desaprovechado. Tampoco puede decirse que sea un personaje totalmente débil y apocado, como lo es su tía Patience. Pero parece quedarse a medio camino de todo.

Du Maurier tiene personajes femeninos muy fuertes, bastante transgresores para la época en la que se desarrolla la historia, y que precisamente, son los que siempre acaban de manera bastante trágica. Véase Rebecca, o el ama de llaves de la misma novela. El carácter de Mary Yellan es un poco cansino en ese sentido: uno no sabe si  va a confiar en sí misma y demostrar su potencial, o bien, en el último momento, como le pasa constantemente, va a guardar las formas y echarse para atrás. 

Sin embargo, a Daphne se lo perdono. Por ese pastor casi vampírico, ese clérigo retorcido, que convierte el final de Jamaica Inn en todo un tour de force que te arrastra a través del páramo y la niebla, y te mantiene en vilo prácticamente hasta el final.

Mi adorada Daphne

A las historias de suspense siempre le sentaron mejor los villanos.

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